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 DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
AL SR. GIOVANNI LEONE,
PRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS DE ITALIA*

Jueves 12 de septiembre de 1963

 

Señor Presidente:

Nos agradecemos mucho Su visita, que Nos ofrece una prueba más de la consideración que las Autoridades del Gobierno italiano demuestran por la Sede Apostólica, así como también una confirmación más de la lealtad con que el actual Consejo de Ministros, que Ud. tan dignamente preside, quiere mantener, al igual que los que lo han precedido en los últimos años, las óptimas relaciones existentes entre la Iglesia y el Estado. Nos felicitamos mucho por ello con Ud., Señor Presidente, y con los miembros de Su gobierno.

Además, esta visita, tan cortés y tan grata, Nos permite comprobar una vez más la realidad de sus sentimientos personales – que Nos conocemos desde antes – que Ud. profesa como católico y como italiano hacia el Sumo Pontífice y con respecto al que ahora ocupa indignamente su máximo Ministerio. Nos sabemos muy bien cuál es la sinceridad con que su alma los abriga y qué nobleza confieren a todos los aspectos públicos y privados de su actividad; a este respecto, debemos agradecerle muy profundamente la visita que Nos tenemos el gusto de recibir en este momento, precisamente por la significación que adquiere.

Por eso, puede Ud. comprender, Señor Presidente, cuáles y cuántos son los votos que Nos formulamos desde lo más hondo del corazón, por su persona, en primer lugar, que Nos alegramos verla rodeado por la estima y la confianza, por la honradez, la experiencia y la dedicación con que Ud. sirve al bien general, y, luego, por su misión que en este momento, Nos lo sabemos, es sumamente útil y delicada. Nos formulamos de buen grado votos para que Su acción pueda resultar eficazmente beneficiosa para la Nación y consolide sus instituciones. Mejor dicho, Nos no dudamos que estos felices resultados se logren, si las energías morales, que siempre han caracterizado amplia y fecundamente la conciencia del pueblo italiano y de las que el verdadero progreso no puede, sin perjuicio, prescindir, son resueltamente apoyadas, lo cual, Nos estamos seguros, forma parte de los propósitos de su gobierno.

Quiera Dios, así como Nos se lo pedimos, Señor Presidente, amparar sus generosos desvelos y los de todos sus colegas y colaboradores, mientras Nos, por Nuestra parte, los estimulamos con Nuestra paternal Bendición.

 


*ORe (Buenos Aires), año XIII, n°580, p.3.

 



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