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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL NUEVO EMBAJADOR DE HONDURAS
ANTE LA SANTA SEDE
*

Lunes 22 de noviembre de 1971

 

Señor Embajador:

Hemos escuchado con atención las deferentes palabras con que ha querido acompañar la presentación de las Cartas que lo acreditan como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Honduras ante la Santa Sede.

Le agradecemos vivamente estas expresiones de devoción hacia la Iglesia y hacia esta Sede Apostólica, que nos hacen particularmente presentes los cristianos sentimientos de todos los amadísimos hijos de vuestro noble País, a quienes llevamos siempre en el corazón con afecto de Padre y Pastor.

Se ha referido a la paz mundial, al progreso y a la convivencia entre los hombres. Como Vuestra Excelencia ha tenido la bondad de señalar, estos temas, por otra parte tan unidos entre sí, son para la Iglesia objeto de especial atención, a la que nuestros Predecesores y Nos mismo hemos impulsado con numerosos Documentos y con renovados esfuerzos. Las crisis dolorosas que hoy afligen a la humanidad, tanto en el plano personal como en el nacional e internacional; la complejidad de los problemas y la amplitud de sus implicaciones, entre las que destacan las de orden moral; y la urgencia de soluciones eficaces y totales, encuentran una resonancia cada día más intensa y un sentido dinámico de fraterna corresponsabilidad en la Iglesia.

Ella, fiel al mensaje divino de que es portadora, y solidarizándose con la suerte de la humanidad en el seno de la historia, desea servir desinteresadamente a los hombres proyectando la luz de la Palabra Divina sobre los problemas y exhortando a todos a una acción solidaria en la búsqueda y realización de las soluciones.

De este modo ayuda a penetrar hasta lo más profundo de los acontecimientos en todas sus dimensiones, de manera que la paz, el progreso y la convivencia no queden en meros aspectos externos, sino que broten pujantes de una trasformación continua de los corazones, de un cambio total del hombre mismo: éste, como individuo y como comunidad, ha de ser sujeto activo y forjador de un futuro que responda a las íntimas aspiraciones de la humanidad; un futuro donde todos, y especialmente los olvidados, los marginados, los pobres tengan la oportunidad de desarrollar plenamente su condición de ciudadanos de mundo y de hijos de Dios.

Bien conocemos el empeño de la Iglesia en Honduras, donde, bajo la guía sabia de los Pastores, desarrollan una labor abnegada los Sacerdotes, los Religiosos y los fieles, en la línea que hemos indicado. Lo decimos con alegría por lo ya realizado y con la confianza de que el empeño será cada día más entusiasta y decidido. Esta labor de promoción espiritual, moral, educativa y social es el mayor servicio que la Iglesia puede prestar a todo el Pueblo de Honduras.

Con viva gratitud correspondemos al deferente saludo que nos ha transmitido en nombre del Excelentísimo Señor Presidente de la República, así como a los devotos sentimientos personales de Vuestra Excelencia.

Mientras le expresamos nuestros mejores votos le aseguramos, Señor Embajador, nuestra benevolencia para el feliz cumplimiento de su alta misión, impartimos de corazón sobre su persona y sobre las Autoridades de la Nación, así como sobre todos nuestros amadísimos hijos de Honduras, la implorada Bendición Apostólica.  


*AAS 63 (1971), p.884-885.

Insegnamenti di Paolo VI, vol. IX, p.1005-1006.

L’Attività della Santa Sede 1971 p.456-457.

L'Osservatore Romano, 22-23.11.1971 p.1.

L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.48 p.16.

                             



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