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SANTA MISA IN COENA DOMINI

HOMILÍA DEL SANTO PADRE FRANCISCO*

Cárcel de Paliano (Frosinone)
Jueves Santo, 13 de abril de 2017

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Jesús estaba cenando con los suyos en la última cena y, dice el Evangelio: “Sabiendo que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre”. Sabía que lo habían traicionado y que Judas lo habría entregado esa misma noche. “Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Dios ama así: hasta el extremo. Y da la vida por cada uno de nosotros, y se enorgullece de ello y lo quiere así porque El tiene amor: “Amar hasta el extremo” . No es fácil, porque todos nosotros somos pecadores, todos tenemos límites, defectos, tantas cosas. Todos sabemos amar, pero no somos como Dios que ama sin mirar las consecuencias, hasta el extremo. Y nos da el ejemplo: para enseñarlo, Él que era “el jefe”, que era Dios, lava los pies a sus discípulos. Lavar los pies era una costumbre de entonces, antes de los almuerzos y de las cenas, porque no había asfalto y la gente andaba entre el polvo. Por lo tanto, uno de los gestos para recibir a una persona en casa, y también a la hora de comer, era lavarle los pies. Era tarea de los esclavos, de los que estaban esclavizados, pero Jesús invierte esa regla y lo hace Él. Simón no quería, pero Jesús le explicó que tenía que ser así, que Él había venido al mundo para servir, para servirnos, para hacerse esclavo por nosotros, para dar su vida por nosotros, para amar hasta el extremo.

Hoy, en la calle, mientras llegaba , había gente que saludaba: Viene el Papa, el jefe. El jefe de la Iglesia… ¡El jefe de la Iglesia es Jesús, seamos serios! El Papa es la figura de Jesús y yo quisiera hacer lo mismo que hizo Él. En esta celebración, el párroco lava los pies a los fieles. Hay una inversión: el que parece más grande debe hacer un trabajo de esclavo, pero para sembrar amor. Para sembrar amor entre nosotros. Yo no os digo hoy que os lavéis los pies unos a otros: sería una broma. Pero el símbolo, la figura, sí: os diré que si podéis dar una ayuda, prestar un servicio, aquí en la cárcel, al compañero o a la compañera, lo hagáis.

Porque esto es amor, es como lavar los pies. Es ser siervo de los demás. Una vez los discípulos discutían entre ellos sobre quién era el más grande, el más importante, Y Jesús dice: “El que quiera ser importante, debe hacerse el más pequeño y el servidor de todos”. Y es lo que hizo Él, esto es lo que hace Dios con nosotros: nos sirve. Es el siervo. ¡A todos nosotros, que somos pobre gente, a todos! Pero Él es grande, Él es bueno. Y nos ama así como somos. Por eso, durante esta ceremonia pensemos en Dios, en Jesús. No es una ceremonia folclórica: es un gesto para recordar lo que nos dio Jesús. Después de esto, tomó el pan y nos dio su Cuerpo. Tomó el cáliz con el vino y nos dio su Sangre. Así es el amor de Dios. Hoy, pensemos solamente en el amor de Dios.


* Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

 



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