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ALOCUCIÓN DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL "MOVIMIENTO APOSTÓLICO" DE LOS CIEGOS


Martes 3 de noviembre de 1964

 

Vuestra visita nos es muy grata, nos trae la representación de una gran categoría de personas, los ciegos, nuestros queridos hijos los ciegos, a los que nos sentimos muy cercanos, por la simpatía humana por ser hombres privados del don inefable de la vista, y a los que nos sentimos muy obligados en prodigar asistencia y afecto por la predilección cristiana que debemos a los que andan en busca de la luz, amados y favorecidos por Cristo y por Él beneficiados con el milagroso don de la vista, tanto física como espiritual.

Y también nos es muy grata vuestra visita por el hecho de que vosotros sois los amigos de los ciegos, y los reunís en una institución que llamáis “Movimiento Apostólico”, que les hace sentir doble consuelo: el de la unión y el de la acción, uno y otro caracterizados y ennoblecidos por una finalidad moral y religiosa que, ciertamente, merece la calificación de apostólica. Contad con nuestro elogio y aliento por esta actividad tan exquisitamente benéfica. Pues si vuestro esfuerzo no se encamina a dar a los ciegos esa asistencia, primordial e indispensable, delicada en sumo grado, larga y compleja, que trata de ofrecerles, con maravillosos resultados, las compensaciones sensoriales necesarias para su educación, su cultura y su profesión, pretende, sin embargo, procurar a los ciegos otras compensaciones, sociales y espirituales, que presten a su conciencia el consuelo de sentirse en comunión de propósitos y actividades con los demás hermanos y que confirmen su espíritu con la experiencia de un trabajo no en favor suyo, sino en favor de los demás. Vosotros les proporcionáis la alegría de ser útiles al prójimo, de servir a la sociedad, de edificar la Iglesia; la alegría de amar. Vosotros les proporcionáis los ojos del corazón.

Si es tan grande vuestra obra, no cabe duda que encontrará el favor de los ciegos. La experiencia demuestra, para estupor y alegría de todos, la riqueza con que cuentan estos queridos hermanos en sensibilidad, facultades artísticas, morales y operativas. Son magníficos alumnos y también campeones en el campo de la acción en la que han sido educados. Es de creer, por tanto, que vuestros ciegos se dejarán educar en los programas de acción que vosotros les presentáis, y que de alumnos del “Movimiento Apostólico” se convertirán en sus mantenedores y guías. Les invitamos por ello, paternalmente, a seguir las huellas que el “Movimiento Apostólico” ofrece a los pasos de su espíritu; dirige las filas un activo, un experto pastor en guiar la grey, es decir un obispo, monseñor Benedetti, obispo de Lodi, cuyo celo y generosidad conocemos muy bien. Nos mismos le estamos muy agradecidos.

Nuestra afectuosa bendición asiste y guía a los queridos ciegos del “Movimiento Apostólico”, que precisamente, por estar dirigida a los ciegos, se extiende a todos aquellos que, virtuosamente soportando la prueba de la privación de la luz exterior, pueden encontrar en nuestra bendición confirmación para su luz interior.

 



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