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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE EL ECUADOR
ANTE LA SANTA SEDE*

Martes 16 de septiembre de 1969

 

Señor Embajador:

Hemos escuchado con ánimo atento las deferentes expresiones que Vuestra Excelencia acaba de dirigirnos en este acto solemne de presentación de Credenciales que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de El Ecuador ante la Santa Sede.

En sus nobles palabras de adhesión a nuestra persona y a los supremos valores que como meta va persiguiendo nuestro ministerio apostólico universal, queremos descubrir el eco fiel de los sentimientos en que abunda el corazón de los hijos de su hidalga Nación, de la que sois tan digno y merecedor Representante. Al agradeceros, Señor Embajador, tan devotos acentos, le damos Nuestra más cordial bienvenida.

Seguimos con afectuoso interés los redoblados esfuerzos que últimamente está realizando El Ecuador - País donde todos señalamos el lugar equidistante entre los Polos opuestos de la Tierra, nuestra morada común - para lograr esa línea de equilibrio sano y concorde que permita a todas las instituciones rectoras de la Patria discurrir por rectos cauces de estabilidad, ajenos a la inercia y a la violencia, encaminados conscientemente hacia un progreso ordenado y pacífico en el ámbito nacional e internacional.

La Iglesia, Señor Embajador, recoge con gozo íntimo esta constante preocupación de creciente promoción civil y social en su seno de «Madre y Maestra», porque está en perfecta consonancia con la propia misión de conducir al hombre a su desarrollo integral, depositario de inviolables derechos y de un destino sobrenatural en cuanto Hijo de Dios. En este sentido queremos dejar constancia de la coordenada tarea organizadora y renovadora, que, a la luz de las directrices del Concilio Vaticano II, esta llevando a cabo el Episcopado ecuatoriano, bien secundado por el Clero, los Religiosos y tantos seglares, por la ulterior pujanza del espíritu cristiano, fielmente vivido en las conciencias, en las familias y en la sociedad. Sepan que les acompañamos con nuestros mejores votos y plegarias.

Señor Embajador: Al asegurarle nuestra benevolencia para el cumplimiento de la alta misión que hoy comienza, invocamos sobre Vuestra Excelencia, sobre el Excelentísimo Señor Presidente de la República - cuyo saludo agradecemos profundamente - el Gobierno, sobre todo el dilectísimo Pueblo de El Ecuador, escogidas y abundantes bendiciones divinas.


*AAS 61 (1969), p.663-664.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. VII, p.626-627.

L'Osservatore Romano n.48 p.8 17.9.1969, p.1.

L’Attività della Santa Sede 1969, p.402-403.

L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.38 p.7.

 



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