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 DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL EMBAJADOR DE INDONESIA ANTE LA SANTA SEDE
*

Jueves 5 de julio de 1973

 

Señor Embajador:

Nos proporciona una gran alegría recibir las Cartas que le acreditan como Embajador extraordinario y plenipotenciario de la República de Indonesia ante la Santa Sede. Le damos la bienvenida como al digno representante de su Gobierno y pueblo y deseamos asegurarle todo el profundo afecto y respeto que tenemos por su país.

Como usted ha mencionado, el año pasado tuvimos el placer de recibir una visita oficial de Su Excelencia el General Suharto, Presidente de Indonesia, el cual nos honró de este modo devolviéndonos la visita que nosotros mismo tuvimos la suerte de hacer a su país en 1970. Este cambio de visitas ha contribuido en gran manera, según creemos, a lograr una comprensión y amistad más profundas entre su nación y la Santa Sede, y conservamos el más grato recuerdo de estas ocasiones tan significativas. Hoy nos alegramos de recibir y reciprocar, una vez más, los saludos y buenos deseos del Presidente Suharto.

Usted se ha referido benévolamente a nuestra misión como a una "santa tarea". En verdad, la Iglesia está siempre presente para servir: ésta es la "santa tarea" que Dios ha puesto sobre nuestros hombros. La Iglesia católica trata siempre de encontrar una expresión auténtica en la cultura y espíritu religioso de cada nación; sólo de esta forma sus actos de servicio pueden ser plenamente benéficos. Así es como queremos ver la Iglesia en Indonesia, y con este espíritu es como continuaremos en nuestros esfuerzos, en la medida de nuestras posibilidades, para contribuir al desarrollo integral de su pueblo. A este respecto, confiamos especialmente en la dedicación generosa y desinteresada de los sacerdotes y religiosos indonesios y misioneros.

Apreciamos altamente la característica distintiva de vuestro programa de desarrollo que insiste en que el crecimiento espiritual debe andar parejo con el progreso económico y social. Esta convicción está, sin duda, enraizada en la fuerte fe que vuestro pueblo tiene en un Dios Supremo. Queremos decir, además, cuán feliz estamos de que exista en Indonesia un espíritu de armonía interreligiosa, que tanto contribuye a las buenas relaciones entre Iglesia y Estado y entre los pueblos de diferentes credos religiosos.

Igualmente deseamos mencionar cuánto nos agrada ver que Indonesia está tomando su parte de responsabilidad para apoyar la recientemente establecida paz en el Vietnam. Esto es una manifestación de su compromiso en la causa de la paz en el mundo y una indicación de las relaciones pacíficas que goza con otras naciones; más aún, muestra su prontitud a contribuir al bienestar de sus vecinos asiáticos.

Para terminar, sobre todas las autoridades de su país y sobre su amado pueblo invocamos cordialmente los mejores favores del Todopoderoso, orando para que cada ciudadano pueda gozar plenamente de las bendiciones de la dignidad humana y de hermandad bajo Dios. A usted personalmente extendemos nuestros mejores deseos para el cumplimiento feliz y fructuoso de su misión.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.28, p.8.

 



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