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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL VICEPRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA*

Jueves 27 de enero de 1977

 

Señor Vicepresidente:

Con gozo Nos expresamos nuestra cordial bienvenida a Vos y a cuantos os acompañan en vuestra visita a Europa.

En el momento en el que el nuevo Presidente de los Estados Unidos ha comenzado su período en el cargo, os ha encomendado la importante misión de establecer contactos y realizar consultas, con el fin de obtener ulteriores elementos para juzgar y evaluar la política internacional de los Estados Unidos, país cuya política tiene grandes repercusiones y es, por lo tanto, de especial interés para el mundo entero. Nos agrada que esa política esté basada en el deseo de promover la paz y la cooperación internacional.

La Santa Sede, cuya actividad no está motivada por consideraciones políticas, sino por principios morales y religiosos, considera que esas metas son moralmente dignas y manifiesta su apoyo a las mismas en la medida y en el modo que le son propios.

En nuestro reciente Mensaje para la Jornada mundial de la Paz Nos decíamos: «Si quieres la paz, defiende la vida». Nos estamos convencido de que todo lo que lesiona, debilita y deshonra la vida, destruye la paz y degrada a la humanidad. Y así es como anotamos con optimismo el compromiso de vuestro Presidente en pro de la reducción de armamentos, en especial de las armas nucleares. Nos estamos seguro de que esto promoverá intereses comunes, y constituirá un gran servicio.

Acabáis de celebrar el bicentenario de vuestra nación. En cada fase este acontecimiento os hablaba de los valores morales sobre los que está fundada América. Es nuestra ferviente esperanza, que esta gran herencia espiritual sea protegida y reforzada, en bien de la paz y del desarrollo integral de vuestro país y de toda la humanidad.

Nos agrada enviar de nuevo Nuestros buenos deseos al Presidente Carter y oramos para que los inalienables derechos a «la vida, la libertad y la consecución de la felicidad» pertenezcan para siempre a América, como a «una nación bajo la mano de Dios».


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n.6, p.2.



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