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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL SR. IBRAHIM ABDUL RAHMAN AL-DAWOOD,
EMBAJADOR DE IRAK ANTE LA SANTA*

Jueves 10 de julio de 1969

 

Señor Embajador:

Nos agrada poder saludar hoy a Su Excelencia. Nos sentimos honrados al recibir y aceptar las Cartas Credenciales por las que el Presidente de la República del Irak, Su Excelencia Ahmed Hassan Al-Bakr, le nombra Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante la Santa Sede.

Al manifestarle nuestra profunda gratitud por las corteses y amistosas palabras que Su Excelencia nos acaba de dirigir, queremos asegurarle nuestro más sincero deseo en orden a una estrecha y amistosa colaboración.

Apreciamos mucho sus palabras sobre la importancia de la naturaleza espiritual del hombre. Los sentimientos que Su Excelencia ha manifestado son un valioso estímulo para todos los que se esfuerzan por inculcar los más altos ideales de la naturaleza humana. Nos agrada también lo que Su Excelencia ha dicho sobre nuestros esfuerzos en favor de la paz; una obra que forma parte de nuestra misión espiritual y que estamos promoviendo incesantemente para el bien de la humanidad.

Tendemos una mano de amistad a vuestro amado país. La Iglesia sólo desea trabajar libre y pacíficamente para enseñar los valores del espíritu y para colaborar, con obras de educación y caridad, a la prosperidad del amado pueblo del Irak. Con este espíritu de servicio, espera que será posible superar todas las dificultades que puedan existir, especialmente en el campo de la educación.

Pedimos encarecidamente a Su Excelencia que tenga a bien transmitir a su Presidente nuestros sinceros sentimientos de respeto y estima, e imploramos al mismo tiempo para el pueblo iraquí la abundancia de las bendiciones divinas.

Hacemos extensivos a Su Excelencia, Señor Embajador, nuestros mejores deseos para que pueda cumplir con éxito su elevada misión y para que las relaciones entre su país y la Santa Sede sean cada vez más felices y amistosas.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.30, p.2.

 



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