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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LA FEDERACIÓN UNIVERSITARIA CATÓLICA ITALIANA

 

Queridos jóvenes de la FUCI:

He sabido con agrado que vuestra Federación se dispone a celebrar un congreso nacional extraordinario en Arezzo para redescubrir la figura profética de mi venerado predecesor, el Papa Pablo VI, que fue vuestro consiliario central desde 1925 hasta 1933, y al que tendré la alegría de proclamar beato el 19 de octubre de 2014. Al dirigir a los participantes y a todos los miembros mi afectuoso saludo, deseo aseguraros mi cercanía espiritual y acompañar los trabajos que estáis realizando con tres palabras que pueden ayudaros en vuestro compromiso.

1. La primera palabra que os confío es studium. Lo esencial de la vida universitaria reside en el estudio, en la fatiga y en la paciencia del pensar, que revela una tensión del hombre hacia la verdad, el bien, la belleza. Sed conscientes de que con el estudio se os da una oportunidad fecunda de reconocer y manifestar los deseos más profundos guardados en vuestro corazón, la posibilidad de hacerlos madurar.

Estudiar es secundar una vocación precisa. Por eso la vida universitaria es un dinamismo orientado, caracterizado por la búsqueda y la comunión fraterna. Aprovechad este tiempo propicio y estudiad profundamente y con constancia, siempre abiertos a los demás. No os contentéis con verdades parciales o ilusiones que tranquilizan, sino más bien procurad con el estudio una comprensión cada vez más plena de la realidad. Para hacerlo, son necesarias la humildad de la escucha y la clarividencia de la mirada. Estudiar no significa adueñarse de la realidad para manipularla, sino dejar que ella nos hable y nos revele algo, muy a menudo incluso sobre nosotros mismos; y la realidad no se deja comprender sin una disponibilidad a afinar la perspectiva, a mirarla con ojos nuevos. Estudiad, pues, con valentía y con esperanza. Sólo de este modo la universidad podrá llegar a ser un lugar de discernimiento cuidadoso y atento, un observatorio sobre el mundo y sobre las cuestiones que el hombre se plantea más profundamente. La perseverancia en el trabajo y la fidelidad a las cosas pueden dar mucho fruto. El estudio es la vigilia del centinela. Este es el auténtico salto de calidad que tiene lugar en la universidad, que nos hace madurar una personalidad unificada y nos transforma en adultos tanto en la vida intelectual como espiritual. El estudio se convierte en un extraordinario trabajo interior y, sobre todo, en una experiencia de gracia: «Rezar como si todo dependiera de Dios, obrar como si todo dependiera de nosotros», decía san Ignacio de Loyola. Debemos hacer todo lo posible para ser acogedores, receptivos de una verdad que no es nuestra, que se nos da siempre con una medida de gratuidad.

2. La segunda palabra que os confío es investigación. El método de vuestro estudio ha de ser la investigación, el diálogo y el debate. Que la FUCI experimente siempre la humildad de la investigación, la actitud de silenciosa acogida de lo ignoto, de lo desconocido, del otro, y demuestre su apertura y disponibilidad para caminar con todos los que están impulsados por una inquieta tensión hacia la Verdad, creyentes y no creyentes, extranjeros y excluidos. La investigación se interroga continuamente, se convierte en encuentro con el misterio y se abre a la fe: la investigación hace posible el encuentro entre fe, razón y ciencia, permite un diálogo armonioso entre ellas, un intercambio fecundo que, con la conciencia y la aceptación de los límites de la comprensión humana, permite efectuar una investigación científica según la libertad de conciencia. Con este método de investigación es posible alcanzar un objetivo ambicioso: recomponer la fractura entre Evangelio y contemporaneidad a través del estilo de la mediación cultural, mediación itinerante que, sin negar las diferencias culturales, más aún, valorándolas, se sitúe como horizonte de proyección positiva. Que la investigación os enseñe a ser capaces de proyección y de inversión, aunque requiera fatiga y paciencia. Sólo a largo plazo se recogen los frutos de lo que se siembra con la investigación.

Esta tarea se confía hoy, en particular, a los jóvenes estudiantes universitarios, porque están llamados a un desafío cultural: la cultura de nuestro tiempo tiene hambre del anuncio del Evangelio, tiene necesidad de ser reanimada mediante testimonios fuertes y firmes. Ante los riesgos de la superficialidad, de la prisa y del relativismo se puede olvidar el compromiso de pensamiento y de formación, de espíritu crítico y de presencia que se le encomendó al hombre, sólo al hombre, y que está inscrito en su dignidad de persona. Recordad las palabras de Montini: «Es la idea la que guía al hombre, la que genera la fuerza del hombre. Un hombre sin idea es un hombre sin personalidad». Aprended a relacionar el primado de la realidad con la fuerza de las ideas que habréis buscado. Aceptar este desafío con la creatividad de los jóvenes y la dedicación gratuita y libre del estudio universitario: esta es vuestra tarea.

3. La tercera palabra es frontera. La Universidad es una frontera que os espera, una periferia en la que hay que acoger y aliviar las pobrezas existenciales del hombre. La pobreza en las relaciones, en el crecimiento humano, tiende a llenar la cabeza sin crear un proyecto compartido de sociedad, un fin común, una fraternidad sincera. Preocupaos siempre por encontrar al otro, percibir el «olor» de los hombres de hoy, hasta quedar impregnados de sus alegrías y esperanzas, de sus tristezas y angustias. Jamás levantéis barreras que, queriendo defender la frontera, impidan el encuentro con el Señor. En el estudio y en las formas de comunicación digital vuestros amigos experimentan a veces la soledad, la falta de esperanza y de confianza en sus propias capacidades: llevad esperanza y abrid siempre a los demás vuestro trabajo, abríos siempre a la participación, al diálogo. En la cultura, sobre todo hoy, necesitamos estar al lado de todos. Sólo podréis superar el enfrentamiento entre los pueblos si lográis alimentar una cultura del encuentro y de la fraternidad. Os exhorto a seguir llevando el Evangelio a la Universidad y la cultura a la Iglesia.

A vosotros, jóvenes, se os confía especialmente esta tarea: tened siempre los ojos dirigidos al futuro. Sed terreno fértil en camino con la humanidad, sed renovación en la cultura, en la sociedad y en la Iglesia. Se requiere valentía, humildad y escucha para expresar la renovación. Os encomiendo al beato Pablo VI, que en la comunión de los santos alienta vuestro camino y, a la vez que os pido que recéis por mí, de corazón os bendigo juntamente con vuestros consiliarios, familiares y amigos.

Vaticano, 14 de octubre de 2014

Franciscus

 



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