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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL PRIMER EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DEL NÍGER
ANTE LA SANTA SEDE*

Jueves 25 de noviembre de 1971

 

Señor Embajador:

Nos conmueven sobremanera las delicadas palabras, las nobles expresiones y los profundos sentimientos que Vuestra Excelencia acaba de manifestarnos.

Al escucharos, evocábamos el feliz recuerdo de la visita que nos hizo recientemente su Excelencia Diori Hamani, Presidente de la República del Níger. Y he aquí que las relaciones amistosas, que él había puesto entonces de relieve, entre la Santa Sede y vuestro noble país, se intensifican hoy mediante la entrega de las Cartas Credenciales del primer Embajador extraordinario y plenipotenciario. A vuestra Excelencia que tiene el honor de iniciar ese nuevo modo de relaciones, deseamos cordialmente la bienvenida y os dirigimos nuestros calurosos votos en el cumplimiento de vuestra noble misión.

Ha expresado V.E. el deseo de ver desarrollarse una "colaboración fructuosa". Esta se sitúa a varios niveles.

Por lo que se refiere al de la cultura, V.E. lo sabe, la Santa Sede, satisfecha de la comprensión benévola de los gobernantes de vuestro país, anima a las misiones católicas a contribuir con todas sus fuerzas en la enseñanza y en la educación que abre la puerta al desarrollo humano reclamado por nuestro tiempo, en la medida, por lo menos; en que esta adquisición del saber permanezca adaptada a la cultura africana, cercana a las realidades concretas y orientada al servicio eficaz de las personas, de las familias, de los pueblos, de toda la sociedad.

Dígase lo mismo de las obras benéficas que reclaman el amor fraternal y que, como tales, han sido siempre tenidas en mucha estima por los misioneros, por las religiosas y por los laicos católicos.

El desarrollo integral requiere también que este aumento de los bienes, de la cultura, de las condiciones sanitarias, se haga con la participación cada vez más activa de todas las fuerzas vivas del país, y, como V.E. ha subrayado, de común acuerdo con los otros países africanos.

Para la Santa Sede – V.E. lo sabe – esta solidaridad orgánica, ampliada prudentemente y sin exclusivismos, se ofrece siempre como un feliz presagio y una garantía cierta de las relaciones fraternas que deben instaurarse en la humanidad; en esto –a nivel de compromiso espiritual que es el nuestro– no queremos ahorrar esfuerzo alguno: se trata de unirse para construir, en un clima de paz, todo lo que exige el bien común de todos y de cada uno de los miembros de la gran familia a partir de los bienes que el Creador ha puesto, con su sabiduría, en las manos de los hombres.

Por último y sobre todo, vuestro país sabe apreciar los elevados valores espirituales que dan a la vida de cada persona su sentido pleno y a las relaciones mutuas su densidad de respeto, de justicia y de amor: el reconocimiento gozoso del Dios Santo y Misericordioso, el sentimiento de su omnipotencia, la plegaria de esperanza que se apoya en su bondad, la búsqueda sincera de su voluntad y, en particular, la fraternidad que él nos pide instaurar con todos los hombres, mediante la apertura del espíritu y del corazón y la mutua ayuda. V.E. sabe en cuánta estima tienen este ideal los cristianos: su propia fe, ¿no es la fuente inagotable de esta dinámica del amor que tanto contribuye a la salvación del mundo?

Nosotros mismo, al animar a nuestros hijos católicos a continuar sus esfuerzos en este camino de luz, encomendamos vivamente al Altísimo la felicidad de todo el pueblo del Níger.

Le confiamos el encargo de transmitir al Excelentísimo Señor Presidente de la República del Níger los votos ardientes que alimentamos por su noble país; e imploramos sobre él, sobre sus colaboradores, sobre todos vuestros compatriotas y, ante todo, sobre vuestra Excelencia y sobre los vuestros, Señor Embajador, las bendiciones abundantes del Todopoderoso.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.49 p.11.

 



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