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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A UN GRUPO DE ESTUDIANTES GRIEGOS DE LA ESCUELA DE VELLAS

Domingo 7 de julio de 1963

 

Queridos profesores y alumnos de la escuela de Vellas:

Con emoción recibimos hoy por primera vez a peregrinos llegados de Grecia a Roma para venerar la tumba de los Apóstoles.

¡Grecia! Este prestigioso nombre, lo imagináis, basta para hacer surgir en nuestra mente recuerdos sin número. ¿No somos todos nosotros, en cierto sentido, discípulos de Grecia? ¿No hemos sido todos marcados por su historia, por su lengua, por su patrimonio de ideas y de arte, por su posición en la tradición de la cristiandad? Sus santos, su literatura patrística, su liturgia, son venerados por todo el mundo cristiano, y siempre, no dudamos en decirlo, por todo el mundo católico.

Tenemos aún otro motivo para gozarnos por vuestra visita a Roma: sois huéspedes de la Asociación Unitas y, por tanto, movidos —deseamos creerlo— por el espíritu ecuménico que alienta hoy por el mundo.

Una visita de este género, de la que damos gracias a Dios, ¿no entra dentro de la categoría de acontecimientos de que nuestro predecesor Juan XXIII, que tanto amaba a Grecia, gustaba llamar, con una feliz expresión, “signos de los tiempos”?

Estáis aquí —y gustamos recibiros como tales— en calidad de exploradores, y de exploradores sinceros. Nos congratulamos de que podáis de esta forma observar en su centro el panorama de la Iglesia católica, ver de cerca el rostro de esta Roma cristiana, antigua y moderna, que sin duda conocíais bien por los libros, pero acaso hasta hoy, para la mayor parte de vosotros, no por una experiencia directa.

Vuestra atención, como la de tantos peregrinos, habrá sido atraída, ante todo, quizá, por muchos objetos exteriores, que el arte y la vida os presentan en la Roma de hoy. Pero tenemos confianza de que vuestra mirada habrá sido suficientemente inteligente y penetrante para llegar hasta el corazón de Roma, a la verdad religiosa profunda que la define y que es la fuente de su verdadera vida espiritual e histórica. Y al penetrar en este corazón habréis descubierto, estamos seguros, grandes y maravillosas armonías con vuestro propio corazón; queremos decir con vuestra fe en Cristo.

Queridos estudiantes, ilustres profesores: Que este contacto haya sido a todos bienhechor y saludable; no tenemos otro deseo. Y permitidnos formular ante vosotros el deseo que muchos de vuestros compatriotas sigan un día vuestros pasos y vengan, siguiendo vuestro ejemplo, a hacer ellos también esta peregrinación a Roma.

Entre tanto, de todo corazón os damos gracias por vuestra visita e invocamos sobre vuestras personas. vuestros estudios, vuestro futuro y sobre vuestra querida y noble patria, la abundancia de las divinas bendiciones.

 



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