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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
A LOS PARTICIPANTES EN LA CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE LA ERGONOMÍA
Y LOS FACTORES AMBIENTALES*

Sábado 21 de septiembre de 1968

 

Señor Presidente,
Señores
:

Es un placer para Nos presentar Nuestros saludos a vosotros, que acabáis de participar en la «Conferencia Internacional sobre la Ergonomía y los Factores Ambientales», efectuada gracias a la iniciativa del «Bureau International du Travail» y de la Organización Nacional Italiana para la Prevención de los Accidentes.

Nos sentimos conmovidos por la delicada atención que tuvisteis al proporcionarnos el placer de este encuentro, porque, como sabéis, la Iglesia tiene gran interés por los problemas, a los que dedicáis vuestra capacidad de especialistas y vuestro esfuerzo humano.

Por eso Nos apreciamos de todo corazón vuestras investigaciones al servicio del hombre, las alentamos y las bendecimos. Superando las etapas empíricas o puramente técnicas y coordinando experiencias científicas que dependían hasta ahora de sectores diferentes, vosotros buscáis leyes y normas universales acerca de las condiciones humanas del trabajo. ¿No se trata, pues, de un nuevo progreso científico, que honra la inteligencia del hombre, llamado por Dios a dominar la creación?

La Iglesia, pues, no vacila en rendiros homenaje por esto, así como a todos los artesanos de las conquistas del espíritu y a todos los que se dedican infatigablemente a hacer más humanos la vida y el trabajo del hombre. En efecto, al adaptar el trabajo a las capacidades reales físicas y psicológicas del trabajador, vosotros pensáis en el hombre, en su salud, su equilibrio y su desarrollo. A este respecto, todo lo que condiciona su labor en la fábrica se convierte en objeto de vuestras reflexiones: vibraciones, ruidos, olores, atmósfera, luz, a lo que pueden agregarse la edad, el medio ambiente social obrero, la duración y el horario de las actividades, las estructuras arquitectónicas, el alojamiento, la asistencia sanitaria, el seguro social, los peligros del alcohol y de ciertos pasatiempos, etc. Habéis contribuido ya a disminuir las enfermedades y los accidentes del trabajo. Al hacer esto, tenéis conciencia cabal de que al mismo tiempo que favorecéis la felicidad del obrero, facilitáis el rendimiento de su trabajo, factor necesario de una economía en expansión.

Nos complacemos de esto, pues el impulso económico tiene que estar siempre al servicio del hombre y, tanto en el curso de su trabajo como en el tiempo libre que el mismo deja, debe permitirle llevar una vida en la que pueda satisfacer las exigencias intelectuales, afectivas, familiares y espirituales de su alta vocación. Sean cuales sean los imperativos de la gran industrialización, y como Nuestros predecesores lo afirmaron con fuerza, no puede permitirse nunca que la materia salga ennoblecida del taller mientras que el hombre se degrada en el mismo. Por esa la Iglesia alienta ardientemente a los investigadores y a los técnicos de todo orden y a los representantes de los gobiernos y de las organizaciones internacionales responsables del bien común, para que en diálogo con los trabajadores y sus representantes sindicales, trabajen en favor de un progreso por el que la humanidad os estará muy agradecida, y que el Señor bendecirá.

En cuanto a Nos, que recientemente proclamamos una vez más la eminente dignidad de los trabajadores en ocasión de Nuestro viaje a Colombia, formulamos Nuestros mejores votos por el pleno éxito de vuestra labor, e Nos imploramos de todo corazón sobre la misma, así como sobre vuestras personas, vuestras familias y vuestros países, las más abundantes gracias de Dios Todopoderoso.


*ORe (Buenos Aires), año XVIII, n°820 p.3.

 



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