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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN XXIII
AL MWAMI DE BURUNDI,
SU MAJESTAD MWAMBUTSA IV
*

Domingo 16 de diciembre de 1962

 

Majestad:

En el curso de este año que está acabando hemos tenido la ocasión de recibir, en visita oficial, a tres Jefes de Estados africanos. La visita de V. M. renueva hoy el gozo que sentimos, al advertir que una de las principales preocupaciones de los que presiden los destinos de estas jóvenes naciones es venir a rendir homenaje al humilde Sucesor de San Pedro.

Por Nuestra parte, Nos asociamos a las fiestas que, el primero del pasado julio, enmarcaban el acceso de Burundi a la independencia. Vuestra Majestad tuvo a, bien anunciar a Nuestro representante, que os ofreció en aquel día Nuestros votos y felicitaciones, Vuestra intención de venir sin tardanza a visitarnos en el Vaticano.

Este propósito de Vuestra Majestad, hoy felizmente realizado, Nos emociona vivamente, pues manifiesta su estima por los valores, morales y espirituales, y manifiesta con evidencia sus sentimientos de benevolencia para con la Iglesia.

Hace ya largo tiempo que los hijos de la Iglesia están trabajando en Burundi. La Providencia ha hecho fructificar su apostolado, en los campos de la pastoral y de la enseñanza, y los resultados de sus esfuerzos han beneficiado de una manera especial a todo el país. No solamente las escuelas primarias —según se Nos informa— son numerosas y muy frecuentadas, pues también los estudios secundarios son florecientes, y la misma enseñanza superior se ha desarrollado de tal forma que honra a la vez a los esforzados misioneros que la han implantado y a los dignos hijos de Burundi que colaboran y que se benefician de ella.

Nos, que llevamos en el corazón la elevación moral y espiritual de todos los pueblos no podemos menos que gozarnos y dar gracias a Dios.

Deseamos que la marcha de vuestro país por el camino abierto por la independencia continúe en una atmósfera de concordia y buen entendimiento.

Vuestra Majestad, Nos lo sabemos, ha trabajado esforzadamente por mantener la paz interior e impedir las revueltas en un período difícil. Y continuará, estamos seguros, ejerciendo su benéfica influencia: promoviendo la fecunda colaboración de todos para asegurar la prosperidad espiritual y económica del país, y suavizando las divergencias que se puedan manifestar en detrimento del verdadero bien de la comunidad nacional.

Dios bendiga el progreso de Vuestro joven Estado: se lo pedimos de todo corazón. En cuanto a Nos, tenemos que decir a Vuestra Majestad, que en todo lo que emprenda por el bien de su pueblo, puede estar seguro de encontrar a la Iglesia dispuesta a prestarle su leal e incondicional colaboración. Con estos sentimientos damos la bienvenida a Vuestra Majestad e invocamos sobre ella y sobre Burundi la abundancia de las bendiciones divinas.

 


*  AAS 55 (1963) 41; Discorsi-Messaggi-Colloqui del Santo Padre Giovanni XXIII, vol. V, pp. 40-41.

 

 



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