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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
Al EMBAJADOR DE PAPUA NUEVA GUINEA
*

Sábado 5 de enero de 1991

 

Señor Embajador:

Me complace recibirlo en el Vaticano al comenzar su misión como Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de Papua Nueva Guinea ante la Santa Sede. Su joven nación, que el año pasado celebró el 15° aniversario de su independencia, se ha prefijado el elevado objetivo de construir una sociedad armoniosa, que honre y abrace la rica diversidad étnica de su pueblo. Con la seguridad de mi oración por la paz y la prosperidad de su País, le pido transmita mis cordiales saludos al Gobernador General, al Gobierno y a todos sus compatriotas.

Usted se ha referido al apoyo que su nación brinda a las iniciativas encaminadas a favorecer la paz y la estabilidad en el mundo. Todo el que trabaje sinceramente por el desarrollo integral de la sociedad humana, hallará un cooperador de buena voluntad en la Iglesia Católica. Siempre consciente de la unidad de la familia humana, la Santa Sede está convencida de que los esfuerzos por promover el diálogo y la solidaridad entre los individuos y los pueblos son incumbencia de todas las naciones y representan una de las más urgentes exigencias morales de nuestro tiempo. A través de su presencia en el seno de la comunidad internacional, la Santa Sede se esfuerza por alentar y fortalecer este diálogo, sobre todo, por lo que concierne a los valores morales y éticos que son el fundamento esencial de una sociedad justa y de una paz verdadera y duradera.

En este contexto, la Iglesia se interesa por servir al bienestar de los individuos y de los pueblos, en especial donde la dignidad y los derechos humanos están amenazados o donde existen la pobreza, el hambre o estructuras sanitarias y oportunidades educativas insuficientes. La Iglesia tiene una antigua tradición en este tipo de servicio, y por ello dedica todos sus esfuerzos a la persona humana en las circunstancias concretas de su vida. A la luz de esta perspectiva, manifiesto la esperanza ferviente de que las dificultades que han surgido en torno a Bougainville sean afrontadas por todos los interesados de una manera humanitaria, y con absoluta confianza en el diálogo y en las negociaciones como el medio apropiado para una solución efectiva y justa.

En otro orden de cosas, en los últimos años ha ido creciendo la preocupación por el medio ambiente como una de las más apremiantes cuestiones que afectan al mundo. El problema ecológico representa un reto global, que implica tanto a las naciones desarrolladas como a las que están en vías de desarrollo. Papua Nueva Guinea puede dar una contribución específica en el interior de la comunidad internacional, para que crezca la conciencia de que urge afrontar efectivamente esta cuestión. Ya que muchos valores éticos, fundamentales para el desarrollo de una sociedad pacífica, son particularmente relevantes en relación con el problema ecológico (Mensaje para la Jornada mundial de la Paz de 1990, 2), sus esfuerzos como nación por promover la administración responsable de los dones de la naturaleza, pueden sacar fuerza y orientaciones de las tradiciones morales, culturales y religiosas de su pueblo.

Usted ha mencionado el papel que la Iglesia Católica ha desempeñado en el desarrollo de su País. La actividad de la Iglesia en esta área se basa en su convicción de que el desarrollo de la persona humana y el crecimiento de la propia sociedad están mutuamente condicionados (Gaudium et spes, 25). Hace casi siete años en Port Moresby, di gracias gozosamente a Dios por el modo como los católicos habían contribuido al bienestar y al desarrollo de su País (Discurso en el aeropuerto de Port Moresby, 7 de mayo de 1984). Hoy prosigue su obra por el bien integral de todo el pueblo de Papua Nueva Guinea, en particular mediante su compromiso en los campos de la educación, la asistencia sanitaria y los servicios sociales.

Señor Embajador, le expreso mis mejores deseos de éxito al asumir esta nueva responsabilidad dentro de la comunidad diplomática acreditada ante la Santa Sede. Le aseguro la buena disposición de las diversas oficinas de la Curia Romana para asistirlo en el cumplimiento de sus obligaciones. Invoco de todo corazón sobre usted y sobre todo el querido pueblo de Papua Nueva Guinea la abundante bendición del Todopoderoso.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española, n. 4, p.6 (p.42).



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