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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN EL CAPÍTULO GENERAL
DE LA CONGREGACIÓN DE LA PASIÓN DE JESUCRISTO (PASIONISTAS)

Sala del Consistorio
Lunes, 22 de octubre de 2018

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Queridos hermanos:

Me complace encontrarme con vosotros con motivo de vuestro Capítulo general y doy las gracias al Superior por sus palabras. En estos días, vuestras reflexiones se han guiado por el tema «Renovar nuestra misión: gratitud, profecía y esperanza». Estas tres palabras: gratitud, profecía y esperanza expresan el espíritu con el que deseáis estimular a vuestra Congregación para que se renueve en la misión. En efecto, además de elegir el gobierno del Instituto, os proponéis emprender un nuevo camino de formación permanente para vuestras comunidades, enraizado en la experiencia de la vida diaria; y también queréis discernir la metodología pastoral en el acercamiento a las jóvenes generaciones.

Vuestro Fundador, san Pablo de la Cruz, se dio a sí mismo y a sus compañeros este lema: «Que la Pasión de Jesucristo esté siempre en nuestros corazones». Su primer biógrafo, san Vicente María Strambi, dijo de él: «Parecía que Dios Todopoderoso hubiera elegido al padre Pablo, de manera especial, para que enseñase a la gente cómo buscarlo dentro de su corazón"» San Pablo de la Cruz quería que vuestras comunidades fueran escuelas de oración, donde se pudiera experimentar a Dios. Vivió su santidad entre la oscuridad y la desolación, pero también con una alegría y una paz que tocaban el corazón de quienes lo encontraban.

En el centro de vuestra vida y vuestra misión está la Pasión de Jesús, que el Fundador describió como «la obra más grande y hermosa del amor de Dios» (Cartas II, 499). El voto que os distingue, con el que os comprometéis a mantener vivo el recuerdo de la pasión, os coloca al pie de la Cruz, desde donde fluye el amor de Dios que sana y reconcilia. Os animo a ser ministros de curación espiritual y de reconciliación, tan necesarias en el mundo de hoy, marcado por antiguas y nuevas llagas. Vuestras constituciones os llaman a dedicaros por completo a la «evangelización y re-evangelización de los pueblos, prefiriendo a los más pobres en los lugares más abandonados» (Const. 70).

Vuestra cercanía a las personas, expresada tradicionalmente a través de las misiones populares, la dirección espiritual y el sacramento de la Penitencia, es un precioso testimonio. La Iglesia necesita ministros que hablen con ternura, escuchen sin condenar y acojan con misericordia.

La Iglesia de hoy siente con fuerza el llamamiento a salir de sí misma e ir a las periferias, tanto geográficas como existenciales. Vuestro compromiso de abrazar las nuevas fronteras de la misión implica no solo ir a nuevos territorios para llevar el Evangelio, sino también enfrentar los nuevos desafíos de nuestro tiempo, como las migraciones, el secularismo y el mundo digital. Esto significa estar presentes en aquellas situaciones en que la gente percibe la ausencia de Dios y tratar de estar cerca de aquellos que, de cualquier modo o forma, están sufriendo.

En esta época de cambios, que es más bien un cambio de época, estáis llamado a estar atentos a la presencia y la acción del Espíritu Santo, leyendo los signos de los tiempos. Nuevas situaciones requieren nuevas respuestas. San Pablo de la Cruz fue muy creativo para responder a las necesidades de su tiempo, reconociendo, como dice en la Regla, que «el amor de Dios es muy ingenioso y no se manifiesta tanto con palabras, como con las obras y los ejemplos de quién ama» (XVI). Una fidelidad creativa a vuestro carisma os permitirá responder a las necesidades de la gente de hoy, permaneciendo cerca del Cristo sufriente para poder llevar su presencia a un mundo que sufre.

Vuestra Congregación ha dado muchos ejemplos de santidad al pueblo de Dios; pensemos en san Gabriel de Nuestra Señora de los Dolores, un joven cuyo gozoso seguimiento de Cristo todavía habla a los jóvenes de hoy. El testimonio de los santos y beatos de vuestra familia religiosa manifiesta la fecundidad de vuestro carisma y representa modelos de inspiración para vuestras decisiones apostólicas. La fuerza y ​​la sencillez de vuestro mensaje, que es el amor de Dios revelado en la Cruz, todavía pueden hablar a la sociedad actual, que ha aprendido a no confiar solo en las palabras y a dejarse convencer solamente por los hechos. Para muchos jóvenes que buscan a Dios, la Pasión de Jesús puede ser fuente de esperanza y valor, mostrándoles que todos son amados personalmente y hasta el final. ¡Qué vuestro testimonio y apostolado continúen enriqueciendo a la Iglesia, y que siempre permanezcáis cerca de Cristo crucificado y de su pueblo que sufre!

La bendición apostólica, que ahora os imparto de todo corazón, a vosotros capitulares y a toda la familia Pasionista, os acompañe en vuestro camino. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. Gracias.

 


Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 22 de octubre de 2018.

 



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