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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS PRESIDENTES DIOCESANOS DE LA ACCIÓN CATÓLICA ITALIANA

Martes 30 de julio de 1963

 

Saludamos a los presidentes diocesanos de la Acción Católica Italiana reunidos en Congreso Nacional y presurosos por traernos con este acto de presencia el múltiple testimonio de su número, eficiencia, concordia, devoción a la Iglesia y al Papa y, finalmente, de su actividad planificada.

Cada uno de esos aspectos de la presente audiencia podría ser comentado por Nos, lo cual sería, ciertamente, positivo, elogioso y exhortativo. Vosotros sabéis cuánto apreciamos a la Acción Católica ya en las profundas razones que la justifican y también la exigen en el momento histórico, que actualmente atraviesa la Iglesia, ya en sus formas organizadas derivadas de las exigencias del ministerio pastoral jerárquico y plasmadas en estructuras bastantes sencillas y elementales, pero susceptibles de múltiples desarrollos cualitativos y operativos, ya en sus diversas actividades que tienden a dar a la vida católica una plenitud de contenido religioso y moral y una explicación verdaderamente inteligente y beneficiosa; ya, por último, y principalmente, en el espíritu, que la nutre, de fidelidad a Cristo y a su Iglesia y de amoroso y valiente apostolado en la sociedad moderna. Por esto podéis vislumbrar cuánta satisfacción y consuelo nos produce vuestra visita y cuánto nos alegramos de aprovechar esta ocasión propicia para animaros a perseverar en vuestro trabajo y a que procuréis darle todo incremento prudente y posible.

Así todo estaría dicho. Con todo, si tenemos que añadir unas palabras de comentario al programa del Congreso, que ahora os reúne en Roma, observaremos con satisfacción que “la Acción Católica Italiana en armonía filial con el momento actual de la Iglesia comprometida en el Concilio Ecuménico... se ocupa en descubrir de nuevo y en ahondar en los supremos motivos, en las razones esenciales de su vocación especifica en la Iglesia y, por consiguiente, de su plena validez y vitalidad fecunda”. Así reza la nota que acompaña al esquema del Congreso y explica la elección del tema para vuestra próxima campaña anual, que se refiere precisamente a la vida sobrenatural.

Sin duda, ninguno de vosotros preparados como estáis para comprender que la Acción Católica se deriva doctrinal y vitalmente del tesoro religioso de la Iglesia, habrá puesto objeciones en la elección de tal tema como si fuese demasiado especulativo y ajeno a los comunes intereses espirituales y tal que debería reservarse a los cultivadores de los estudios teológicos más que a seglares comprometidos en la actividad del mundo exterior.

En efecto, el tema referente a la vida sobrenatural del cristiano no es doctrina que deba ignorarse o considerarse como secundaria en el plano religioso, sobre el cual todos, normalmente, debemos estar instruidos y practicarlo; es fundamental, como todos saben, y constituye el núcleo profundo, original y esencial de las relaciones que Cristo ha restablecido con la Humanidad que quiere seguirle y está unida a Él no sólo por el camino de la simple fidelidad, sino también, por medio de comunión vital. Por lo demás, la Acción Católica Italiana no es la primera vez que estudia este tema, que fue objeto de especial atención y divulgación desde los primeros años de su actual organización y la vuelta, que ahora se está dando, parece oportuna por diferentes razones. Como se ha dicho, el Concilio exige un conocimiento más detenido de la vida no sólo exterior, sino también interior de la Iglesia; además, los que se dedican a la actividad práctica del testimonio católico, sobre toda otra actividad y deber tienen que fomentar en sí mismos el conocimiento, la realidad y, en cierto sentido, la conciencia del contacto vivo y personal con Cristo mediante la gracia, esto es, mediante una relación religiosa sobrenatural, de suerte que experimenten en sí mismos y demuestren a los demás que su fe no es una manifestación convencional de determinadas formas de pensamiento, costumbres o ritos, sino un principio vital que da absoluta sinceridad a su profesión religiosa, una convicción personal, un manantial interior de bondad, de fortaleza y de alegría, una exuberancia interior que se desborda en esa caridad exterior que denominamos apostolado.

Y que hoy es necesario también para los católicos reconocer de nuevo esta entidad religiosa sobrenatural en la que el misterio de la gracia y, por tanto, la práctica humilde y piadosa de la oración, de la liturgia y de la vida sacramental tiene preeminencia, lo sugiere igualmente el hecho de que alguna vez aparecen en nuestro campo ciertas tendencias, unas con dirección moralista, otras cultural, que quieren todavía llamarse cristianas y quieren, más bien, aparecer más auténticamente cristianas adoptando actitudes críticas e intolerantes con relación a tantas formas comunes de la vida católica, acusándolas de convencionalismo, de exterioridad y de mediocridad, pero que luego, al contacto con la Iglesia y con las fuentes vivas de Palabra y Presencia de Cristo, que sólo de Él brotan, no dan la importancia primordial y decisiva que tal contacto merece.

Así que debemos alegrarnos del compromiso que este año la Acción Católica Italiana, y vosotros sus promotores, contraéis en estudiar la doctrina e incrementar la práctica de la vida sobrenatural y en la manifestación de esta complacencia nuestra nos sostiene una doble certeza: primera, que semejante compromiso no os distraerá de los otros compromisos a los que os obliga el activo programa de la misma Acción Católica. Este interés por un tema religioso tan alto y delicado no quiere disminuir el justo interés que prodigáis a las múltiples formas de vuestra actividad; no es una evasión de los urgentes problemas prácticos de que debe ocuparse la Acción Católica, sino que, como decíamos, tal interés superior quiere buscar las razones y energías profundas por las que estos problemas hallan consideración y —¡Dios lo quiera!— solución.

La segunda certeza es que todos vosotros, alumnos de esta gran palestra de virtuosa actividad, que es la Acción Católica, y, asimismo, maestros del sentido y costumbre cristianos, recordaréis siempre que la vida sobrenatural, aunque corrige, informa y santifica la natural, no la olvida ni la destruye, sino que la perfecciona y desarrolla, sacando del fondo de la vida humana potencialidades inertes y ocultas y dando a los sanos principios que la sustentan un nuevo vigor, un nuevo esplendor. Queremos decir que el cultivo de las virtudes naturales, como son principalmente las que se llaman cardinales, no se descuidará mientras prodigáis todo vuestro interés a las virtudes y doctrina de la vida sobrenatural. Más todavía, queremos deseas que también en este aspecto la Acción Católica seguirá ni haciendo honor a sus tradiciones formando a sus socios en aquella sabiduría, en aquel sentido de la justicia, en aquella austeridad, en aquel vigor moral, en aquella lealtad de palabra y comportamiento, en aquella fraternidad y generosidad de relaciones, en aquella pureza de costumbres, en aquella alegría sencilla y espontánea, en aquella capacidad de amistad que han caracterizado siempre su formación e hicieron ejemplares tantas figuras magníficas del laicado católico.

Agradecidos a vosotros que nos sugerís estos pensamientos y votos, a todos os bendecimos de corazón.

 


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