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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A LOS MIEMBROS DE LA UNIÓN ASTRONÓMICA INTERNACIONAL


Miércoles 12 de julio de 1978

 

Acogemos hoy con alegría especial la presencia entre nosotros de científicos llegados de todas las partes del mundo a nuestro pequeño Estado de la Ciudad del Vaticano, a fin de estudiar la clasificación espectral de las estrellas. Sabernos que queréis tratar con espíritu de colaboración acerca de los temas propuestos por la Unión Astronómica internacional. Os damos las gracias por habernos honrado con vuestra presencia, y nos complacemos en aprovechar esta oportunidad para testimoniaros nuestro interés constante por la ciencia, y en particular por la astronomía; este interés nos lleva a mantener el Observatorio Vaticano y a sostener nuestra estimada Academia de las Ciencias.

Vuestra presencia quiere honrar también la memoria de un astrónomo ilustre, el p. Angelo Secchi, de la Compañía de Jesús, que murió en febrero de 1878. Al mismo tiempo, pienso que compartiréis conmigo el respeto profundo con que evocamos la memoria de otro jesuita, el p. Patrick Treanor, director del Observatorio Vaticano y promotor de esta reunión, que murió en febrero pasado, a los cien años exactos casi del p. Secchi.

Vuestro trabajo de ahora sobre la clasificación espectral se basa en un pasado verdaderamente glorioso y es promesa de una ampliación importante del conocimiento astronómico para el porvenir. Como podemos ver en vuestro programa, estáis comenzando a explorar las características espectrales de los conjuntos estelares en el núcleo de nuestras galaxias propias y de las cercanas, e incluso empleáis técnicas similares para descubrir los "objetos quasi estelares" más imperceptibles, que parece se hallan en los límites mismos del universo observable hoy en día.

En este trabajo, referente a los espectros estelares, el p. Secchi fue ciertamente un pionero. Estudioso agudo de física solar y muy experto en diseñar y adaptar instrumentos científicos, fue de los primeros en utilizar el espectroscopio de visión directa para estudiar muchos "arco iris estelares". Años adelante añadió un objetivo prismático al telescopio astronómico del Colegio Romano, comenzando así un tipo de investigaciones que se han proseguido en el Observatorio Vaticano hasta nuestro tiempo y que figura con gran relieve en todos vuestros futuros planes de trabajo, según vemos en vuestro programa.

Con los medios a su disposición, limitados al campo visual, el p. Secchi observó y anotó las características espectrales de más de cuatro mil estrellas, clasificándolas en los cuatro tipos ya famosos que llevan su nombre. Después de cien años de cuidadosa investigación, que ha abarcado el espectro electromagnético completo y ha utilizado los datos más recientes de los telescopios espaciales, en esta semana examinaréis y volveréis a observar muchas de estas estrellas, para agruparlas en nuevos esquemas de clasificación que nos dicen mucho más sobre su naturaleza y evolución. Nos complacemos en recordar aquí los grandes logros en este campo a partir del trabajo realizado en 1943 por William Margan, de nuestra Academia de las Ciencias, quien juntamente con el profesor Keenan, presente entre nosotros hoy, ha añadido una dimensión nueva a esta especialidad, al tener en cuenta la temperatura de la superficie y la luminosidad real de las estrellas en un sistema nuevo de clasificación.

Con auténtica honradez científica el p. Secchi reconocía que se estaba apoyando en "hombros de gigantes", y que su mismo trabajo era sólo una contribución pequeña a una tarea inmensa. Confesaba también lo mucho que debía a Fraunhofer y a Kirchoff, y a Donati de Florencia, y a sus contemporáneos Rutherford y Huggins. Alabó el descubrimiento de Huggins de la constitución gaseosa de las nebulosas, tales como la de Orión, cuando escribía: "El campo abierto por estos astrónomos fue inmenso, y yo trato de espigar en él" (A. Secchi, Chemical News, 1868, vol. XVIII, pág. 18).

Y cerca ya del final de su obra afirmaba: "Quedan muchas cosas por investigar, pues la naturaleza es inagotable en sus maravillas; cuando creemos haber llegado al límite, encontramos que es sólo el principio... Únicamente Dios puede comprender su obra en el universo. Es ya una fortuna que el hombre pueda tener un concepto lo suficientemente amplio para admirar la grandeza y belleza de la obra de las manos de Dios" (A. Secchi, Le Soleil, 11 ed., París, Gauthier-Villars, 1877, vol. II, pág. 483).

Vosotros que trabajáis a diario en la investigación científica, estáis movidos sin duda por el mismo espíritu, y al igual que el p. Secchi deseáis hacer participes de los frutos de vuestra exploración del maravilloso universo de Dios, a los demás hombres. Deseamos alentar vuestro entusiasmo; del mismo modo que compartiréis con todos durante esta semana los detalles de vuestros descubrimientos, os urgimos a comunicar la buena nueva de las maravillas de la creación a todos nosotros, que vivimos rodeados de esas bellezas. Ayudadnos a levantar el corazón y la mente más allá del horizonte limitado de nuestros afanes diarios, para llegar hasta el vasto dominio de las estrellas y galaxias, y encontrar detrás de ellas la magnificencia y el poder del Hacedor. Deum Creatorem, venite adoremus!: ¡A Dios Creador, venid, adoremos!



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