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[ ES  - LA ]

MENSAJE DE SU SANTIDAD PABLO VI
A LOS PEREGRINOS POLACOS REUNIDOS EN EL SANTUARIO DE PIEKARY


Domingo 31 de mayo de 1964

 

Queridos hijos:

A todos y cada uno os saludamos queridos hijos, reunidos en común en el sagrado templo de la ciudad de Piekary, donde es venerada la imagen milagrosa de la Virgen María, Madre de Dios, siguiendo el camino y las costumbres de vuestros mayores.

Con los ojos del corazón contemplamos vuestra gran multitud, jóvenes y adultos, flor y vigor del pueblo polaco, y «recordando las hazañas de vuestra fe, de vuestro esfuerzo, de vuestra caridad y de vuestra acendrada esperanza en Cristo Nuestro Señor», no sabemos decir si sois acreedores de nuestra caridad o de nuestra admiración. Ambas cosas sentimos que inundan nuestro corazón; y movidos por esta gran benevolencia, plena de congratulación, hacemos fervientes votos para que vuestra piadosa peregrinación logre frutos espirituales muy fecundos.

¿Hay tesoro más valioso que la fe católica y la vida de acuerdo con ella, que como herencia sagrada habéis recibido de vuestros mayores para conservarla y transmitirla a vuestros descendientes? Elevamos oraciones a Dios para que, siguiendo el ejemplo del pueblo sacerdotal y del rey de la Nueva Alianza, la Santa Iglesia, permanezcáis cimentados en la fe, estables e inamovibles de la esperanza en el Evangelio (cfr. Col 1, 23), con la intercesión de la bienaventurada Virgen María, que sin duda la tendréis propicia, pues hoy, último día de mayo, se celebra con gozo y devoción la fiesta de su dignidad real.

Que María, más santa que los santos, y santísimo receptáculo de la santidad, señora y princesa, reina de los cielos y de los hombres y por título singular reina excelsa de la siempre fiel Polonia, siempre victoriosa y llena de gracia, os alcance de Dios a todos los que hoy estáis congregados en su honor los dones que pueden ser de provecho a vuestra salvación. Que, como Madre de misericordia, vuelva hacia vosotros sus dulces ojos, y con mano generosa os inunde de bienes; que a todos os conceda una vida pura; que aumente la solidez de vuestros lazos, y proteja bajo su manto maternal a vuestras familias, las adorne con todas las virtudes, despierte en todos la esperanza, fomente el fervor en la caridad; que os otorgue el bálsamo de su consuelo y a vuestra Patria la tranquilidad de tiempos felices.

Con estos auspicios, a todos vosotros, queridos hijos, reunidos en el templo mariano de Piekary; a vuestros obispos y sacerdotes. a vuestros dirigentes y a todos vuestros seres queridos, en especial a vuestros niños y a vuestros ancianos que habéis dejado en casa, os impartimos de corazón nuestra bendición apostólica.



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