Index   Back Top Print

[ AR  - DE  - EN  - ES  - FR  - HR  - IT  - PT ]

PAPA FRANCISCO

REGINA COELI

Plaza de San Pedro
Domingo 1 de mayo de 2016

[Multimedia]


 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de hoy nos lleva al Cenáculo. Durante la Última Cena, antes de afrontar la pasión y la muerte en la cruz, Jesús promete a los Apóstoles el don del Espíritu Santo, cuya tarea será enseñar y recordar sus palabras a la comunidad de los discípulos. Lo dice Jesús mismo: «El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho» (Jn 14, 26). Enseñar y recordar. Esto es lo que hace el Espíritu Santo en nuestros corazones.

En el momento en el que está por regresar al Padre, Jesús anuncia la venida del Espíritu que ante todo enseñará a los discípulos a comprender cada vez más plenamente el Evangelio, a acogerlo en su existencia y a hacerlo vivo y operante con el testimonio. Mientras está por confiar a los Apóstoles —que quiere decir, en efecto, «enviados»— la misión de llevar el anuncio del Evangelio a todo el mundo, Jesús promete que no quedarán solos: estará con ellos el Espíritu Santo, el Paráclito, que estará a su lado, es más, estará en ellos, para defenderlos y sostenerlos. Jesús regresa al Padre pero continúa acompañando y enseñando a sus discípulos mediante el don del Espíritu Santo.

El segundo aspecto de la misión del Espíritu Santo consiste en ayudar a los Apóstoles a recordar las palabras de Jesús. El Espíritu tiene la tarea de despertar la memoria, recordar las palabras de Jesús. El divino Maestro ya había comunicado todo lo que quería confiar a los Apóstoles: con Él, Verbo encarnado, la revelación está completa. El Espíritu hará recordar las enseñanzas de Jesús en las diversas circunstancias concretas de la vida, para poder ponerlas en práctica. Es precisamente lo que sucede aún hoy en día en la Iglesia, guiada por la luz y la fuerza del Espíritu Santo, para que pueda llevar a todos el don de la salvación, es decir, el amor y la misericordia de Dios. Por ejemplo, cuando vosotros leéis todos los días —como os he recomendado— un trozo, un pasaje del Evangelio, pedid al Espíritu Santo: «Que yo entienda y recuerde estas palabras de Jesús». Y después leer el pasaje, todos los días... Pero antes, esa oración al Espíritu, que está en nuestro corazón: «Que recuerde y entienda».

Nosotros no estamos solos: Jesús está cerca de nosotros, en medio de nosotros, dentro de nosotros. Su nueva presencia en la historia se realiza mediante el don del Espíritu Santo, por medio del cual es posible instaurar una relación viva con Él, el Crucificado Resucitado.

El Espíritu, efundido en nosotros con los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, actúa en nuestra vida. Él nos guía en el modo de pensar, de actuar, de distinguir qué está bien y qué está mal; nos ayuda a practicar la caridad de Jesús, su donarse a los demás, especialmente a los más necesitados.

No estamos solos. Y el signo de la presencia del Espíritu Santo es también la paz que Jesús dona a sus discípulos: «Mi paz os doy» (v. 27). Esa es diversa de la que los hombres se desean o intentan realizar. La paz de Jesús brota de la victoria sobre el pecado, sobre el egoísmo que nos impide amarnos como hermanos. Es don de Dios y signo de su presencia. Todo discípulo, llamado hoy a seguir a Jesús cargando la cruz, recibe en sí la paz del Crucificado Resucitado con la certeza de su victoria y a la espera de su venida definitiva.

Que la Virgen María nos ayude a acoger con docilidad al Espíritu Santo como Maestro interior y como Memoria viva de Cristo en el camino cotidiano.


Después del Regina Coeli

Queridos hermanos y hermanas:

Mi cordial recuerdo va dirigido a nuestros hermanos de las Iglesias de Oriente que celebran hoy la Pascua. Que el Señor resucitado dé a todos los dones de su luz y su paz. ¡Christós anésti!

Recibo con profundo dolor las dramáticas noticias provenientes de Siria, relacionadas con la espiral de violencia que sigue agravando la ya desesperada situación humanitaria del país, en especial, en la ciudad de Alepo, y que continúa llevándose víctimas inocentes, incluso entre los niños, los enfermos y los que con gran sacrificio se comprometen a prestar ayuda al prójimo.

Invito a todas las partes involucradas en el conflicto a respetar el cese de las hostilidades y reforzar el diálogo en curso, único camino que conduce a la paz.

Se abre mañana en Roma la Conferencia internacional sobre el tema «El desarrollo sostenible y las formas más vulnerables de trabajo». Deseo que el evento pueda sensibilizar a las autoridades, las instituciones políticas y económicas y la sociedad civil, para que se promueva un modelo de desarrollo que tenga en cuenta la dignidad humana, en el pleno respeto de las normativas sobre el trabajo y el ambiente.

Os saludo, peregrinos provenientes de Italia y de otros países. En particular, saludo a los fieles de Madrid, Barcelona y Varsovia, como también a la Comunidad Abrahán, comprometida con proyectos de evangelización en Europa, a los peregrinos de Olgiate Comasco, Bagnolo Mella y los confirmandos de Castelli Calepio.

Saludo a la Asociación «Meter», que desde hace tantos años lucha contra toda forma de abuso sobre menores. ¡Esta es una tragedia! No debemos tolerar los abusos de menores. Debemos defender a los menores y debemos castigar severamente a los que abusan. Gracias por vuestro compromiso y seguid con coraje en esta labor.

A todos os deseo un feliz domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!


© Copyright - Libreria Editrice Vaticana