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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LOS PARTICIPANTES EN LA VII SESIÓN
DE LA CONFERENCIA DE LA FAO.*

Sala del Consistorio
Martes 8 de diciembre de 1953

 

Desde hace varios años Nos seguimos con vivo interés las actividades de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Por lo tanto, sentimos la satisfacción de recibiros, Señores, mientras se desarrollan las tareas de la VII Sesión de vuestra Conferencia.

Es un hecho que no obstante las mejoras conseguidas en estos últimos tiempos, el problema de la alimentación sigue siendo crucial para una gran parte de la humanidad. Como ponéis de relieve en vuestros informes, la situación presente del mundo desde el punto de vista agrícola se caracteriza por un desequilibrio acentuado entre las regiones más adelantadas y los países no suficientemente desarrollados. Por una parte, la producción aumenta rápidamente, los niveles de consumo se elevan, las exportaciones se intensifican, mientras que por otra parte, y especialmente en el Extremo Oriente, la producción se mantiene escasa, la alimentación insuficiente y las importaciones limitadas. La eventualidad del azote del hambre y sus terribles consecuencias no dejan de asustar a millones de hombres, y un período de sequía basta para desencadenar este terrible azote. Además, hay que tener en cuenta el continuo aumento de la población, que exige, so pena de empeorar el mal, un aumento paralelo de los bienes de consumo.

Vuestra organización se propone hacer frente a esa difícil situación, entablando una lucha decidida en el ámbito mundial para suprimir los sufrimientos y las amenazas que aún hoy en día pesan sobre tantos desventurados. ¡Qué valor es necesario para afrontar tranquilamente una empresa que, sin exageración, puede calificarse de gigantesca, y entregarse a ella con ardor, cuando parece complicarse y, en la misma proporción en que uno se dedica a elle, agigantarse. Pero, animados por un celo que nada puede disminuir, habéis conseguido en primer lugar garantizaros una base de trabajo indispensable, obteniendo las informaciones necesarias sobre la producción y los intercambios agrícolas de los diferentes países.

En muchos casos, para procuraros indicaciones precisas ha sido necesario formar expertos e iniciarlos en los modernos métodos de la estadística. De esta forma habéis recogido datos preciosos que prestarán grandes servicios a los economistas.

La parte esencial de vuestra labor consiste en la intervención eficaz en el sector de la agricultura, así como de la pesca y de la explotación forestal. Indudablemente, se procurará dirigir hacia las poblaciones escasamente alimentadas, que representan el 70 por ciento de la población mundial, el excedente de la producción de los países más favorecidos, asegurando de este modo mercados estables a estos últimos. Mas es mucho más urgente conseguir que la productividad en las mismas localidades en donde el malestar se manifiesta, sea aumentada. Por lo tanto, queréis ante todo reducir las pérdidas, a veces considerables, debidas a la inexperiencia de los cultivadores y a las epidemias; luego, aumentar el rendimiento mediante la mejora de los métodos de cultivo, el empleo de fertilizantes y la selección de las especies vegetales; por último, tendéis a valorizar los terrenos aún sin cultivar, especialmente con el riego. En todo esto, las fases de realización van precedidas necesariamente de encuestas y estudios detallados destinados a valorar las posibilidades de perfeccionamiento y a prevenir errores de graves consecuencias. Recordamos, igualmente, a titulo de ejemplo significativo en las incidencias de carácter cultural de vuestros trabajos, el plan en marcha para aumentar la producción de papel que os ha confiado el Consejo económico y social de las Naciones Unidas.

Este programa, tan variado y tan vasto, suscita indudablemente dificultades poco comunes. La más delicada, tal vez, la habéis intuido perfectamente, y consistirá en crear las condiciones sociales gracias a las cuales los trabajadores a los que daréis ayuda y directrices, se interesarán de buena gana por su propio trabajo, explotando al máximo los recursos puestos a su disposición. En efecto, es inútil enviar a determinado lugar expertos para enseñar los nuevos métodos y perfeccionar las disponibilidades mecánicas, si las condiciones humanas en las que el hombre se mueve le impiden obtener de su esfuerzo el fruto que tiene derecho a esperar. Suscitar el interés y la iniciativa personal, demostrar que el bien de la comunidad no se realizará a costa de los seres sino en su provecho, vigilar por que así sea, he ahí ciertamente un elemento capital para el éxito. De este modo, a vuestra labor económica viene a añadirse un valor social no menos decisivo, cuyo alcance Nos complacemos en poner de relieve. Por eso Nos, solícitos en manifestaros nuestro apoyo y en colaborar en esa obra, hemos querido dar recientemente nuestro aporte en favor del programa de extensión de la asistencia a diversos países, y especialmente a las regiones más necesitadas.

A pesar de los medios aún restringidos con que cuenta vuestra organización, no habéis vacilado en interesar a todos los pueblos que desean perfeccionarse no solamente a sí mismos y de de obtener beneficios económicos, sino también de socorrer a los menos dotados. Una acción de ese género, como Nos poníamos de relieve en un discurso pronunciado el 21 de febrero de 1948, en circunstancias análogas, obliga a las naciones a sentirse solidariamente beneficiadas y benefactoras las unas con relación a las otras.

El mundo civilizado contempla siempre con profunda tristeza las desoladoras imágenes de las víctimas del hambre cuando la tierra es capaz de alimentar a todos los hombres. Eliminar definitivamente esa plaga merece algún sacrificio y justifica austeras abnegaciones. ¿Acaso Cristo no cuidó de saciar a las gentes que le seguían? ¿Acaso no enseñó a sus discípulos la oración que pide a Dios el pan cotidiano? Para conseguir la finalidad que os habéis propuesto, realizáis indudablemente una intención acariciada por Quien se consagró a la salvación de la humanidad. He aquí por qué Nos os deseamos que continuéis con constancia vuestra labor. No cabe duda de que aún se encuentra en sus comienzos, pero la experiencia os ha enseñado ya mucho; vuestros instrumentos de trabajo se perfeccionan, vuestra estima aumenta entre los gobiernos, que aprecian cada vez más la utilidad y los frutos de vuestra acción. Si el fin último no está todavía a la vista, podéis esperar al menos que una comprensión más amplia y una colaboración más activa vendrán a reforzar y multiplicar los resultados obtenidos y a garantizar un desarrollo ulterior más rápido.

Nos de todo corazón os lo deseamos, mientras invocamos sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre cuantos participan de vuestra grave misión, las más abundantes Bendiciones celestiales.


*ORe (Buenos Aires), año 3, n°113, p.1, 2.

 



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