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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LA DELEGACIÓN DEL PATRIARCADO ECUMÉNICO
DE CONSTANTINOPLA
EN LA FIESTA DE SAN PEDRO Y SAN PABLO


Jueves 28 de junio de 2011

 

Queridos hermanos en Cristo:

Sed bienvenidos a Roma con ocasión de la fiesta de los patronos de esta Iglesia, los apóstoles san Pedro y san Pablo. Me complace particularmente saludaros con las palabras que san Pablo dirigió a los cristianos de esta ciudad: «Que el Dios de la paz esté con todos vosotros» (Rm 15, 33). Agradezco de todo corazón al venerado hermano, el patriarca ecuménico Su Santidad Bartolomé I y al Santo Sínodo del Patriarcado ecuménico que os han enviado a vosotros, queridos hermanos, como sus representantes para participar aquí con nosotros en esta solemne celebración.

El Señor Jesucristo, que se apareció a sus discípulos después de su resurrección, les encomendó la misión de ser testigos del Evangelio de salvación. Los Apóstoles llevaron a cabo fielmente esta misión, dando testimonio, hasta llegar al sacrificio cruento de la vida, de la fe en Cristo Salvador y del amor a Dios Padre. En esta ciudad de Roma, los apóstoles san Pedro y san Pablo afrontaron el martirio y desde entonces sus tumbas son objeto de veneración. Vuestra participación en esta fiesta nuestra, como la presencia de nuestros representantes en Constantinopla para la fiesta del apóstol san Andrés, expresa la amistad y la auténtica fraternidad que une a la Iglesia de Roma y al Patriarcado ecuménico, vínculos que se fundan sólidamente en la fe recibida por el testimonio de los Apóstoles. La íntima cercanía espiritual que experimentamos cada vez que nos reunimos, es para mí motivo de profunda alegría y de gratitud a Dios. Al mismo tiempo, sin embargo, la comunión incompleta que ya nos une debe crecer hasta alcanzar la plena unidad visible.

Seguimos con gran atención el trabajo de la Comisión mixta para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto. Desde una perspectiva puramente humana, se podría tener la impresión de que el diálogo teológico sufre dificultades para avanzar. En realidad, el ritmo del diálogo está vinculado a la complejidad de los temas en discusión, que exigen un extraordinario esfuerzo de estudio, de reflexión y de apertura recíproca. Estamos llamados a proseguir juntos, en la caridad, este camino, invocando del Espíritu Santo luz e inspiración, con la certeza de que él nos quiere llevar al pleno cumplimiento de la voluntad de Cristo: que todos sean uno (cf. Jn 17, 21). Estoy particularmente agradecido con todos los miembros de la Comisión mixta y, en especial, con los co-presidentes, el metropolita de Pérgamo Ioannis y el cardenal Kurt Koch, por su infatigable dedicación, su paciencia y su competencia.

En un contexto histórico de violencia, indiferencia y egoísmo, muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo se sienten desorientados. Y precisamente con el testimonio común de la verdad del Evangelio podremos ayudar al hombre de nuestro tiempo a encontrar de nuevo el camino que conduce a la verdad. La búsqueda de la verdad, de hecho, es siempre también búsqueda de la justicia y de la paz; y con gran alegría constato el gran compromiso con que Su Santidad Bartolomé se prodiga en estos temas. En unión de propósitos y recordando el bello ejemplo de mi predecesor, el beato Juan Pablo II, he querido invitar a los hermanos cristianos, a los exponentes de las demás tradiciones religiosas del mundo y a personalidades del mundo de la cultura y de la ciencia, a participar el próximo 27 de octubre, en la ciudad de Asís, en una Jornada de reflexión, diálogo y oración por la paz y la justicia en el mundo, que tendrá como tema «Peregrinos en la verdad, peregrinos en la paz». Caminar juntos por las calles de la ciudad de San Francisco será el signo de la voluntad de seguir recorriendo la senda del diálogo y de la fraternidad.

Eminencia, queridos miembros de la delegación, dándoos las gracias de nuevo por vuestra presencia en Roma en esta solemne circunstancia, os pido que llevéis mi fraternal saludo al venerado hermano el patriarca Bartolomé I, al Santo Sínodo, al clero y a todos los fieles del Patriarcado ecuménico, asegurándoles el afecto y la solidaridad de la Iglesia de Roma, que hoy está de fiesta por sus santos fundadores.

Vaticano, 28 de junio de 2011


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