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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

La verdadera libertad

Viernes, 13 de abril de 2018

 

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 16, viernes 20 de abril de 2018.

 

En un mundo «demencial», cada vez «más esclavo» de modas, ambiciones y dinero, he aquí la verdadera libertad propuesta por Jesús mismo y realizada, también en las pruebas, por los apóstoles y por tantos cristianos que hoy son víctimas de las persecuciones, permaneciendo de todas formas siempre libres. Es un verdadero y auténtico himno a la libertad el lanzado por el Papa Francisco en la misa celebrada el viernes, 13 de abril, por la mañana en Santa Marta. «Una de las palabras que se repite mucho en este tiempo pascual es “libertad”, ser libres» hizo notar inmediatamente el Papa al inicio de la homilía. Y «Jesús, con su obra redentora, nos volvió a regalar la libertad, la libertad de los hijos».

«En el habla cotidiana —reconoció Francisco— muchas veces pensamos que ser libre significa hacer aquello que yo quiero y muchas veces»; pero significa también «convertirse en esclavo, porque si lo que yo quiero es una cosa que me tiene oprimido desde el corazón, yo soy un esclavo de ello, no libre».

«La liturgia de hoy nos hace reflexionar sobre tres personas, libres las tres» explicó el Pontífice refiriéndose a los pasajes de los Hechos de los apóstoles (5, 34-42) y al Evangelio de san Juan (6, 1-14) proclamados durante las lecturas. Y «nos hará bien reflexionar sobre cada uno de ellos». Comenzando por Gamaliel, que se presenta «en este pasaje, que es el final de una larga historia de la sanación del paralítico, que hemos leído estos días, donde los doctores de la ley, los sacerdotes, tenían la “patata caliente” en la mano y no sabían cómo resolver este problema». Pero ya «habían resuelto bien, según ellos, otro»: el «de los soldados frente al sepulcro: habían pagado con dinero». Pero, afirmó el Papa, «en este caso no se podía usar el mismo sistema» y «ni siquiera resolver metiendo» a los apóstoles «en la cárcel porque vieron que el ángel de Dios los liberó». Su problema era, por lo tanto, qué hacer con los discípulos.

«Gamaliel, hombre libre, piensa con la mente fría, les hace razonar y» mirando también a la «historia reciente», sugiere: «Tened paciencia, no os apresuréis, dad un poco de tiempo a la situación, pensad en lo que sucedió con Teudas, con Judá el Galileo, que parecían ser los salvadores y terminaron todos mal». En resumen, el consejo de Gamaliel es que «el tiempo» haga «su trabajo: tomad tiempo».

«El hombre libre no tiene miedo del tiempo: deja hacer a Dios» explicó Francisco. Y, de hecho, «da espacio para que Dios actúe en el tiempo: el hombre libre es paciente». Gamaliel «era un judío —no era un cristiano, no había reconocido a Jesús salvador— sino que era un hombre libre: hace su pensamiento, lo ofrece a los demás y es aceptado». Por el resto, «la libertad no es impaciente», reconoció el Papa. Es más, «la verdadera libertad tiene la paciencia de saber esperar, de dejar hacer a Dios». Es cierto, continuó el Pontífice, «también Pilatos piensa con la mente fría», tanto que se «da cuenta de que Jesús era inocente». Sobre todo «también su mujer» se había añadido «con esa historia de la pesadilla para darles un poco de miedo». Pero Pilatos «no consiguió resolver el problema porque no era libre, estaba apegado a la promoción». Su pensamiento fijo era más o menos este: «Si me va bien aquí en Judea, después llegará una promoción hacia otro puesto más grande». En definitiva, Pilatos no es un hombre «libre: pensaba bien, pero le faltaba el valor de la libertad porque era esclavo del arribismo, de la ambición, del éxito». En cambio, «Gamaliel es un ejemplo de un hombre libre que hoy la Iglesia nos ofrece», lanzó Francisco. Indicando después cómo «otro ejemplo Pedro y Juan que habían sanado al paralítico y ahora estaban frente al sanedrín». Finalmente «el sanedrín les puso en libertad pero “les hizo flagelar” —eran inocentes— “y les ordenaron no hablar en nombre de Jesús». Por lo tanto, Pedro y Juan, aunque «fueron flagelados injustamente, después “se fueron del sanedrín orgullosos de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes en el nombre de Jesús”».

He aquí «la alegría de imitar a Jesús: es otra libertad, más grande, más amplia, más cristiana». Y Pedro habría podido también ir «donde el juez y llevar a juicio al sanedrín —diciendo “he sido flagelado injustamente”— y pedir una indemnización». En cambio, «Pedro estaba alegre, Juan estaba alegre, porque habían sufrido en nombre de Jesús». Y «tal vez —añadió Francisco— en su mente les venían aquellas palabras de Jesús: “Dichosos, vosotros, cuando seáis insultados, perseguidos por mi causa. Dichosos vosotros”». Precisamente «esta es la alegría que ellos sentían: eran libres —digámoslo así— en el sufrimiento para seguir a Jesús». Y «aquel comportamiento cristiano» que nos lleva a reconocer: «Señor, tú me diste tanto, sufriste tanto por mí. ¿Qué puedo hacer por ti? Toma, Señor, mi vida, mi mente, mi corazón, todo es tuyo».

El Papa quiso, de nuevo, reproponer el comportamiento de los discípulos, así como está descrito en los Hechos: «Ellos entonces se fueron del sanedrín, orgullosos de haber sido juzgados dignos de sufrir ultrajes por el nombre de Jesús». Un comportamiento que revela, explicó, «otra libertad». Si, de hecho, «la primera era la libertad de un hombre justo» que «razonaba bien y buscaba el bien, esta es la libertad de un enamorado de Jesucristo, sellado por el Espíritu Santo, con la fe en Jesucristo: tú hiciste esto por mí, yo hago esto por ti». Y no hay que olvidar, recordó Francisco, que «también hoy hay muchos cristianos en la cárcel, torturados, que llevan adelante esta libertad de confesar a Jesucristo». Por lo tanto, insistió, «he aquí el segundo ejemplo de hombres libres: el primero es Gamaliel, el segundo, los apóstoles, pero con motivos diferentes».

«El tercer ejemplo es Jesús mismo —reafirmó el Pontífice— que hace ese milagro de la multiplicación de los panes, que no estuvo hecho con la varita mágica: fue precisamente hecho por el poder de Dios que Jesús tenía en él, porque él era Dios». Y «la gente se dio cuenta» afirmó el Papa, repitiendo las palabras del Evangelio: «la gente, dado el signo que había cumplido, decía: “Este es verdaderamente el profeta —es ese, finalmente ha vuelto, ha venido— aquel que viene al mundo”».

Frente a la gente «entusiasta», Jesús, «sabiendo que iban a tomarlo para hacerlo rey —porque, cuando el pueblo se mueve así, hace la revolución y lo hacen rey— se retiró de nuevo al monte, él solo». En resumen, «se cansó del triunfalismo, no se dejó engañar por este triunfalismo: era libre».

Francisco sugirió pensar en la «primera vez que Jesús sintió esta libertad y la enseñó, en el desierto, cuando fue tentado por Satanás» que le ofreció riquezas» diciéndole «tú puedes convertir las piedras en pan y también las piedras en oro, en plata». Y la respuesta de Jesús es «no». Pero he aquí que inmediatamente Satanás relanza, diciendo de nuevo «tú puedes hacer un milagro tal, echarles del templo y la gente creerá». Pero la respuesta de Jesús es siempre «no, porque era libre». Y «la libertad que tenía era seguir la voluntad del Padre». Así, cuando, de nuevo Satanás propone «un intercambio: hazme un acto de adoración y yo te daré todo», Jesús de nuevo dice «no, el Padre quiere otra vía de salvación». Y terminará en la cruz: Jesús es el ejemplo de libertad más grande».

«Pensemos en este día en mi libertad, nuestra libertad» invitó el Pontífice, volviendo a proponer los tres ejemplos: «Gamaliel, Pedro y Juan y Jesús mismo». Y sugiriendo algunas preguntas directas: «¿Mi libertad es cristiana? ¿Soy libre o soy esclavo de mis pasiones, de mis ambiciones, de tantas cosas, de las riquezas, de la moda?». Es cierto, hizo presente el Papa, «parece una broma, pero ¡cuánta gente es esclava de la moda!».

Por lo tanto, continuó Francisco en la propuesta de las preguntas para un examen de conciencia, «¿soy libre y sé pensar con la mente fría, como Gamaliel y dar espacio a Dios en la vida? ¿Soy libre? Y, cuando viene algún sufrimiento, hablo con Jesús y digo “tú has sufrido mucho por mí, para darme de nuevo la dignidad del hijo, ¿yo ofrezco esto? ¿Soy libre como Jesús, que siguió la voluntad del Padre para resanar nuestra filiación?».

«Pensemos en nuestra libertad —concluyó el Pontífice— en este mundo que es un poco “demente”, “demencial”» hasta tal punto que «grita “¡libertad, libertad, libertad! Pero es más esclavo, esclavo, esclavo: pensemos en esta libertad que Dios, en Jesús, nos da».

 



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