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 DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA DE RUANDA
ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 20 de diciembre de 1973

 

Señor Embajador:

Usted es desde ahora el portavoz del Gobierno y el representante del pueblo de Ruanda ante la Santa Sede. Nos acaba de decir que es consciente del honor y de las exigencias de esta alta y noble misión. Le acogemos con alegría. Usted tiene ya ganado nuestro benévolo apoyo, y nuestros colaboradores harán lo posible para facilitar su misión.

Le agradecemos sus amables palabras y mostramos nuestra gratitud al Presidente de la República, el cual, el pasado mes, nos dirigió un mensaje cordial con sus corteses votos. Saludamos a las demás autoridades de su país y a sus queridos compatriotas. Permítasenos expresarle, en este día, la atención con que seguimos su vida, su marcha hacia el progreso, su búsqueda de una verdadera justicia económica y social, su voluntad de con- tribuir a la paz y a la distensión internacional. La grandeza de un pueblo no se mide por la extensión de su territorio ni por la potencia de sus armamentos. Se mide por los hombres, por sus virtudes, por sus ideales, por su espíritu de igualdad y tolerancia, por su capacidad de obrar en favor del bien común sin hacer recurso a la violencia, que usted justamente ha denunciado. Ruanda, marchando por este camino, dará una gran aportación a los demás Estados.

Por nuestra parte, Nos no cesamos de exhortar a los dirigentes del mundo a seguir la línea aquí evocada: cada encuentro, cada fecha memorable, cada acontecimiento ofrece una ocasión para ello. Nos alentamos también constantemente a los cristianos, dondequiera que vivan, a comprender las consecuencias de su acción de su inercia, de manera que su comportamiento se inspire cada vez más en el Evangelio. Y Nos sabemos que podemos contar especialmente con nuestros queridos hijos católicos de Ruanda, cuya vitalidad religiosa ha dado sus pruebas, merece estima y constituye, por muchas razones, una esperanza para el continente africano.

Que nuestros fervientes deseos le acompañen, señor Embajador. Que el ejercicio de su función le procure numerosas satisfacciones y la alegría de llevarla a cabo con el sentimiento del deber cumplido. Nos invocamos de corazón para vuestra Excelencia, para todos los hijos de Ruanda y para sus gobernantes, las abundantes bendiciones del Todopoderoso.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.52, p.6.

 



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