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DISCURSO DEL PAPA PABLO VI
A LA CONGREGACIÓN DE SACERDOTES DEL SAGRADO CORAZÓN


Lunes 22 de mayo de 1978

 

Agradecemos mucho al superior general las palabras afectuosas que nos acaba de dirigir interpretando también los sentimientos de todos los presentes, dignos miembros del consejo general y representantes diligentes de todas las provincias y regiones de esta benemérita congregación de Sacerdotes del Sagrado Corazón, en el momento en que celebra con acción de gracias el primer centenario de fundación.

Queridos hijos: Al veros ante nosotros y pensando en vuestra tarea religiosa peculiar sentimos flotar sobre vosotros el espíritu bendito del venerado p. Jean Léon Dehon, fundador iluminado de vuestra congregación extendida ya en cuatro continentes a los cien años escasos de su nacimiento.

Hablando a vuestro XV capítulo general hace doce años, os exhortamos —como ha recordado ahora vuestro superior general— a manteneros fieles a las dos consignas que distinguen a vuestra congregación: fidelidad a la devoción al Sagrado Corazón, en cuyo nombre fundó el p. Dehon el instituto y de cuyo culto se hizo apóstol, y fidelidad al espíritu genuino de vuestro apostolado específico.

El encuentro de hoy quiere ser una prolongación ideal de aquel tema tan importante, al que queremos añadir —si bien sea muy brevemente en este poco tiempo a nuestra disposición— algunas consideraciones más, testimonio de nuestro afecto paterno y de nuestros deseos ardientes mirando a vuestro futuro.

Nos complacemos en inspirarnos en vuestro fundador para recomendaros ante todo fidelidad a sus enseñanzas y ejemplos que estuvieron hondamente marcados por el vínculo de especial adhesión a la Cátedra de Pedro y a la Iglesia.

Esto supone, como bien sabéis, fidelidad al carisma original infundido por el Espíritu Santo ya en los orígenes mismos de vuestra congregación, el cual se traduce en intensa actividad interior alimentada cada día por la oración, la adoración y la oblación reparadora en favor de la redención del mundo. Es decir, que debéis estar animados de una espiritualidad vivificadora, tendente a transformaros gradualmente en "hostias vivas" junto con Cristo: éste es el testamento característico de vuestro fundador y el patrimonio valioso que debéis custodiar celosamente, a fin de obtener las energías espirituales necesarias en las tareas apostólicas y hacer resplandecer la espiritualidad auténtica del religioso dehoniano, de la que debe brotar vuestro celo infatigable para acudir a remediar las necesidades más apremiantes de los hombres.

Al manifestaros nuestro sincero aprecio de las actividades pastorales y misioneras a que se dedica con tanta solicitud vuestra congregación, deseamos deciros unas palabras más en particular sobre el apostolado de la prensa que junto al apostolado misionero, parroquial y social, ocupa parte no pequeña de vuestro servicio eclesial.

Somos un convencido del gran papel de la prensa católica, que es de importancia innegable en la difusión de los principios cristianos y en la defensa de los valores católicos y tan oportuna para la formación de cristianos preparados y auténticos.

Confiamos en que en este sector de tanta influencia en la sociedad no faltará por vuestra parte afán creciente a todos los niveles, para contribuir cada vez más al verdadero bien de las almas y a la edificación de la Iglesia. Os exhortamos, pues, a trabajar siempre en conformidad plena con las orientaciones doctrinales y disciplinares de la Iglesia, poniendo solicitud vigilante y amorosa en que los lectores de vuestras publicaciones se formen adecuadamente con sentido cristiano auténtico y según las exigencias comprometedoras que brotan del mensaje evangélico.

Los actos conmemorativos organizados en este año jubilar deben ser ocasión propicia también para tomar conciencia cada vez mayor de las responsabilidades y deberes inherentes a esa actividad delicada, teniendo ante los ojos las directrices autorizadas del Concilio Vaticano II, el cual pide que tanto la búsqueda de noticias como su divulgación respeten la justicia y la caridad, y se persiga siempre la "formación y difusión de una opinión pública recta" (cf. Inter mirifica, 5 y 8).

Procurad, por tanto, estar atentos a estas exigencias, valorando no sólo el interés que pueda suscitar una publicación, sino también y sobre todo los efectos que pueda producir en los ánimos para ese crecimiento en la fe a que os llama vuestro celo religioso. Por ello, que no prevalgan jamás opiniones discordes con el sensus Ecclesiae, ni intereses extraños a la causa del apostolado, sobre la rectitud de vuestro servicio editorial, para que cada uno de vosotros pueda repetir con San Pablo, luminoso ejemplo de periodista ante litteram: "Todo lo hago por el Evangelio" (1 Cor 9, 23).

Como recuerdo de este encuentro os queremos dejar una invitación cordial a no acobardaros ante las dificultades.

¡Tened confianza! Cristo está con vosotros, es El quien os ha elegido para amigos y heraldos suyos en el mundo. En los momentos más difíciles acudid a refugiares en su Corazón, signo y plenitud de unión amorosa entre Dios y el hombre, para que de este modo, "arraigados y fundados en la caridad, podáis comprender, en unión con todos los santos, cuál es la anchura, la longura, la altura y la profundidad y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que seáis llenos de la plenitud de Dios" (cf. Ef 3, 17, 19).

Estos son nuestros sentimientos en el centenario dichoso de vuestra congregación, y los corroboramos con una bendición apostólica para cada uno de vosotros y para todo el instituto.

 

 



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