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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LOS SUPERIORES Y ALUMNOS DEL PONTIFICIO COLEGIO ESPAÑOL DE ROMA EN EL 50 ANIVERSARIO DE SU FUNDACIÓN
*

Jueves 8 de julio de 1943

 

Amadísimos Superiores, antiguos y actuales colegiales de Nuestro Colegio Español de San José. Dos motivos, dignos de vuestro afecto y de vuestra piedad, os han traído, con tan grande consuelo de Nuestra alma, ante Nos: habéis querido hacernos saber que en el común coro de oraciones elevadas hasta el cielo, según Nuestras intenciones, no faltan nunca las vuestras; habéis deseado clausurar dentro de la casa del Padre común las conmemoraciones del primer medio siglo de vida de vuestro hermoso Colegio. A vuestras oraciones correspondemos con Nuestra paterna gratitud y a vuestra alegría unimos cordialmente la de Nuestro corazón, en el que tan grande puesto tiene vuestro Colegio, por Pontificio y por Español; vuestro Colegio, cuajado precisamente al calor de dos grandes corazones, el de un Pontífice, inmortal Predecesor Nuestro, León XIII; y el de un español, gloria del sacerdocio hispano, Don Manuel Domingo y Sol.

Ellos plantaron la semilla y nosotros la vemos convertida, por la divina gracia, en planta robusta, cuyas flores, iluminadas con resplandores de martirio, esparcen su benéfico aroma —bonus odor Christi— por toda España; pues los que un día bebieron del agua de la fe, que brota de la roca de Pedro, y templaron sus almas con el ejemplo de los campeones del Cristianismo, que con su testimonio sangriento hicieron ilustre ante los siglos el nombre de la Eterna Ciudad, no aprendieron en vano la lección. Imitadlos, colegiales carísimos, ut non segnes efficiamini, verum imitatores eorurn, qui fide et patientia hereditabunt promissiones (Hebr. 6, 12).

Vuestra Patria, convaleciente todavía, tiene necesidad de vuestro superior ministerio, juntamente con el de vuestros hermanos, salidos de las aulas de las demás Universidades Pontificias eclesiásticas; de aquel ministerio que consistirá probablemente en transmitir a los futuros apóstoles de vuestro pueblo los tesoros de piedad y de ciencia fatigosamente depositados en vuestra alma por vuestros celosos y edificantes Superiores, —Nuestros amadísimos hijos los Sacerdotes Operarios Diocesanos del Corazón de Jesús— y por vuestros piadosos y cultos maestros, los profesores de Nuestra Universidad Gregoriana. Dios, en sus maravillosos designios, os llamó para promover en vuestra querida Patria la alta cultura católica y esta vocación exigirá probablemente mucho. Requerirá toda la selección que ya se ha puesto al enviaros a Roma; reclamará en vuestros educadores todo aquel espíritu de sacrificio, de amor y de ciencia, que Nos complacemos ya en reconocer; necesitará un ambiente propicio en vuestros seminarios, para que podáis desarrollar en ellos vuestra labor; pedirá comprensión en los que deben procuraros el modo de transmitir lo que habéis con tantos sudores atesorado; y supondrá en vosotros mismos toda aquella gracia de lo alto, todo aquel deseo y aquel serio esfuerzo y cooperación que han de hacer de cada uno de vosotros bonus... minister Christi, enutritus verbis fidei et bonae doctrinae (1 Tim. 4, 6), varón eminente en la vida y en la piedad, plasmador de los futuros obreros evangélicos con el ejemplo y con la palabra, en el aspecto doctrinal y literario tanto como en el ascético y moral, sin descuidar la preparación de guías capacitados, aptos para ponerse al frente del potente resurgir espiritual de su Patria y encauzar el amplio movimiento religioso cultural, cuyos perfiles ya se dibujan en el mundo seglar español.

Este es vuestro trabajo, esta vuestra labor: Attende lectioni... et doctrinae. Noli negligere gratiam, quae in te est (1 Tim. 4, 13-141. Daos con toda vuestra alma juvenil a la virtud y a la ciencia; y antes que a la ciencia a la virtud: Amate scientiam, sed anteponite caritatem (S. Aug. Serm. 354 c. 6: Migne PL t. 39 col. 1566). Y si queréis modelos contemplad vuestros grandes ejemplos domésticos: aquel Apóstol de Andalucía, que sabía recomendar la mejor parte del día para la oración y el resto para el estudio y el ejercicio del celo sacerdotal; o aquel luminar de la ciencia eclesiástica, Jaime Balmes, que, como destaca su mejor biógrafo, superó precisamente el momento más difícil de su carrera apoyándose antes que nada en la vida sobrenatural y luego en el estudio y en la honesta ocupación.

Tal lo que Dios y vuestra Patria de vosotros esperan. Nuestra Bendición, que de todo corazón os otorgamos, quiere ser un impulso más en el camino de vuestro futuro apostolado en la patria de San Leandro, San Isidoro y San Ildefonso, de San José Oriol y del Beato Juan de Ávila: bendición que vuele a confortar a vuestros hermanos mayores, los que sobre el campo combaten ya la buena batalla en tan diversos puestos y con tanta honra del Colegio; bendición que sirva de justo premio a los que tan sacerdotalmente se afanan en vuestra íntegra formación; bendición para vuestra Patria, para vuestras familias, para todo lo que en este momento lleváis en el pensamiento y en el corazón y de modo muy especial, para vuestros proyectos apostólicos; bendición, finalmente, para vosotros, queridos colegiales, que sea prenda de los más altos auxilios divinos, en vuestra labor de hoy y en vuestro trabajo de mañana, para mayor gloria de Dios, provecho de vuestra católica Patria y honor de Nuestro y vuestro Colegio Español de San José.


* Disc. e Rad. vol V, págs. 112-115.

 

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