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ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL CUERPO DE LA GUARDIA NOBLE PONTIFICIA


Sala el Trono
Lunes 30 de diciembre de 1963

 

Señor comandante:

Nos sentimos muy agradecidos a usted, y a todo el Cuerpo de la Guardia Noble Pontificia, que nos place admirar aquí en completa y magnífica formación, en cortés y galante presencia. Le estamos muy agradecidos por las profundas y gentiles palabras con que usted, señor comandante, nos expresa, al término del año civil y a la vista del nuevo año, sus augurios personales a la vez que los de todo el Cuerpo sujeto a su mandato.

Conocemos muy bien cuál es el selecto grupo de personas que nos presenta sus augurios corteses y significativos; el eco de una historia, la voz de una tradición llegan ahora hasta Nos no como recuerdo, sino como confirmación de una adhesión a la Iglesia católica y una fidelidad al Romano Pontífice, que muy bien indican que en las ilustres familias, donde está reclutado este Cuerpo, se conserva y se nutre el patrimonio moral y espiritual, que constituye su más brillante esplendor. Es un hecho que gana nuestra simpatía y nuestra admiración, ya que cultivamos los valores que resisten a la usura del tiempo y que tienen en nuestra religión la línea secreta de su vitalidad.

Sabemos también que son sinceras las expresiones de devoción y de afecto que presenta tan escogido grupo de hombres nobles, cultos, valerosos a nuestro servicio, y que este servicio quiere ser el primero no sólo en su dignidad, sino también en la dedicación de todos los que nos prestan los diversos Cuerpos armados pontificios, y que la custodia nuestra es para él siempre su gloria y su honor. También nos place recoger lo más laudable y generoso, en este aspecto propiamente militar, la ofrenda que cada uno hace de su propia defensa, de su propio riesgo, de su sacrificio, en pro del honor e incolumidad del Papa, como conviene a soldados, y precisamente a soldados como vosotros.

Os estamos muy agradecidos. Y al deciros esto veréis en nuestro espíritu no el replanteamiento de condiciones políticas superadas que justificaban y exigían quizá vuestra movilización, sino más bien una cierta preocupación por estudiar cómo el Papa puede todavía valerse de vosotros, ahora que vuestra milicia está falta, felizmente, de ocasiones para ejercitarse en su arte propio. Pero vosotros nos quitáis esta duda haciendo de vuestro carácter militar una profesión simbólica de otra milicia, real, y mucho más exigida por las necesidades de nuestro tiempo, la milicia católica, que tanta necesidad tiene de ser profesada con nobleza de ánimo, con prestigio social, con fiel coherencia, con obediencia generosa, con magnífico coraje.

Por esta milicia católica, de la que hacéis homenaje a la Iglesia católica y al Papa, inscribiéndoos en el Cuerpo de la Guardia Noble Pontificia, os estamos agradecidos más que por otra cosa. Vuestra profesión declarada y vigorosa de catolicismo militante, llena de sentido y laboriosidad, hace que nos seáis muy caros e infunde en nuestro espíritu los mejores votos, con que devolvemos los vuestros filiales, a vosotros, a todo el Cuerpo, a vuestras casas y a vuestras respectivas profesiones. Y este nuestro primer encuentro oficial, y bien podemos decir que espiritual, con este Cuerpo, reavivarán en nuestra próxima peregrinación a Palestina vuestro recuerdo, que quiere decir una oración al Señor en favor nuestro, invocando para vosotros la más rica y selecta abundancia de gracias,

Sea ya desde ahora prueba y prenda de ello nuestra bendición apostólica.

 



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