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DISCURSO DE SU SANTIDAD PABLO VI
AL SR. D. KENNETH D. KAUNDA,
PRESIDENTE DE ZAMBIA*

Viernes 17 de junio de 1977

 

Señor Presidente:

Vuestra visita a la Santa Sede Nos ofrece una oportunidad excelente para expresar Nuestra estima hacia vos y hacia la querida nación de Zambia. Con gran placer Nos os acogemos como representante más ilustre de vuestro pueblo y como distinguido hombre de Estado, de África.

No sois extraño al Vaticano; vuestras visitas y comunicaciones, así como vuestros representantes, han sido recibidos siempre con profundo respeto. Hoy deseamos manifestar una vez más la importancia que Nos atribuimos a vuestras intervenciones en la construcción de la historia africana, con repercusiones en el destino del mundo entero.

Nos tenemos la certeza de que nuestras ideas os son bien conocidas, en particular nuestra proclamación constante de la dignidad de la persona humana, de la hermandad entre los hombres y de la igualdad de sus derechos fundamentales. A este respecto Nos no vacilamos en repetir lo que Nos dijimos ante el Parlamento de Uganda: "Deploramos por esto que en algunas partes del mundo persistan situaciones sociales basadas en la discriminación racial, a veces queridas y sostenidas por sistemas de pensamiento. Estas situaciones constituyen una afrenta manifiesta e inadmisible a los derechos fundamentales de la persona humana..." (AAS 61, 1969, pág. 585).

Nos rendimos homenaje a vuestras actividades en este campo y Nos pedimos a Dios para vos la fuerza de continuar prestando sabia orientación a quienes os quieran oír. Nuestra advertencia siempre ha sido: «la tentación de emplear la violencia... puede llegar a ser fuerte. Pero la violencia es una solución ilusoria» (AAS 64, 1972, págs. 312-313).

Nuestra bienvenida a vos y a vuestros compatriotas quiere ser un nuevo llamamiento a la paz, en un mundo en el que hermanos y hermanas de todos los continentes deben trabajar unidos. Y Nos sabemos que en este noble plan, Zambia debe jugar un papel privilegiado. A la vez que Nos ponemos nuestra confianza en que continuaréis vuestro liderazgo, Nos oramos para que vuestra nación responda efectivamente a su eminente destino. Dios bendiga Zambia.


*L'Osservatore Romano, edición en lengua española, n. 30, p.4.



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