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DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LOS PARTICIPANTES EN LA VIII SESIÓN
DE LA CONFERENCIA DE LA FAO*

Jueves 10 de noviembre de 1955

 

La VIII Sesión de la Conferencia de la FAO en la que ustedes, señores, toman parte, reviste este año un significado muy especial, ya que este organismo celebra al mismo tiempo el décimo aniversario de su fundación. En efecto, fue el 16 de octubre de 1945 cuando los representantes de veinte Estados fueron invitados a firmar el Acta Constitucional de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Al término de la primera sesión de la Conferencia, cuarenta y dos países habían dado ya su adhesión oficial a la nueva institución. A partir de entonces, el número de Estados miembros ha ido creciendo constantemente y en la actualidad cuenta con setenta y uno. Al darles la bienvenida, Nos queremos, por lo tanto, felicitarles por el camino recorrido durante estos diez años.

Los objetivos que ustedes se proponían eran y siguen siendo primordiales: elevar el nivel de vida de las poblaciones, acrecentar el rendimiento de la producción y facilitar la distribución de los productos alimenticios y agrícolas, así como contribuir a la expansión de la economía mundial. La Santa Sede no podía desinteresarse de empresa tan necesaria y bienhechora; desde 1948 tuvo su observador en las reuniones regionales de Roma y, al año siguiente, en una sesión del Consejo. En 1950, una deliberación de la Conferencia de Washington la admitía como observador permanente, siendo en la actualidad la única que goza de este estatuto.

Bien saben ustedes, señores, con qué interés Nos hemos seguido las diferentes fases de sus actividades desde el día en que fue fundada la FAO. Se trataba por entonces de enfrentarse con este hecho terrible: más de la mitad de la población mundial no se alimenta suficientemente; para satisfacer las necesidades de la humanidad era necesario duplicar la producción alimenticia. La FAO se pone inmediatamente a trabajar: forma el Comité internacional de la crisis alimenticia, emprende un censo mundial de la agricultura y se propone la creación de un Consejo mundial de la alimentación; se hace cargo de los trabajos iniciados en nueve países devastados por la guerra para la reconstrucción de su agricultura. Para limitarnos a algunas realizaciones más características, recordamos que en 1947 fue constituida la «Comisión europea de bosques»; en 1948 se celebró la primera conferencia regional sobre los problemas de la nutrición; mientras que a partir de 1949 un Comité mixto de expertos en esta materia se reunió todos los años en diversos lugares del globo. Dado que el acrecentamiento de la productividad y la elevación del nivel de vida de las poblaciones rurales se hallan ligados a las condiciones sociales en que trabajan los agricultores, la FAO a partir de 1951 aborda los problemas de la reforma de las estructuras agrarias y las cuestiones relacionadas con el crédito agrícola; y al mismo tiempo, múltiples reuniones en diversos continentes apoyan el movimiento cooperativo agrícola.

Indudablemente, era necesaria audacia para afrontar una acción tan varia y que se extendiera a tantos territorios. Pero los esfuerzos no han sido vanos. El informe que acaba de publicarse sobre la situación de la agricultura en 1955, hace notar que la producción agrícola, mundial ha alcanzado en 1954 un aumento del 25% con respecto a 1946. Durante esta década, los países menos desarrollados han valorizado rápidamente sus recursos en la tierra y en el agua; gracias a la asistencia técnica, han aplicado a la producción animal y vegetal los nuevos métodos experimentados y perfeccionados en las regiones más adelantadas. Pero al lado de los resultados positivos hay que señalar también las insuficiencias y malestares actuales, con el fin de llamar la atención de todos los responsables y de orientar sus esfuerzos; ustedes han señalado entre otras cosas la rigidez de las estructuras productivas y la dificultad que sienten para responder en forma adecuada a la demanda, la paralización del comercio mundial de productos agrícolas y el nivel insuficiente de la renta de los agricultores si se la compara con otras actividades. En vastas regiones del mundo no se ha logrado aún proporcionar a los hombres el medio de adquirir todo el alimento de que necesitan. Y este hecho, necesario es decirlo, constituye el primer motivo que les estimula a ustedes a continuar en sus esfuerzos.

Entre los estudios particulares a los que se han entregado los especialistas de la FAO, Nos quisiéramos poner de relieve algunos, sumamente sugestivos, y en primer lugar los que se refieren a la base misma de toda la agricultura, el suelo. En el pasado, la utilización, conservación y mejora del suelo quedaban abandonadas al buen sentido práctico de los cultivadores : una experiencia adquirida a costa de una labor prolongada, y no sin sacrificios, les indicaba cómo proceder para no producir la ruina de la tierra, de la que obtenían su subsistencia. Se sabe que si algunos no escatimaron sus esfuerzos para salvaguardar sus fondos, otros, arrastrados por el afán de una fácil ganancia o víctimas de su incompetencia, causaron al suelo daños que en seguida fueron irreparables. Con el fin de contener las consecuencias de esos errores y de evitar su repetición, y con el fin también de utilizar hasta lo máximo todas las posibilidades de los terrenos, convenía tener un conocimiento racional de los diferentes suelos, de su estructura, de sus propiedades, y trazar el plano de su distribución geográfica; de este modo resultaba posible precisar qué género de cultivo convenía a determinada región, qué modificaciones debía sufrir eventualmente, mediante el drenaje o la aportación de abonos. De modo particular, no podía descuidarse la lucha contra la erosión provocada por los elementos naturales pero, en muchos casos, facilitada y acelerada por la intervención del hombre que, para hacer cultivables terrenos en declive, los despoja de toda vegetación protectora. Se ha comprobado en los Estados Unidos que las pérdidas en fosfatos, debidas a la erosión, eran superiores al agotamiento provocado por las cosechas. Las publicaciones consagradas a esta cuestión, como, por ejemplo, la que se refiere a los mapas de erosión en la América Latina, contribuirán mucho a impedir ulteriores daños.

Pero la conservación del suelo no depende solamente del control de la erosión. En la actualidad se prefiere enfocar la cuestión en un cuadro más vasto, teniendo en cuenta los sistemas modernos para mejorar la fertilidad y los factores económicos y sociales susceptibles de acrecentar el bienestar .de las poblaciones rurales, de ayudar a la colonización de las tierras sin cultivar, de contener el éxodo de los campos y la despoblación de las regiones montañosas en beneficio de las ciudades. El empobrecimiento de la tierra puede ser el resultado de un régimen agrario inadecuado, de la concentración o del excesivo fraccionamiento de la propiedad, del insuficiente valor de los productos agrícolas, las condiciones de vida demasiado duras desalientan al cultivador y le impulsan a buscar en otro sector su sustento. Ustedes no han ignorado este aspecto de las cosas ya que, como Nos hemos indicado hace poco, han emprendido una acción en materia de reforma agraria, así como en el sector del crédito y de las cooperativas agrícolas.

Debido al papel esencial que desempeñan en la regulación de la circulación hídrica superficial y subterránea, los bosques merecen seria atención; frenan la carrera de las aguas; retienen las nieves y, aun cuando no pueden impedir las inundaciones excepcionales, regulan el flujo de los ríos. Los poderes públicos, preocupados por el desarrollo de la agricultura, tienen, por lo tanto, interés en ejercer su vigilancia sobre la forma en que los bosques son explotados.

Nos queremos poner de relieve además, entre otras muchas, las investigaciones sobre la posibilidad de utilizar las algas marinas para la alimentación humana; hasta el presente, sin embargo, la explotación de estos recursos se presenta aún como de difícil realización.

Estas breves consideraciones ponen muy de manifiesto que el programa inicial, preparado por la Conferencia de Hot Springs, y formulado en el Acta Constitucional, se encuentra en buen camino de ejecución. Cuando en otros tiempos el problema del hambre parecía insoluble, actualmente puede ser afrontado de lleno y puede contarse para su solución con la colaboración de los gobiernos. Las monografías consagradas al estudio del suelo han llamado la atención sobre la unidad física de las diversas regiones, que hace la llanura solidaria con la montaña; quien quiere salvaguardar la fertilidad de sus tierras tiene que preocuparse de lo que ocurre más allá de sus límites. Esta verdad adquiere aquí, a nuestro juicio, el valor de símbolo; los pueblos favorecidos por la naturaleza o por el progreso de la civilización corren el riesgo de conocer algún día duros despertares si no procuran ya, desde ahora, asegurar a los menos afortunados, los medios para vivir humana y dignamente, y para desarrollarse ellos también. Fomentar aún más, en gran número de individuos y de naciones, este sentimiento de responsabilidad colectiva, y sobre todo provocar de este modo intervenciones competentes y generosas, he ahí una tarea elevada y noble; en estos tiempos de recelos, de división. y de revuelta, el alcance moral de semejante resultado sobrepasa con mucho sus consecuencias materiales.

A Nos, nos complacemos ante todo reconocer, en esta acción mundial destinada a afectar no a un orden privilegiado sino a la inmensa multitud a menudo impotente y sin defensa, un aspecto auténtico de la caridad, que Cristo ha explicado con su vida y con su muerte, y que ha querido sea el signo distintivo de sus discípulos; esta caridad universal, desinteresada, exigente hasta el sacrificio, no se puede arraigar más que en el amor que el propio Dios siente por los hombres. Ella lo traduce visiblemente y constituye su prueba más firme.

Por ello Nos no dudamos de que el Divino Maestro bendecirá todo lo que ustedes hacen por cuantos le pertenecen; a El mismo es a quien esos beneficios se hacen; y sabrá recompensarlos, como lo prometió solemnemente y como Nos se lo pedimos ardientemente. Que los favores del Cielo desciendan sobre ustedes y sobre su obra, sobre sus familias y sobre sus seres queridos. En prenda de ello Nos les concedemos nuestra Bendición Apostólica.


*ORe (Buenos Aires), año 5, n°212, p.1, 2.

 



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