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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
A LOS MINISTROS DE AGRICULTURA DE LOS PAÍSES
DE LA COMUNIDAD ECONÓMICA EUROPEA*

Jueves 16 de septiembre de 1971

 

Nos agradecemos inmensamente este deseo que habéis manifestado de venir a saludarnos al término de la reunión que acabáis de celebrar en L'Aquila, sobre los problemas agrícolas, con la participación de distinguidos representantes de los seis países que actualmente forman el Mercado Común.

Consciente de los grandes problemas que originan la disparidad de condiciones naturales y las estructuras sociales en la agricultura europea, desearíamos simplemente expresaros el testimonio de Nuestro afecto, la seguridad de Nuestro apoyo, la confortación de Nuestra oración y de Nuestra bendición.

Nos diremos ante todo, lo saben ya todos ustedes, que el equilibrio de la comunidad europea, tan difícil de asegurar y al mismo tiempo tan necesario, no podrá mantenerse, si el sector agrícola no se beneficia así mismo de los arreglos y reajustes que requiere continuamente.

Nuestro predecesor, de feliz memoria, el Papa Juan XXIII, vio la necesidad de dedicar una parte notable de su Encíclica: Mater et Magistra a este tema. Los problemas que él recordaba no han perdido nada de su agudeza: la emigración rural es, por el contrario, mucho mayor y con ella crece la necesidad de modernizar los medios de trabajo, organizar el mismo, hacer eficaces los instrumentos; especializar la producción, asegurar la venta con una mayor estabilidad de precios, etc... Nos sabemos que en este terreno las repercusiones extremamente complejas, provocadas por tal o cual decisión, son sin duda más difíciles de prever y de dirigir que en el sector industrial; y Nos os invitamos a prestar una atención cada vez más viva a los problemas humanos que, a causa de ellas, surgen en todos los niveles de las categorías rurales.

La agricultura sigue siendo en nuestros países una base indispensable para su vitalidad; y lo es más aún si se tienen en cuenta las necesidades de alimentación del Tercer Mundo, del cual no deben desinteresarse los países más desarrollados. Los campesinos tienen además necesidad de vencer la impresión de pertenecer a un "sector deprimido", y de recibir de la opinión común de los poderes públicos la estima y el apoyo en orden a realizar una tarea necesaria para el bien general.

Conviene poner de relieve la amplitud y la importancia del trabajo a aportar para que la agricultura vaya cada vez mejor, con el fin de realizar su irreemplazable función para la vida del mundo. Sin duda hay que llevar a cabo las reformas de estructuras con valentía y de un modo progresivo. En efecto, los cambios más acertados en los planes técnicos y económicos carecerán de futuro si los espíritus no son conscientes de su necesidad, si no están preparados para admitirlos y dispuestos a llevarlos a la práctica; esto es tan cierto que todo lo que se hace por el hombre debe ser realizado con su activa participación. Si es verdad que ninguna categoría de agricultores ha de ser deliberadamente sacrificada ante los objetivos económicos o políticos de una nación o de la Comunidad Europea, sin embargo, todos han de comprender que la defensa de sus propios intereses debe conciliarse siempre con la promoción del bien común y que está sujeta por lo tanto a una necesaria coordinación de proyectos y realizaciones a escala cada vez más amplia: Una de Nuestras tareas más importantes, a Nuestro parecer, es dedicaros sin descanso a hacer que se tome conciencia de esta complementariedad de los diversos sectores agrícolas, a hacer evolucionar las mentalidades en este sentido y preparar los caminos para las reformas necesarias, sin sustituirlas a los organismos profesionales y con el cuidado constante de evitar que los más desaventajados sean sacrificados por los planes elaborados con miras a una mejor productividad.

Están surgiendo y ya planteados problemas muy delicados: ¿Cómo orientar la selección evitando los peligros de la especialización a ultranza? ¿Cómo lograr que los trabajadores agrícolas puedan contar en cualquier momento de la vida con la seguridad y la cultura humana de las otras categorías sociales, sin desviarlos por otro lado de su noble vocación, ni de desarraigarlos de sus apegos naturales? ¿Cómo hacer frente a la abundancia de producción sin olvidar la escasez que daña a los demás?

Nos esperamos con vosotros que el dinamismo de las poblaciones agrícolas, su voluntad constante de progreso, su colaboración efectiva, un amplio sentido de bien común, el afán de justicia y la comprensión de una solidaridad internacional, como también la fidelidad a los más altos valores morales y espirituales, les ayudará a aceptar su necesaria parte de sacrificio. Así los campesinos podrán también esperar un desarrollo, que no sería auténtico, si no fuese a la vez integral y solidario, preocupado de no limitarse a un simple crecimiento material, sino de promover, tanto a todo el hombre, como a todos los hombres (cfr. Populorum progressio 14). Con estas condiciones, el mundo rural sabrá ocupar en el seno de la comunidad europea el lugar justo que le corresponde, tanto para su propia expansión como para el beneficio de todos. Nos diremos, pues, que el futuro debe ser visto con más esperanza, si cada uno, comenzando por vosotros mismos, trabaja, con competencia y generosidad, para asegurar dicho futuro.

De todo corazón Nos invocamos la abundancia de las gracias divinas sobre los trabajos que realizáis en el consejo de ministros y con la ayuda de los delegados del " Consejo especial de la Agricultura "; Nos saludamos con gusto a su actual presidente, Excmo. Sr. Lorenzo Natali y Nos os damos a vosotros y a los que os son queridos Nuestra bendición apostólica.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 1972 n.7 p.10.

 



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