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RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL VII CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL DE ESPAÑA

Domingo 23 de junio de 1968

 

¡Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar!
Amadísimos Españoles:

La ciudad de Sevilla que cuenta, entre sus glorias seculares, una devoción ardiente a la que es «Madre de Dios Hijo y, por eso, Hija predilecta del Padre y Sagrario del Espíritu Santo» (Conc. Vat. II, Const. Dogm. «Lumen Gentium» , n. 53) se ha convertido en el Altar Mayor de España, donde convergen tantas almas adorando el fruto de las entrañas de la Santísima Virgen María. A ese Altar nos acercamos, para postrarnos en un acto de fe y de amor ante la Eucaristía que contiene, real y substancialmente presente a Cristo mismo, que perpetúa en el asombro de los siglos la Ultima Cena y el Sacrificio de la Cruz.

Durante estas jornadas de estudio y de meditación ha predominado un tema: la Eucaristía y la Comunidad.

Fue voluntad divina salvar a los hombres no aisladamente, sino constituyendo un pueblo (Conc. Vat. II, Const. Dogm. «Lumen Gentium», n. 9) una Iglesia a fin de que ésta fuera para todos instrumento de unión íntima con Dios, señal visible de unidad que encuentra su base y su culmen, forjando el auténtico espíritu comunitario, en la Eucaristía.

En efecto, la gracia que nos ofrece la Eucaristía no es sólo en orden a la comunión con Cristo, sino a la comunión con los hermanos en la fe y en la caridad.

Ninguna sociedad tiene un principio vital, tan eficaz y profundo, como la inserción misteriosa de Cristo en el alma de cada creyente; ninguna comunidad cristiana se edifica ni se conserva si no tiene su raíz en la celebración de la fracción del Pan (Conc. Vat. II, Decr. «Presbyterorum Ordinis» , n. 6), ¡Cuántas veces las grandes crisis de fe y de caridad y las crisis de vida eucarística, tienen una mutual interdependencia causal!

Vivir responsablemente en la Iglesia significa vivir de Eucaristía, lo mismo que vivir auténticamente de Eucaristía significa ser y «hacer Iglesia», respetando sus características.

La unidad de la Iglesia no es sólo una prerrogativa; es un deber y un empeño. No basta llamarse católicos; es necesario estar efectivamente unidos (Discurso Audiencia General 31 de marzo de 1965). Ahora bien, la vivencia coherente del Cuerpo Místico y del Misterio Eucarístico, excluye los individualismos estériles y perniciosos, las pasividades cómodas, los aislamientos de indiferencia y estimula a proyectar la vocación cristiana mediante la acción apostólica.

Por otra parte, «la comunión de fe, caridad, vida sobrenatural, derivada del Sacramento, que la significa y produce, puede tener un enorme y sobremanera beneficioso influjo en la sociabilidad temporal de los hombres» (Alocución en la Fiesta del Corpus, 17 de Junio de 1965). Porque el dinamismo que emana de la Eucaristía y el compromiso que ella impone, corrobora la misma colaboración humana; forma en la rectitud moral, en la conciencia social, incluso a costa de sacrificios con miras al bien común (S. S. Juan XXIII. Cfr. Radiomensaje al XVI Cong. Euc. Nacional Italiano, en Catania, 13 de septiembre de 1959); abre un ansia más grande de fraternidad; dilata el corazón ecuménicamente sin que por ello se confunda la debilidad con la bondad ni la indiferencia con la verdad.

¡Unidad y comunidad! es decir, fe y amor, eclesial y eucarísticamente apostólicos, es la gracia que pedimos como fruto de este Congreso. Que nunca disminuya en España el fervor eucarístico que forma y mantiene los hogares en el amor a Dios, base de la auténtica felicidad familiar; que germina en vocaciones a él consagradas y las alienta a la entrega generosa.

Mientras dejamos estos deseos como plegaria al Señor, invocamos sobre Ti, dignísimo Cardenal Legado, sobre Nuestro querido Hijo el Cardenal Arzobispo de Sevilla, Nuestros Venerables Hermanos en el Episcopado y cuantos participan en esta solemnidad, a la que ha querido estar presente el Excelentísimo Jefe del Estado con las Altas Autoridades, la continua abundancia de los dones divinos, en prenda de los cuales otorgamos una especial Bendición Apostólica que de corazón extendemos a toda la dilectísima España.

 



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