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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS ORGANIZADORES Y ARTISTAS DEL "CONCIERTO DE NAVIDAD EN EL VATICANO"

Sala Clementina
Viernes, 13 de diciembre de 2019

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Queridos amigos:

Un cordial saludo a todos vosotros. Me alegra encontraros en vísperas del Concierto de Navidad en el que participaréis. Saludo al cardenal Versaldi y a los colaboradores de la Congregación para la Educación Católica.

El tiempo que precede a la Navidad nos llama a todos a preguntarnos: ¿Qué espero en mi vida, cuál es el gran deseo de mi corazón? Y vosotros también, con vuestras canciones, hacéis que surjan o resurjan en la mente de tantas personas esta sana “tensión” tan humana. Después de todo, es Dios quien puso este deseo, esta “sed” en nuestros corazones. Y Él nos sale al encuentro en este camino. Ciertamente no en la vana compulsión de tener y aparecer, no, allí Dios no va, y uno no lo encuentra. Pero seguramente va donde hay hambre y sed de paz, hambre y sed de justicia, de libertad, de amor.

Este año, siguiendo las huellas de san Francisco de Asís, he vuelto a proponer el belén como un signo sencillo y admirable del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. «Desde el belén emerge claramente el mensaje de que no podemos dejarnos engañar por la riqueza y por tantas propuestas efímeras de felicidad. […] Al nacer en el pesebre, Dios mismo inicia la única revolución verdadera que da esperanza y dignidad a los desheredados, a los marginados: la revolución del amor, la revolución de la ternura. Desde el belén, Jesús proclama, con manso poder, la llamada a compartir con los últimos el camino hacia un mundo más humano y fraterno, donde nadie sea excluido ni marginado» (Admirabile signum, n. 6).

Estamos ante un misterio desconcertante en su humildad. Dios es impredecible y continuamente fuera de nuestros esquemas. Una tal provocación es una invitación constante a no enorgullecernos y a saber captar esa fuerza desarmante en cada pequeño gesto de buena voluntad. Esto es aún más cierto para aquellos que, como vosotros, trabajáis en estrecha colaboración con los jóvenes y ejercéis una cierta influencia en su forma de pensar y de comportarse. San Pablo VI, dirigiéndose precisamente a vosotros y a vuestro papel, decía que el mundo «tiene necesidad de la belleza para no caer en la desesperanza. La belleza, como la verdad, es quien pone alegría en el corazón de los hombres; es el fruto precioso que resiste la usura del tiempo, que une las generaciones y las hace comunicarse en la admiración» (Mensaje a los artistas, 8 de diciembre de 1965).

Por eso, todos estamos llamados a construir una “aldea global de la educación, donde quien la habita genera una red de relaciones humanas, que son la mejor medicina contra cualquier forma de discriminación y de aislamiento. En esta aldea, la educación y el arte se encuentran a través de los lenguajes de la música y la poesía, de la pintura y la escultura, del teatro y el cine. Todas estas expresiones de la creatividad humana pueden ser “canales” de fraternidad y de paz entre los pueblos de la familia humana, así como de diálogo entre religiones. En este sentido, expreso mi agradecimiento a los Salesianos y a Scholas Occurrentes por el esfuerzo con el que llevan a cabo sus proyectos en la Amazonía con este espíritu de servicio.

Queridos artistas, os doy las gracias por vuestra aportación. Os deseo todo lo mejor para vuestra actividad y para vuestro camino espiritual. ¡Ojalá vuestro corazón se enternezca ante el misterio de la Navidad, y así sabréis transmitir un poco de esta ternura a quienes os escuchan! Gracias de nuevo y buen concierto.


Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 13 de diciembre de 2019.



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