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RADIOMENSAJE DEL SANTO PADRE PABLO VI
AL SEMINARIO ITALIANO "PRO AMERICA LATINA"

Domingo 8 de noviembre de 1964

 

Con profunda satisfacción os dirigimos nuestra palabra, venerables hermanos y queridos hijos reunidos en Verona para la inauguración del nuevo edificio del seminario “pro América latina”, que vuestra filial piedad ha puesto bajo la protección de la Virgen Nuestra Señora de Guadalupe.

Verona, notable por sus tradiciones culturales y artísticas, por su prestigio en todos los tiempos, destacado centro religioso desde la época de San Zenón, su gran obispo, y hoy también ferviente en obras y en vida católica, ha querido recibir en su tierra a un Instituto que es, y quiere ser, la expresión de una manifiesta convergencia de preocupaciones y esfuerzos para la colaboración apostólica en favor de América latina.

La presencia, en este momento solemne, de calificados representantes de nuestros venerables hermanos en el episcopado italiano y latinoamericano, y de otros obispos que se interesan por los problemas espirituales de aquel continente, testimonia que la obra para la que hoy se implora la bendición del Señor ha nacido de una maravillosa unión de propósitos, de fuerzas y de intenciones, Unión y solidaridad paternalmente anhelada por nuestro predecesor de venerable memoria Pío XII con ocasión de la Conferencia general del Episcopado Latino-Americano de 1955, en Río de Janeiro, afirmando: “Queremos que todos consideren la posibilidad y los grandes beneficios de una más amplia y cordial cooperación, a la que invitamos no solamente a la jerarquía y a los fieles de América Latina, sino también a todos los demás pueblos que de una u otra forma pueden proporcionar ayuda y sostén. Estamos seguros que los beneficios que ahora se reciban se multiplicarán más tarde de una forma extraordinaria. Vendrá un día en que la América latina podrá devolver a toda la Iglesia de Cristo lo que ha recibido; cuando —como es deseo de todos— pueda contar con las vastas y preciosas energías que sólo esperan la mano sacerdotal para dedicarse con entusiasmo activo al servicio y al culto de Dios y al advenimiento de su reino” (Carta apostólica Ad Ecclesiam Christi, AAS, 1955, pág. 544.)

Desde aquel día las iniciativas en favor de América latina se han ido multiplicando en todas partes: en Canadá y en los Estados Unidos, en Austria, en Bélgica, en Francia, Alemania, Irlanda, Italia, Holanda, España y Suiza. Todos comprometidos, jerarquía y fieles, en favor de ese “formidable bloque católico, que por sus dimensiones, por su población, la robustez de su fe y espléndido futuro representa hoy en todos los ordenes, pero especialmente en el religioso, una de las grandes esperanzas del mañana” (Pío XII, A los rectores de los seminarios Mayores de América latina, AAS 1958, pág, 947).

Damos gracias al Señor porque nos proporciona hoy la alegría de recoger este nuevo fruto, mientras nuestro pensamiento, colmado de gratitud, se centra en todos los que han promovido, favorecido y ayudado a la creación de un centro de estudios y de formación tan importante para una acción eficaz pastoral en los países latinoamericanos.

La iniciativa promovida por la Santa Sede y emprendida por la Comisión pontificia para América latina en 1961, no sin cierto temblor y temor, ha encontrado una gran comprensión y una cordial correspondencia. El episcopado italiano ha ofrecido jóvenes aspirantes al sacerdocio, prometedoras esperanzas del mañana; la generosidad de la diócesis de Verona ha puesto a disposición el terreno, y otros bienhechores, entre los que merecen mención especial el obispado alemán y el señor cardenal arzobispo de Boston, han provisto a la construcción del edificio.

El seminario Nuestra Señora de Guadalupe, con amplios locales y modernas instalaciones, puede ahora cumplir su tarea formativa, y será, lo deseamos de corazón, fragua de verdaderos apóstoles y heraldos del Evangelio. Está también destinado a recibir, para breves cursos de preparación intensiva, a aquellos generosos sacerdotes que, dotados de los necesarios requisitos, desean trasladarse a América latina para desarrollar su apostolado. Sacerdotes sensibles a la llamada de nuestro venerado predecesor Juan XXIII, quien dirigiéndose al cardenal presidente de la Conferencia episcopal italiana, después de haber bendecido la “laudable y providencial empresa del seminario Nuestra Señora de Guadalupe”, afirmaba: “Es nuestro deseo que se consideren también atentamente otras posibles formas de inmediata cooperación sacerdotal, concretándose en el envío de sacerdotes bien preparados”.

Ministerio comprometedor que requiere generosidad, constancia, y espíritu de sacrificio. Muy bien se ha apercibido de ello el Consejo Episcopal Italiano pro América Latina (CEIAL), el cual está escogiendo y cualificando a las personas que va a enviar a aquel continente, estando en vías de realización un programa de asistencias, especialmente espiritual, para los sacerdotes que ya se encuentran en sus puestos.

Admirando el continuo incremento de iniciativas y la incesante obra de estímulo, iluminación y coordinación que el Consejo Episcopal Italiano pro América latina está realizando en las parroquias, asociaciones apostólicas de seglares y seminarios en favor de aquel continente, no podemos menos que alegrarnos. La Unión y la colaboración fraterna entre las diócesis italianas y latinoamericanas —enriquecida por la perspectiva del espíritu renovador del Concilio Ecuménico— será para todos un eficaz enriquecimiento: invitará a los sacerdotes a considerar cada vez más estrictamente sus deberes de apostolado; hará a los fieles cada vez más conscientes de su pertenencia a la Iglesia universal, en la cual, superando los angostos límites del espacio, se sientan comprometidos todos por cada uno, y cada uno por todos, pues todos son hijos del mismo Padre Celestial; los invitará a una mayor generosidad con relación a las urgentes necesidades de sus hermanos, sobrellevando unos y otros el peso de los demás para cumplir plenamente la ley de Cristo (Cfr. Gal 6,2).

Aseguramos nuestra oración a este gran fervor de obras para que este “sensus Ecclesiae” se consolide y desarrolle en pro de la afirmación de la anhelada solidaridad consciente de la obra de la Redención: “Continúen las ayudas tan encomiables y también necesarias de hombres y de medios” (Pablo VI, Homilía de canonización de los mártires de Uganda, 18 de octubre de 1964), extiéndase la acción santificadora de la Iglesia y cúmplase el designio de Dios en la salvación de tantas almas, hoy privadas de la asistencia espiritual por la falta de obreros del Señor.

Nos complacemos de forma especial en estos momentos con el venerable hermano cardenal Carlos Confalonieri, que, en calidad de presidente de la Comisión pontificia pro América latina, sabe tan fructíferamente coordinar las iniciativas de los diversos países; con el celoso pastor de la veneranda iglesia de San Zenón y presidente del Consejo Episcopal Italiano pro América Latina, que con tanta inteligencia y entrega dirige el movimiento italiano, y con los beneméritos obispos de las organizaciones similares de las demás naciones; nuestro aplauso y aliento también para nuestros hermanos del episcopado italiano, que ofrecen sus mejores jóvenes a los obispos latinoamericanos en favor de una causa tan santa; a los insignes bienhechores, y a cuantos han cooperado en la realización de la nueva sede del seminario; a los superiores y alumnos carísimos; a los sacerdotes presentes en el III Curso de preparación,

A todos los ponemos bajo la protección de Nuestra Señora la Virgen Santísima de Guadalupe, y para que en todos reine la paz del Señor, con la alegría del deber cumplido y con la confianza del que queda por cumplir, de corazón os impartimos, venerables hermanos y queridos hijos, nuestra bendición apostólica.

 



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