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RADIOMENSAJE DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LA TERCERA ASAMBLEA DE LA JUVENTUD FEMENINA
DE ACCIÓN CATÓLICA ESPAÑOLA
*

Domingo 1 de julio de 1951

 

Amadísimas hijas, jóvenes católicas españolas que, reunidas en Madrid, clausuráis vuestra tercera Asamblea Nacional, conmemorativa de los primeros veinticinco años de vuestra Asociación :

¡Qué fácil Nos resulta, dada la proximidad del Año Santo, imaginarnos lo que en estos momentos será esa Plaza de la Armería! Nos basta evocar vuestra gran peregrinación de julio y Nos parece que escuchamos otra vez los vítores y aclamaciones que salen de vuestras gargantas, que vemos vuestros rostros encendidos, vuestras sonrisas de satisfacción filial, vuestros ojos velados por las lágrimas.

Pues hénos de nuevo entre vosotras, hijas amadísimas, a lo menos con el espíritu y con la voz; pero ahora, lo primero para presentar Nuestra gratitud al Señor, que tanto os ha ayudado en este cuarto de siglo; luego para expresaros también a vosotras Nuestro reconocimiento por el bien que habéis hecho; y, finalmente, para responder a vuestra legítima expectación con algunas sencillas orientaciones.

Gracias al Señor, sí; porque vuestra vida no ha sido fácil, sobre todo si se tiene en cuenta que, tras los días de la infancia, no tardaron en venir aquellos otros, bien amargos, en que vuestra ruta había de quedar señalada con flores de martirio. ¿Quién no verá la mano del Altísimo en vuestro prodigioso renacer, apenas pasada la tormenta, hasta llegar, en poquísimo tiempo, al esplendor actual? ¿Y quién no se sentirá movido a entonar un himno de alabanza y de gratitud al Dador de todo bien, considerando que todo esto ha sido realizado por vosotras, necesitadas especialmente de auxilio por ser jóvenes? «In omnibus gracias agite; haec est enim voluntas Dei in Christo Iesu»: Dad gracias por todo al Señor, porque es lo que quiere Dios que hagáis en nombre de Jesucristo (1Ts 5, 18).

Gracias también a vosotras por el bien que habéis hecho. Y quien lo quiera conocer, ahí tiene esos cinco lustros de historia, tan llenos que, sin poderlo evitar, Nos sentimos movidos a compararlos a esos frutales que ahora, en vuestras generosas vegas, inclinan sus ramas hasta: el suelo, como si no pudieran soportar el mismo dulce peso de sus ubérrimos frutos. Tres Asambleas generales, y una de ellas en pleno clima heroico; innumerables cursillos y semanas, vuestra presencia en Zaragoza y Santiago, en Fátima y en Roma; tantas revistas y publicaciones; vuestro claro sentido social expansionándose apostólicamente a través de vuestras ramas especializadas; y, sobre todo, vuestra inagotable caridad, bien demostrada, por ejemplo, con los niños necesitados de Europa y con las Iglesias y misiones pobres, en esta última ocasión a través de vuestro Padre de Roma. ¡Qué Dios os lo pague! ¡Qué El os recompense tanta buena voluntad, tanto espíritu de sacrificio y tanto bien como habéis hecho! Ya antes tuvimos la oportunidad de alabarlo todo; hoy, en vuestras bodas de plata, al veros dispuestas, con ánimo esforzado y sin el menor gesto de fatiga, a la conquista del futuro; al escuchar vuestro propósito de «ser testigos de Cristo» en todas partes, os damos una sola consigna: Jóvenes españolas de Acción Católica: en el nombre del Señor y para honor de la Iglesia y de España; ¡siempre adelante!

Adelante con vuestra piedad. A veces Nos parece que la parte más típica de vuestra vocación consiste en llevar a todas partes, con el simpático desparpajo que sabéis encontrar cuando hace falta, esa aura de espiritualidad, de religiosidad, de sencilla y asequible devoción que el traidor vientecillo laico de nuestros días querría barrer del hogar, del taller, de la oficina, del lugar de esparcimiento, y relegar, bajo siete llaves, en la penumbra de la sacristía. No; «omnia et in omnibus Christus»: Cristo todo y en todos (Col 3, 11), Cristo presente en todas partes. Y si Nos preguntáis cómo lo llevaréis, os contestamos que principalmente con vuestra modestia cristiana. Sin gazmoñerías ni encogimientos, con buen ánimo y decisión, imponed por doquier el buen tono de vuestro recato y vuestro pudor, como exteriorización natural de vuestra piedad.

Adelante con vuestro sentido social. «No podéis ausentaros del campo social» os han dicho en vuestro Congreso. Pero Nos os añadimos: precisamente en ese campo os espera una gran misión, acortando las distancias entre las clases sociales dentro de la fraternidad juvenil de vuestra asociación; influyendo en las superiores para que recuerden sus deberes y, renunciando al lujo y ostentación, corran en ayuda de las más necesitadas; y formando a las inferiores, preparándolas para una mayor capacitación profesional, base de su justa redención.

Adelante, por fin, con vuestro apostolado. ¿Qué puertas se cerrarán ante una joven católica, cuya presencia venga además adornada con los atractivos de su pureza y de su candor? ¿Habrá corazón capaz de rechazar un ruego suyo, sobre todo si ella sabe hacerlo con la elocuencia de la joven fuerte, que no teme a nadie y además sabe que tiene razón? Vosotras podéis llegar a todos los ambientes para purificarlos, para perfumarlos con vuestras virtudes, para impregnarlos del «bonus odor Christi», para ganar almas. ¡A luchar, y a luchar sin descanso, sobre todo por la santificación de la joven española, para que de ellas salgan las madres cristianas de mañana y de estas madres los hogares cristianos que han de ser la base de una España fiel a su tradición y a su fe!

Muchas hermanas vuestras, de otras muchas naciones, os rodean en estos momentos; de España misma están ahí otras muchas jóvenes, especialmente las Congregantes Marianas, buenos soldados de la Acción Católica, lo mismo que vosotras, y cuya campaña en pro de la moralidad de los espectáculos contará, sin duda, con vuestra colaboración; os presiden no pocos Venerables Hermanos Nuestros en el Episcopado. Todo esto debe servir para haceros comprender que el inundo, que la Iglesia, que vuestra Patria os miran, esperan algo de vosotras. ¡Jóvenes Católicas: no defraudéis tantas esperanzas, y que la nueva etapa, que ahora comienza, supere, si es posible, en todo a la anterior, que ahora termina!

La empresa es ardua, pero vuestro ánimo es mucho y la gracia de lo alto, debidamente implorada y merecida, nunca os faltará. Como prenda de ella y como testimonio de Nuestro afecto paternal os damos, hijas amadísimas, Nuestra Bendición Apostólica, con la intención de bendecir no sólo a vosotras y a vuestras familias, sino también a todas las ramas de la gran familia de la Acción Católica, a todos cuantos en el apostolado cooperan con ella, a todos los que en estos momentos oyen Nuestra voz o están presentes en esa plaza y en ellos a todo el amadísimo pueblo español.


* AAS 43 (1951) 558-560

   



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