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DISCURSO DEL PAPA PÍO XII
AL SR. SUKARNO,
PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE INDONESIA
*

13 de junio de 1956

 

Nuestra cordial bienvenida a V. E. señor Presidente y a vosotros honorables señores que le acompañáis y asistís en los asuntos de gobierno de vuestro país. Nos formulamos Nuestros afectuosos votos por vuestro éxito.

Nadie por cierto accede al Gobierno sin dejar de comprender en seguida cuán importante es la misión que le ha sido confiada. El gobierno civil nadie lo ignora y todos los pueblos libres lo reconocen, existe para el bien de los que son gobernados. Tranquilidad y orden, seguridad y libertad en el respeto de la justicia de Dios, de manera que todos los ciudadanos puedan utilizar las oportunidades que se les ofrecen para su propio progreso físico, intelectual y moral, todo esto constituye el cuidado y la responsabilidad del hombre de Estado.

Se trata en efecto, de una grave responsabilidad. Es un peso que resultará menos gravoso gracias a la generosa y leal cooperación de todos los que se dedican a la felicidad, progreso y prosperidad de la Nación. Nos confiamos, señores, que el Gobierno de la República Indonésica puede contar con casi un millón de católicos, que tienen la satisfacción de poder ofrecer su apoyo. Lo que ellos han conseguido ya en el campo de la educación, de la caridad y de los deberes cívicos, ha sido reconocido y hace que esta confianza sea doblemente segura. Su decisión es firme y saben perfectamente que para ellos constituye un sagrado deber contribuir dentro de los límites de sus posibilidades a reforzar los indispensables factores de una genuina y duradera prosperidad política que son la religión y la moral. En el desarrollo de su divina misión fue siempre y en todas partes preocupación de la Iglesia el seleccionar y formar un clero indígena que, tras la oportuna preparación y la adecuada experiencia, fuera capaz de servir a las necesidades espirituales de su pueblo. Naturalmente, es necesario tiempo y paciencia para lograr esto y mientras el clero indígena no sea suficiente en número y preparación, los católicos de una nación deben recurrir a la ayuda de otras naciones. Pero éste es un período transitorio, un período que actualmente está atravesando la Iglesia en Indonesia, aun cuando un considerable progreso se está haciendo para salir de él.

Nos hemos sabido con viva complacencia con cuánta solicitud hace seis años la República de Indonesia hizo algunas gestiones para establecer relaciones diplomáticas con la Santa Sede, y Nos consideramos esto como prueba y señal de su paciencia y buena disposición para asistir a la Iglesia en sus esfuerzos hacia una meta deseada por ambas partes. Nos podemos concluir repitiendo los sentimientos que Nos hemos manifestado con ocasión de la presentación de Cartas Credenciales de vuestro primer Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario. Nos aseguramos entonces que «nos alegramos de ser siempre testigo del progreso alcanzado por vuestro joven Estado, consciente de sus altos destinos, con un espíritu de confianza, de sabiduría y moderación, hasta que pueda ocupar su lugar en el concierto de las naciones», – augurio que mientras tanto se ha realizado felizmente – cuando sus esfuerzos por la prosperidad nacional y por su grandeza podrán armonizarse efectivamente con un compacto servicio dedicado al bien universal de toda la humanidad.

Que Dios sea fiador de ello.


*ORe (Buenos Aires), año 5, n°244, p.2.

 



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