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CARTA DEL DEL SANTO PADRE PABLO VI,
FIRMADA POR EL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO,
A LA XIV SEMANA NACIONAL DE ACTUALIZACIÓN PASTORAL

 

Excelencia reverendísima*:

Con profunda satisfacción ha sabido últimamente el Sumo Pontífice, por medio de una atenta carta de monseñor Gracioso Ceriani, presidente del centro de orientación pastoral que se celebrará en Milán, Dios mediante, desde el 31 de agosto al 4 de septiembre, y bajo la presidencia de vuestra excelencia reverendísima la XIV Semana Nacional de adaptación pastoral, con el tema: “La comunidad cristiana y la pastoral del mundo del trabajo”.

Su Santidad, que ha seguido siempre con vivo interés las actividades del centro, se complace cordialmente por esta iniciativa, que llevará a la querida Milán, centro neurálgico reconocido y autorizado de vida industrial, a sacerdotes preocupados por la grave responsabilidad de su ministerio, para escuchar a los doctos profesores del curso sus comunicaciones y experiencias siempre creadoras de un celo pastoral más generoso en la cura espiritual de los trabajadores, y para su consciente y vital inserción en la comunidad cristiana.

De hecho el tema escogido es un nuevo testimonio de la diligente solicitud que el centro de orientación, fiel a su finalidad dedica a las múltiples exigencias de la pastoral moderna, siguiendo los deseos de la Iglesia, que continúa en el mundo su obra de salvación con la mirada vigilante y alerta a “los signos de los tiempos”. Esta diligencia, inspirada en las maternales preocupaciones de la Iglesia, permite felizmente aislar y profundizar según las palabras de Su Santidad en la alocución del 6 de septiembre de 1963, dirigida a los participantes en la XIII Semana de adaptación pastoral, “La relación entre los valores eternos de la verdad cristiana y su inserción en la realidad dinámica, hoy extraordinariamente mudable, de la vida humana, como la historia actual, inquieta, agitada y fecunda viene continua y variadamente moldeándola”.

Puesto que el tema a tratar en la próxima Semana, considera, en sus mutuas relaciones, al mundo del trabajo y a la comunidad cristiana —dos realidades que parecen ofrecer no sólo diferencias, sino conflictos entre sí— será oportuno presentarlas de la forma más completa y profunda, para demostrar que no son tan autónomas ni diferentes, como para no tener una zona de contacto, o mejor de coincidencia, en el respeto de sus competencias y libertades, de acuerdo con las luminosas indicaciones de la doctrina social de la Iglesia que “es parte integrante de la concepción cristiana de la vida” (Mater et magistra).

De esta forma la Semana podrá cumplir plenamente sus fines pastorales y Su Santidad desea de corazón que demuestre que es siempre útil, necesaria, fecunda y benéfica al mundo del trabajo la contribución del pensamiento social de la Iglesia, presentando a la luz de la reflexión teológica como en las líneas esenciales y populares de la catequesis pastoral; también confía que las próximas jornadas hagan sentir la necesidad pastoral y misionera de la presencia y acción del clero y del laicado en este extenso, delicado e inaplazable problema.

A este respecto el Vicario de Cristo expresa su satisfacción por que durante la citada Semana se tratará la necesidad de preparación social del clero y del laicado, y la asistencia de los sacerdotes, “apóstoles de los tiempos nuevos, comprometidos en un ferviente esfuerzo misionero por santificar una vez más el trabajo humano” (Discurso a los sacerdotes del O. N. A. R. M. O., 26 de junio de 1964), y, finalmente, el testimonio generoso y decidido del laicado católico; de forma que la doctrina social de la Iglesia no solamente se difunda a través de todos los medios de expresión moderna, sino que también se traduzca eficazmente con términos concretos a la realidad.

El Padre Santo quiere dirigir unas palabras de especial aplauso y aliento a la declarada exigencia de una coordinación programática de las diversas iniciativas y obras pastorales en beneficio del mundo del trabajo, en el plano nacional y en el diocesano, considerando la necesidad de eficaces instrumentos para esta acción pastoral. Este punto verdaderamente central por su urgencia en el momento actual, corresponde a un profundo deseo y a precisas intenciones del corazón paternal del Papa. Y es digno de atención que la Semana de estudio vea por primera vez reunidos en un provechoso diálogo fraternal, a los sacerdotes comprometidos en los diversos sectores del mundo del trabajo, tanto entre empresarios, como técnicos, artesanos u obreros.

Este encuentro, fecundo en útiles intercambios de ideas, permitirá considerar y coordinar con la deseada unidad las diversas experiencias y las laudables tentativas de una acción pastoral puesta al día entre el mundo del trabajo; con el fin de hacer cada vez más fecundo y eficaz sus resultados y sus frutos.

El clima de espera de la tercera sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II ofrece a Su Santidad la ocasión para una última reflexión sobre esta unitaria y orgánica “pastoral de conjunto”, es decir, que no puede existir ni actuar de no ser al nivel del episcopado.

De hecho como observaba Pío XII, de venerada memoria, «no puede haber pastoral “sui juris”, prescindiendo de los pastores ordinarios e inmediatos de la grey» (A los obispos, 31 de mayo de 1954).

Esta acción episcopal dimana de la visión dogmática del Obispo constituido por el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios (cf. Hch 20, 28), es, pues, una necesidad permanente, una exigencia de todos los tiempos. Y puesto que es evidente la necesidad de fermentos vivos —acciones urgentes y organismos diocesanos— que están a punto de madurar, será, por tanto, necesario que los participantes en la Semana reflexionen seria y comprometidamente sobre esta exigencia, teniendo presente que, con esta visión y acción unitarias, la nota dominante es y debe ser la misión del obispo, en el que se coordina, integra y potencia toda acción pastoral, tanto la insustituible de la parroquia como la que se desarrolla en la familia, en las empresas, en los lugares de diversión. Por otra parte es verdad también que la obra del obispo lleva consigo una exigencia dinámica de apertura, de integración, a lo que le lleva su actuación al Concilio Ecuménico que ha orientado sus reflexiones sobre la función y estructura de las conferencias episcopales y sobre la misión y solicitud pastoral de los obispos en la Iglesia universal.

Como el Santo Padre recordó al episcopado italiano “nuevas insospechadas necesidades aparecen en todos los sectores de la vida, y reclaman recursos urgentes, ingeniosos y eficaces. La administración ordinaria del gobierno pastoral no es ya eficiente para cumplir la medida de nuestros deberes y de las exigencias de los demás” (14 de abril de 1964).

El Sumo Pontífice formula votos cordiales por el feliz éxito de los trabajos de la Semana, en la que desea ver una fiel respuesta a su confiado llamamiento, y pide al Señor la plenitud de su luz celestial para cada uno de los profesores y participantes, con el fin de que su contribución de estudio y experiencia, unidas a los estimulantes propósitos de su celo sacerdotal, puede hacer cada vez más estrechos y eficaces los vínculos de la comunidad cristiana con el mundo del trabajo, para un florecimiento pleno de alegres promesas, con el que ambos puedan conseguir un mutuo y exultante progreso.

En prenda de los divinos favores, y como confirmación de su especial benevolencia, el vicario de Cristo imparte a vuestra excelencia, a los profesores y a todos los sacerdotes, que intervengan en la XIV Semana Nacional de adaptación pastoral, su propiciadora y apostólica bendición.

Al mismo tiempo que le expreso mis personales augurios, aprovecho gustoso la oportunidad para expresarle mis sentimientos de devoción y afecto en el Señor.

Vaticano, 14 de julio de 1964.

A. G. Cardenal Cicognani.

 
* El arzobispo de Milán, Juan Colombo.


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