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VISITA PASTORAL DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN CRISPÍN DE VITERBO, EN LABARO

Domingo, 3 de marzo de 2019

[Multimedia]


 

Encuentro con niños, chicos y jóvenes

Encuentro con las familias

Encuentro con los pobres

Encuentro con los ancianos y enfermos

Homilía durante la Celebración Eucarística

Saludo final fuera de la iglesia

 


 

Encuentro niños, chicos y jóvenes

Párroco:

Santo Padre, le presento a una parte de nuestros jóvenes, de los jóvenes de la parroquia de San Crispín. Están los tres grupos de la Primera Comunión, los dos grupos de la Confirmación y los cuatro grupos de la Post-Confirmación, que son un poco más grandes. Ellos han organizado todo. Hemos pensado en cantarle una canción, los niños del Oratorio. Luego hay un niño que leerá una carta y los mayores le harán algunas preguntas sobre las curiosidades de su vida.

Una:

Santo Padre, me llamo Una y soy responsable del Oratorio. Formamos parte del Centro Oratorios Romano desde hace 20 años. Los niños quieren darle la bienvenida con una canción que a menudo cantamos en la iglesia y luego leer una carta que le han escrito.

(Canto)

Niño:

Hola Papa Francisco. Somos los niños del catecismo para la Primera Comunión y estamos muy contentos y emocionados de conocerte tan de cerca. Tu presencia es muy bonita para nosotros. Sabemos pocas cosas sobre ti: que vienes de Argentina, que te gusta el fútbol y que te enamoraste de Jesús. ¿Te gustaría contar algo más sobre ti? A menudo te vemos en la televisión y pensamos que eres una persona muy educada y amable con todas las personas, especialmente con los más débiles y más pobres; y te agradecemos por habernos enseñado a nosotros también. Queremos ser como tú y tener el coraje de recibir a los más necesitados. Mientras tanto, deseamos más que cualquier otra cosa recibir a Jesús en nuestros corazones: por eso vamos al catecismo y al Oratorio e incluso si no tenemos muchos juegos, estar juntos después de la misa siempre es muy bonito. Gracias por venir a nuestra casa: Creemos en serio que no olvidaremos nunca este día. Es realmente un regalo maravilloso. Te queremos mucho.

Gloria:

Santo Padre, bienvenido entre nosotros. Estoy muy contenta y llena de alegría por su visita. Soy Gloria, tengo 14 años, voy al liceo de letras y soy la cuarta de siete hijos. Soy una de los catequistas del Oratorio, formo parte de la Comunidad del Camino Neocatecumenal y de un grupo posterior a la Confirmación. En particular, después de la Confirmación se discuten temas que a menudo nos hacen descubrir que lo que pensamos o lo que el mundo piensa es completamente diferente de lo que Dios quiere de nosotros. A la luz de esto, Santo Padre, ¿cómo podemos defendernos de esta lucha diaria con el mundo?

Francesca:

Santo Padre, soy Francesca y estoy en el segundo año de [preparación para] Confirmación. Mi pregunta es: ¿Cómo puedo saber cuándo me enfrento a dos opciones, cuál es la correcta?

Angélica:

Santo Padre, soy Angélica, voy al segundo año de Confirmación y al de después de la Confirmación. Mi pregunta es: Santidad, le hemos esperado con impaciencia y ahora estamos muy contentos de que esté aquí con nosotros. ¿Qué siente al estar entre nosotros?

Lorenzo:

Santo Padre, soy Lorenzo y tengo 12 años y voy al segundo año de Confirmación. Mi pregunta es la siguiente: ¿Cómo podemos continuar nuestro camino en la fe?

Papa Francisco:

Gracias por las preguntas.

Son preguntas fáciles, de vida. Todas las preguntas proceden de la vida, de la experiencia de la vida. Son las cosas que sabéis y experimentáis cada día.

La primera, por ejemplo: ¿cómo defendernos de las voces, de las malas inspiraciones, de las que provienen del espíritu del mundo? Pero cuando hablo del espíritu del mundo, ¿quién es el amo del espíritu pagano, alejado de Dios, qué se llama el espíritu del mundo? ¿Quién es el jefe de allí? ¿Lo sabéis? ... No oigo ... ¿Quién es el jefe de la maldad?

[Responden]

¡El diablo!

Papa Francisco:

El diablo! Pero el diablo es una fantasía, no existe, ¿no?

Niño:

¡No!

Papa Francisco:

¿Cómo no? ¿Existe el diablo?

[Responden]

¡Sí!

Papa Francisco:

Pero ¿estáis seguros?

[Responden]

Sí... no...

Papa Francisco:

¿No es un cuento de viejas?

[Responden]

No... sí...

Papa Francisco:

Ah, ¿dudáis de ello? Eh, ¡la catequesis no va bien! ¡No dejéis mal a las catequistas! ¿Existe el diablo o no existe?

[Responden]

Sí... no...

Papa Francisco:

¿Quien dice no? [ríe] ¿Existe el diablo o no existe?

[Responden]

¡Sí!

Papa Francisco:

Ya. Existe, sí, es verdad, y es nuestro mayor enemigo. Es él que trata de que resbalemos en la vida. Es el que pone malos deseos en nuestros corazones, malos pensamientos y nos lleva a hacer cosas malas, las muchas cosas malas que hay en la vida, para terminar en guerras. El diablo... quiero una respuesta: Al diablo, ¿le gusta la paz?

[Responden]

¡No! ¡La odia!

Papa Francisco:

¡No! Porque vive haciéndonos la guerra. Dime ...

Niño:

¡El diablo es malo!

Papa Francisco:

Es malo, el diablo, es así. El diablo, ¿puede ser nuestro amigo?

[Responden]

¡No!

Papa Francisco:

¿Por qué?¿Qué hará si le digo: “Ven, que quiero ser tu amigo”, ¿qué nos hará?

[Responden]

Daño

Papa Francisco:

Daño. Nos llevará por el camino del mal, también a nosotros para hacer el mal. Retomo la primera pregunta: ¿Cómo podemos comportarnos para defendernos de estos bastonazos que nos da el diablo, que es el amo del mundo? ¿Cómo podemos? En primer lugar, con la oración. ¿Vosotros rezáis?

[Responden]

Sí!

Papa Francisco:

¿Seguro?

[Responden]

¡Sí!

Papa Francisco:

La oración ¿Quién nos defiende del diablo es? ... ¿Quién es?

Niño:

Jesús.

Papa Francisco:

Jesús,. Muy bien, tú vas muy bien. ¿Quién nos defiende del diablo?

[Responden]

Jesús.

Papa Francisco:

No oigo...

[Responden gritando]

¡Jesús!

Papa Francisco:

Eso es. Jesús es el Señor, manda. ¿Y qué hacía Jesús, cuando estaba en la tierra, con el diablo? “Vete”, le decía. Y el otro, que es un cobarde, se iba. Lo ahuyentaba. ¿Tiene Jesús poder sobre el diablo?

[Responden]

¡Sí!

Papa Francisco:

No oigo ...

[Responden más alto]

¡Sí!

Papa Francisco:

Sí, tiene poder. Por lo tanto, rezar a Jesús para que aleje de nosotros al diablo, para que no le deje que se acerque. ¿Sabéis cuál es la mayor cualidad del diablo? Porque tiene cualidades: ¡es muy inteligente, más inteligente que los teólogos! Es muy inteligente, y esta es una cualidad. Pero la cualidad, la forma de ser más grande que tiene el diablo, ¿quién me lo dice?

Niño:

Ser malo

Papa Francisco:

Ser malo. La maldad es una. Pero hay otra que usa con nosotros. ¿Cómo consigue meterse en nuestra vida? ¿Qué camino usa?... No oigo... Lo diré yo: El diablo es un mentiroso. Es un mentiroso. Porque te dice: mira lo bonito que es esto... Y hace lo mismo que hace la serpiente con el pajarito: Lo mira, lo adormece y luego se lo come. El diablo con nosotros, te hace ver las cosas y te dice: “Esto es bonito, te sentará bien, no obedezcas a tu padre ni a tu madre, no hagas esto, ve por este camino, te hará bien”, y luego te deja solo. y serás derrotado. ¿Cuál es la mayor cualidad del diablo? Es un ...

[Responden]

Mentiroso.

Papa Francisco:

Mas fuerte

[contestan gritando]

Mentiroso!

Papa Francisco:

En el evangelio se le llama el padre de la mentira. Dios es el Padre de la bondad. Este no puede ser el padre de la bondad, porque es malo, como dijiste: ¡es malo, malo! Pero para hacerse pasar por bueno, dice mentiras. ¿Lo habéis entendido?

[Responden]

Sí.

Papa Francisco:

Por lo tanto, el diablo es un...

[Responden]

Mentiroso!

Papa Francisco:

Mentiroso. “¡Vete, mentiroso!”. Así tenemos que decirle.

Y luego ¿cómo defenderse? Con la oración. Porque viene el ataque. Ve a Jesús, que nunca dijo una mentira. Jesús no puede decir mentiras. Jesús siempre nos dice la verdad. A veces no nos gusta, porque hay algunas verdades dolorosas, pero Él las dice. Jesús ... ¿es un mentiroso, Jesús?

[Responden]

¡No!

Papa Francisco:

¿Cómo es, Jesús? Bueno, veraz: siempre dice la verdad. El diablo es bueno, ¿es veraz?

[Responden]

¡No!

Papa Francisco:

¿Cómo es, el diablo?

[Responden]

Es malo, es un mentiroso.

Papa Francisco:

Es un mentiroso Entonces, para defendernos, siempre vamos con la oración a Jesús. Pero ... no solo a Él. Jesús, ¿cómo apareció en el mundo? ¿Ha caído de las estrellas? Vosotros cantáis: “Tu scendi dalle stelle”… Parece que ha caído de las estrellas, ¿o no? Dime...

Chico:

El diablo hace lo contrario de lo que dicen los mandamientos.

Papa Francisco:

Eso es: el diablo hace lo contrario de lo que dicen los mandamientos. Muy bien. Ahora, la pregunta: ¿cómo apareció Jesús en la tierra?

[Responden]

De María

Papa Francisco:

¿Quien es María?

[Responden]

María es la madre de Jesús.

Papa Francisco:

La Madre de Dios. Ella es la que nos trajo a Jesús. Y para defendernos contra el mentiroso, el diablo, también debemos ir a Nuestra Señora, ir a María y decir: “Madre, ayúdame, como has ayudado a tu Hijo Jesús”. La oración. Y luego, hablad con los catequistas, hablad en casa: “Se me ocurre esto, esto otro...”. El dialogo. El diálogo con la gente buena. Con el sacerdote, con los catequistas, con los buenos amigos. Oración y diálogo. Y hacer lo que el Señor nos dice. ¿De acuerdo?

Sois muy listos. Gracias.

La segunda pregunta es: “"Cuando tengo que tomar una decisión, ¿cómo puedo saber cuál es la opción correcta?”. Es la segunda pregunta. ¿Podemos cometer errores, o no podemos cometer errores?

[Responden]

Podemos estar equivocados.

Papa Francisco:

Todos podemos cometer errores. ¿Yo también puedo equivocarme?

[Responden]

Sí.

Papa Francisco:

¿Puede equivocarse el Papa?

[Responden]

Sí!

Papa Francisco:

Y ¿por qué? ¿Por qué puede equivocarse?

[Responden]

¡Porque es humano!

Papa Francisco:

Porque es humano: ¡bien dicho! Todos podemos equivocarnos. ¿Y cómo no equivocarse? En primer lugar, pensar bien acerca de las dos opciones, cual es la mejor, la que así lo parece. Luego, pedir consejo en casa, a los catequistas, al cura, al sacerdote, al obispo. Pedir consejo: “Me gustaría hacer esto o esto otro: ¿Qué debo hacer?”. Y rezar. De esta forma pondremos a prueba las dos posibilidades y elegiremos la más grande.

“Santidad, le hemos esperado con gran impaciencia y ahora estamos muy contentos de que esté con nosotros”. ¿Estáis contentos u os habéis aburrido?

[Responden]

Estamos contentos.

Papa Francisco:

¿Contentos de verdad?

[Responden]

Sí!

Papa Francisco:

Ah, gracias. “¿Qué siente Usted estando entre nosotros?”. Yo, cuando estoy con los niños, con los chicos, siento alegría porque veo que Jesús está entre vosotros, que habéis abierto vuestro corazón a Jesús y Jesús viene a vosotros. El corazón siempre está abierto a Jesús: si tenemos un corazón cerrado, Jesús no puede entrar. Y siento la alegría de ver qué queréis abriros a Jesús. ¿De acuerdo? ¿Sí? Muy bien.

Y luego, la última: “¿Cómo podemos continuar nuestro camino en la fe?”. Sí, tenéis que continuar. Ahora hacer la Comunión, luego en el Oratorio os preparáis para la Confirmación y después de la Confirmación, ¿qué hay?

[Responden]

El matrimonio

Papa Francisco:

El matrimonio. Lo has dicho, ¡bien! Porque muchos, después de la Confirmación, se despiden del párroco y no regresan hasta el momento del matrimonio. ¿Es bueno volver para el matrimonio? ¿Es bueno o no?

[Responden]

Sí.

Papa Francisco:

Sí. Otra pregunta: ¿Es bueno irse después de la Confirmación y no volver hasta el momento del matrimonio? No, eso no es bonito. La Confirmación es el sacramento que te da fuerza, fuerza para luchar, para avanzar, para ganar en la vida. No es el sacramento de despedida a la parroquia. ¿Es la Confirmación el sacramento de despedida a la parroquia?

[Responden]

No.

Papa Francisco:

No oigo ...

[contestan gritando]

¡No!

Papa Francisco:

No. ¿Es el sacramento que te da qué?

[Responden]

Fuerza.

Papa Francisco:

Fuerza: fuerza para vivir como cristiano, para luchar, porque viene a ti el Espíritu Santo que te ayuda. Y la Confirmación nos ayudará a salir adelante en la vida, a luchar, y sobre todo os dará algo muy bonito, porque viene el Espíritu Santo y el Espíritu Santo trae un don muy grande: la alegría. La Confirmación te dará alegría. Un niño o un niño que no es alegre, ¿está bien?

[Responden]

¡No!

Papa Francisco:

No oigo...

[contestan gritando]

¡No!

Papa Francisco:

No, no está bien: se marchita y estará triste, así que ... no está bien. Mantener la alegría Y si te sientes triste y no puedes estar alegre, ve donde tu madre, donde tu padre, donde el párroco, donde los catequistas y pregunta: “¿Por qué no puedo estar contento?”. Defender la alegría. Y dime: ¿el diablo os da alegría?

[Responden]

¡No!

Papa Francisco:

No.

Niño:

No, te da tristeza. Y rabia.

Papa Francisco:

Te da rabia, y ¿después? Tristeza. La gente piensa que cuando el diablo te dice “Haz esto”, te da alegría. Es una alegría aparente. Escuchad: ¿Os gustan los caramelos?

[Responden]

¡Sí!

Papa Francisco:

Os gustan, ¿verdad? Los caramelos siempre gustan. Si coméis un caramelo, y luego otro... qué bien, ¿no es así? Luego otro y otro... bien, ¿verdad? Siempre son buenos... Y luego una docena ... qué ricos. ¿Qué sentirás por la noche?

[Responden]

Dolor de estómago.

Papa Francisco:

Dolor de estómago. El diablo te da la alegría de un momento, y luego tienes “dolor de estómago” en el alma. Tu alma está enferma. En cambio, el Espíritu Santo te da la alegría que no enferma. ¿Entendido?

Sois muy buenos. Gracias. Y muy listos: gracias!

Chica:

Los niños quieren darte un regalo.

Papa Francisco:

Sí, gracias

[Los niños le dan regalos y el Papa Francisco habla con ellos]

Algo que no recuerdo: Jesús, cuando vino al mundo, ¿cayó de las estrellas?

[Responden]

¡No!

Papa Francisco:

¿Quién trajo a Jesús?

[Responden]

María.

Papa Francisco:

¿Rezamos juntos a la Virgen?

Dios te salve, María…

[Bendición]


 

Encuentro con las familias

Párroco

Santo Padre, ha conocido a algunas de las parejas de nuestra parroquia, parejas jóvenes que han preparado a los niños para el Bautismo, algunos todavía tienen que recibirlo. Ciertamente están llenos de alegría y en su nombre le digo que cuando supieron que podían ser recibidos por el Papa, se alegraron mucho de recibir esta bendición. Le cedo la palabra.

Papa Francisco:

Gracias por venir y traer a los niños.

El bautismo de un niño es un primer paso para toda la vida cristiana. Comienza a desarrollarse: Dios entra en los corazones de los niños, es como un sello que nunca desaparecerá, es el Señor, su presencia.

Y vosotros empezáis este camino, que no es fácil, porque hay tantos problemas infantiles: hoy está enfermo, mañana caprichoso, pasado mañana esto y esto otro... Pero vosotros acompañáis a los niños en el crecimiento: en el crecimiento físico, para que sea sano; en el crecimiento humano, psicológico y en el crecimiento espiritual. Es el primer paso. ¡Y acompañadlos siempre! Cuando el niño, la niña tiene a su padre y a su madre a su lado, se siente seguro. Al lado, pero algo a distancia, que se sientan libres, pero sepan que si pasa algo os tienen a su alcance. Y esto, lo sienten: saben cuando papá y mamá están cerca. Y esto es una seguridad. Pero también saben que papá y mamá los hacen crecer también solos, mirándolos desde lejos... Esta es la sabiduría que todos vosotros tenéis. Dejarlos crecer, que cada uno se sienta persona, pero con la seguridad de estar protegidos.

Y rezad por vuestros hijos: confiadlos al Señor, a Nuestra Señora, para que los custodian. Y ellos rezan por vosotros.

¡Gracias! Gracias por vuestro trabajo como padres. Gracias.

Ahora os bendeciré a vosotros, a vuestra vida familiar y a vuestros hijos.

[Bendición]

¡Y rezad también por mí! Gracias.


 

Encuentro con los pobres

El párroco:

Santo Padre, le presento a algunos amigos con quienes compartimos nuestro camino aquí en la parroquia. A menudo organizamos almuerzos con ellos, para estar juntos: uno lo hicimos en preparación de su visita, pero durante el año, junto con la Comunidad de San Egidio, nos gusta compartir. Compartir momentos de amistad y celebración, porque así crecemos juntos. Es un intercambio mutuo de experiencias que nos agrada. Todos estamos listos para escuchar su palabra.

Papa Francisco:

La palabra que el párroco repitió —creo que cuatro veces— es juntos. Cuando estamos solos, somos débiles, tenemos nuestras debilidades, materiales, espirituales, somos débiles. Solos somos débiles. Y muchas veces, solo terminaríamos derrotados. En cambio, cuando estamos juntos nos volvemos fuertes, fuertes para resistir, fuertes para avanzar, fuertes para ganar en la vida. Es la fortaleza del conjunto. Una vez escuché de una pareja, de una pareja, pero se puede decir de amigos, decían: “Alegría en dos, doble alegría; tristeza en dos, media tristeza”. Al compartir, la tristeza se reduce y las alegrías se levantan. Estar juntos: nos da fuerza, nos da alegría, nos hace menos tristes... Ayudarse juntos. Cada uno con lo que tiene: todos tenemos algo para el otro. Una palabra, una sonrisa, un consejo, una ayuda material..., cualquier cosa. Pero siempre juntos. No es casual que el párroco haya repetido esta palabra: este es el secreto de una comunidad, juntos. Una comunidad que empieza a dividirse, uno por un lado, otro por el otro, se destruye y cae, termina mal. Siempre juntos. No solos

[Mira a un bebé durmiendo] Ese niño duerme: ¡duerme como un tronco! [Risas] ¡Traté de despertarlo, y nada! Un tronco. ¿Por qué? Porque no está solo: está en los brazos de su madre y esto da seguridad. No está solo.

Nosotros también, cuando estamos juntos, podemos dormir tranquilos porque habrá otros que nos defenderán. Adelante con este juntos: es el lema que Dios ha inspirado al sacerdote de la parroquia hoy para que nos lo diga a todos. Juntos. Nunca solos. Siempre juntos. Y gracias. Rezad por mí

Ahora os doy la bendición a todos, y rezad por mí, no lo olvidéis, por favor.

[Bendición]


 

Encuentro con los ancianos y enfermos

El párroco:

Ha conocido a algunos de los amigos que seguimos a través de los ministros extraordinarios de la Comunión parroquial, a través de la Comunidad de San Egidio. Es solo una representación porque muchos, muchos han pedido una palabra, un signo de aliento y, por lo tanto, representan una multitud mucho más grande. Los ponemos en el centro de nuestra vida, por ejemplo, también durante la fiesta parroquial: en la fiesta parroquial, el domingo a las 11.30, lo hicimos el año pasado, lo haremos nuevamente este año, una bonita celebración seguida de un almuerzo con ellos. Estar con ellos para compartir también con ellos nuestras experiencias. Como Usted ha subrayado, repetimos también aquí la palabra juntos.

Papa Francisco:

Mientras venía aquí, antes de entrar, oí una voz interior que me decía: “Ahora te llevan al sindicato”. — “¿Pero qué sindicato?” — “¡El tuyo! El de los ancianos”. Este es el sindicato de los ancianos, pero estamos todos juntos, también los enfermos.

Gracias por estar juntos, como ha subrayado el párroco, porque así nos ayudamos, nos conocemos, podemos encontrar a alguien que nos preste algo de oído para escuchar nuestras cosas y nos diga alguna buena palabra y así seguimos adelante en la vida.

Diría a las personas mayores que la vejez no es algo feo: quieren hacer que se vea fea, pero no lo es. La vejez, cuando uno la vive bien, es como el buen vino, que con los años se hace mejor. Pero no hay que guardarla para nosotros, es para darla, ofrecerla, ofrecer sabiduría.

Y algo importante que recomiendo a las personas mayores es hablar con los jóvenes. Los jóvenes son buenos, están empezando la vida; hay que escucharlos, oírlos... Y luego, si te piden unas pocas palabras, decidles una o dos palabras de vuestra sabiduría: vuestra sabiduría tiene mucho que decir. Aprendemos con los años. Los niños aprenden a caminar con las caídas: caen, se levantan... Y nosotros hemos aprendido de tanto caernos, de tanto levantarnos, hemos aprendido muchas cosas: la sabiduría de la vida, que es un regalo del Señor.

También la enfermedad es algo que se ofrece a los demás: es verdad, la enfermedad es dolorosa, es una cruz. No es una cruz hermosa. Pero podemos vivir esta cruz con serenidad, para ofrecerla a los demás, ofrecer esta experiencia de la enfermedad que no es bonita, pero hacer que se vuelva fecunda en el corazón de los demás. Ancianos y enfermedades.

Y adelante: ofrezcamos nuestras experiencias a los demás. Cada uno de nosotros, los del “sindicato”, no debe estar cerrado en sí mismo: si es un buen vino, debe darlo. Sí, el vino puede estar en la bodega, pero si lo has embotellado y se queda allí, nadie recibirá el regalo del buen vino. El buen vino está para darlo, para ofrecerlo. Nuestra sabiduría de los años es para ofrecérsela a otros, sin ser aburridos: con discreción, pero ofrecerla, para que otros la aprovechen. Incluso la enfermedad, el testimonio de la enfermedad, llevada con paciencia, es un testimonio que nos hace muy bien. Ayudarnos unos a otros nos hará crecer bien.

Rezad por mí, no lo olvidéis, yo rezo por vosotros. Y ahora os doy la bendición.

[Bendición]


 

Homilía durante la Celebración Eucarística

Hemos escuchado en el Evangelio cómo Jesús explica a la gente la sabiduría cristiana, con parábolas. Por ejemplo, un ciego no puede guiar a otro ciego; después, el discípulo no es más grande que el Maestro; luego, no hay un buen árbol que produzca un mal fruto. Y así, con estas parábolas, enseña a la gente.

Me gustaría centrarme en una, que no he repetido. Ahora la digo [lee]: «¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? ¡Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano». Y con esto, el Señor quiere enseñarnos a no ir criticando a los demás, a no mirar los defectos de los demás: Mira primero los tuyos, tus defectos. “Pero, padre, ¡no tengo ninguno!” ― ¡Ah, enhorabuena! ¡Te aseguro que si no te das cuenta de que los tienes aquí, los encontrarás en el Purgatorio! Mejor verlos aquí.

Todos tenemos defectos, todos. Pero estamos acostumbrados, en parte por inercia, en parte por la fuerza de la gravedad del egoísmo, a mirar los defectos de los demás: Somos especialistas, todos, en esto. Enseguida encontramos los defectos de los demás. Y hablamos de ello. Porque hablar mal de los demás parece dulce, nos gusta. No, en esta parroquia tal vez no ocurra [risas], pero en otras partes es muy común. Siempre sucede así: “Ah, ¿cómo estás?” ― “Bien, bien, con este tiempo, estoy bien...” ― “¿Pero has visto a ese...?”. E inmediatamente [caemos en ello].

No sé si vosotros habéis escuchado estas cosas, pero es algo malo. Y no es nuevo: Ya se hacía en la época de Jesús. Es algo que, con el pecado original que tenemos, nos lleva a condenar a los demás, a condenar. E inmediatamente somos especialistas en encontrar las cosas malas de los demás, sin ver las nuestras. Y Jesús dice: “Tú condenas a ese por una cosa tan pequeña, y tienes cosas mucho más grandes, pero no las ves”. Y es cierto: nuestra maldad no nos parece tanta, porque estamos acostumbrados a no ver nuestros límites, a no a ver nuestras faltas, pero somos especialistas en ver las faltas de otros.

Y Jesús nos dice una palabra muy fea, muy fea: “Si vais por este camino, sois unos hipócritas”. Es feo decir hipócrita: Jesús se lo decía a los fariseos, a los doctores de la Ley, que decían una cosa y hacían otra. Hipócrita. Hipócrita significa uno que tiene un doble pensamiento, un doble juicio: Uno lo dice abiertamente y otro a escondidas, con el que condena a los demás. Es tener una doble manera de pensar, una doble manera de dejarse ver. Se muestran como personas buenas y perfectas, y por debajo condenan. Por eso Jesús se escapa de esta hipocresía y nos aconseja: “Es mejor que mires tus defectos y dejes vivir en paz a los demás. No te metas en la vida de los demás: Mira la tuya”.

Y esto no termina aquí: el chismorreo no termina con el chismorreo; el chismorreo va más allá, siembra discordia, siembra enemistad, siembra mal. Escuchadme, no exagero: Por la lengua comienzan las guerras. Tú, chismorreando de los demás, empiezas una guerra. Un paso hacia la guerra, una destrucción. Porque es lo mismo destruir al otro con la lengua que con una bomba atómica, es lo mismo. Tú destruyes. Y la lengua tiene el poder de destruir como una bomba atómica. Es muy potente. Y no lo digo yo: Lo dice el apóstol Santiago en su carta. Tomad la Biblia y miradlo. ¡Es muy poderosa! Es capaz de destruir. Y con los insultos, con el hablar mal de los demás, comienzan tantas guerras: guerras domésticas ―se empieza a gritar―, guerras en el vecindario, en el lugar de trabajo, en la escuela, en la parroquia... Por eso Jesús dice: “Antes de hablar de los demás, toma un espejo y mírate a ti mismo; mira tus faltas y avergüénzate de tenerlas. Y así te volverás mudo sobre los defectos de los demás”. “Es que, padre, muchas veces hay gente mala, que tiene tantos defectos...”. Pues, vale, sé valiente, sé valiente y díselo a la cara: “Eres malo, eres mala, porque estás haciendo esto y esto”. Díselo a la cara, no a la espalda, no por detrás. Díselo a la cara. “Pero no quiere escucharme”. Entonces díselo a quien pueda remediarlo, a quien pueda corregir, pero no lo digas como chismorreo, porque el chismorreo no resuelve nada, al contrario. Empeora las cosas y te lleva a la guerra.

[Dentro de poco] comenzaremos la Cuaresma: Sería muy bonito que cada uno de nosotros, en esta Cuaresma, reflexionase sobre esto. ¿Cómo me porto con la gente? ¿Cómo está mi corazón frente a la gente? ¿Soy un hipócrita, sonrío y luego critico y destruyo con mi lengua? Y si al final de la Cuaresma hubiéramos podido corregir esto un poco, y no ir siempre criticando a los demás por la espalda, os aseguro que la resurrección de Jesús se vería más hermosa, más grande entre nosotros... “Eh, padre, es muy difícil, porque me sale criticar a los demás”; lo puede decir cualquiera de nosotros, porque es un hábito que el diablo pone en nosotros. Es verdad, no es fácil. Pero hay dos medicamentos que ayudan mucho. En primer lugar, la oración. Si a ti te sale lo de “despellejar” a otro, lo de criticar a otro, reza por él, reza por ella y pide al Señor que resuelva ese problema y, a ti que te cierre la boca. Primer remedio: la oración. Sin oración no podemos hacer nada. Y en segundo lugar, hay otra medicina, que también es práctica como la oración: cuando sientas el deseo de hablar de alguien, te muerdes la lengua. ¡Fuerte! Porque así se te hinchará la lengua y no podrás hablar. [ríen] Es una medicina práctica, es muy práctica.

Pensad seriamente en lo que Jesús dice: “¿Por qué miras los defectos de los demás y no miras los tuyos, que son más grandes?”. Pensadlo bien. Pensad que este hábito tan feo es el comienzo de tantas desuniones, de tantas guerras domésticas, guerras en el vecindario, guerras en el lugar de trabajo, tantas enemistades. ¡Pensadlo! Y rezad al Señor, rezad para que nos dé la gracia de no hablar mal de los demás. ¡Y todos los días tened la dentadura lista para aplicar el segundo medicamento!

¡El Señor os bendiga!


Saludo final fuera de la iglesia   

Muchas gracias por vuestro recibimiento.    

El miércoles empieza la Cuaresma, os deseo una buena Cuaresma. Oración, oración por la Iglesia, por cada uno, también por mí, sí, lo necesito, ¡gracias! Rezad  y adelante, mirando siempre al Señor que nos da la fuerza para seguir adelante. Ahora os invito a rezar juntos a Nuestra Señora y luego la bendición.   

[Rezo del Ave María y bendición]   

Buenas tardes.


Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 3 de marzo de 2019.

 



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