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PEREGRINACIÓN A UGANDA

DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
A SU EXCELENCIA MILTON OBOTE,
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE UGANDA*

Kampala, 31 de julio de 1969

 

Nos presentamos nuestro respetuoso saludo a Vuestra Excelencia, jefe de Estado de la Republica de Uganda. Esta nación es particularmente amada por la Iglesia Católica, porque ha dado los primeras mártires canonizados de África y el primer obispo africano de los tiempos modernos; porque una tercera parte de su población se compone de fieles hijas e hijas de la Iglesia, haciendo de este país una de las primeras naciones cristianas del África Central.

Este pueblo estaba ya bien dispuesto, en virtud de su profundo sentimiento religioso, de su espíritu de piedad, de oración, de sabiduría, a recibir el Evangelio cuando por vez primera se le predicó en 1879. Bien se pueden aplicar aquí, y de manera especial, las palabras de nuestro Mensaje a África: « La Iglesia Católica considera con mucho respecto, los valores morales y religiosos de la tradición africana, no sólo por el profundo significado que encierran, sino también porque parecen tan aptos para dar una base excelente a la predicación del Evangelio y a la construcción de una nueva sociedad en Cristo » (Africae Terrarum, n. 14).

Nos garantizamos con confianza a Vuestra Excelencia la constante lealtad de los ciudadanos católicos hacia Uganda. Ellos quieren ser los más fieles, los más trabajadores y activos miembros de la comunidad nacional, de acuerdo con su fe y con sus deberes en orden a la consecución del bienestar de su patria.

«La Iglesia no quiere mezclarse en modo alguno en el gobierno de la ciudad terrena. No reivindica para si otra autoridad que la de servir, con el favor de Dios, a los hombres con amor y fidelidad» (Ad Gentes, n. 12). Difundiendo la luz de la Revelación y el mensaje del Amor, la Iglesia promueve la dignidad del hombre, educa los espíritu y los corazones en las virtudes de una justa y fraternal sociabilidad, para el progreso cultural, moral y social del pueblo, en la paz y la conciencia común del bien de todos.

Una de las características que honran al pueblo de Uganda es su hospitalidad, con la armonía que él sabe recabar del mosaico de sus diferencias. Nos sentimos gozoso de rendir homenaje a Vuestra Excelencia como jefe de Estado, y al gobierno de Uganda, por la protección y asistencia otorgadas a los prófugos. Nos aplaudimos esta actitud que testimonia vuestro respeto par la vida humana y por la dignidad de cada hombre. Nos esperamos que en este admirable ejemplo puedan inspirarse otros países, cercanos o lejanos, especialmente los que ahora se encuentran en guerra. El sentido de hermandad tendría que prevalecer sobre cualquier motivo de división. El corazón abierto y la mano extendida de Uganda confieren a vuestra nación un título especial para trabajar en favor de la paz en toda el África.

Al renovaros la seguridad de Nuestro benévolo interés y de Nuestra amistad, Nos invocamos gustosamente sobre Vuestra Excelencia, sobre el gobierno y el pueblo querido de la República de Uganda, las gracias más ricas y los más escogidos dones divinos de prosperidad, felicidad y paz.


 

*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.32, p.3.

 



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