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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA APERTURA DEL AÑO DE LA VIDA CONSAGRADA

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Queridos hermanos y hermanas consagrados:

Con alegría me dirijo a vosotros en esta circunstancia tan significativa como es la celebración eucarística de inicio del Año de la vida consagrada. Me hubiese gustado mucho estar personalmente presente entre vosotros, como ya lo había asegurado, pero la voluntad de Dios dispuso de otra forma.

Al convocar este Año de la vida consagrada, a cincuenta años de la promulgación del decreto conciliar Perfectae caritatis sobre la renovación de la vida religiosa, quise ante todo volver a proponer a toda la Iglesia la belleza y la preciosidad de esta forma peculiar de sequela Christi, representada por todos vosotros que habéis decidido dejar todo para imitar a Cristo más de cerca mediante la profesión de los consejos evangélicos. A través de múltiples iniciativas que se realizarán en los próximos meses aquí en Roma como en otras partes del mundo, vuestro luminoso testimonio de vida será como una lámpara situada sobre el candelabro para dar luz y calor a todo el pueblo de Dios. Así, pues, renuevo también a vosotros aquí presentes la apremiante invitación que dirigí hace un año a los superiores generales: despertad al mundo, iluminadlo con vuestro testimonio profético y a contracorriente.

¿Cómo podréis hacer realidad esta invitación, no sólo en este Año especial dedicado a vosotros, sino siempre? Os indico tres palabras programáticas.

¡Siendo alegres! Mostrad a todos que seguir a Cristo y poner en práctica su Evangelio llena vuestro corazón de felicidad. Contagiad con esta alegría a quien se os acerque, y entonces muchas personas os preguntarán la razón de ello y sentirán el deseo de compartir con vosotros vuestra espléndida y entusiasta aventura evangélica.

¡Siendo valientes! Quien se siente amado por el Señor sabe poner en Él plena confianza. Así han hecho vuestros fundadores y fundadoras, abriendo caminos nuevos de servicio al reino de Dios. Con la fuerza del Espíritu Santo que os acompaña, id por los caminos del mundo y mostrad el poder innovador del Evangelio que, si se lleva a la práctica, también hoy obra maravillas y puede dar respuesta a todos los interrogantes del hombre.

¡Siendo mujeres y hombres de comunión! Bien arraigados en la comunión personal con Dios, que habéis elegido como el porro unum (cf. Lc 10, 42) de vuestra vida, sed incansables constructores de fraternidad, ante todo practicando entre vosotros la ley evangélica del amor mutuo, y luego con todos, especialmente los más pobres. Mostrad que la fraternidad universal no es una utopía, sino el sueño mismo de Jesús para toda la humanidad.

Queridas consagradas y queridos consagrados, gracias por haber venido aquí hoy para dar inicio solemne al Año de la vida consagrada. Agradezco al cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, que preside la Eucaristía en mi nombre. Así como quiero expresar mi gratitud a monseñor José Rodríguez Carballo y a todos los componentes del dicasterio, que con generosidad están trabajando por la buena realización de las citas previstas para este Año.

Mientras encomiendo el Año de la vida consagrada que hoy inicia a la Virgen María, la hija predilecta del Padre, revestida por el Espíritu Santo con todos los dones de gracia y vuestro modelo supremo, os acompaño con mi oración y de buen grado imparto sobre vosotros aquí presentes mi bendición apostólica.

Vaticano, 30 de noviembre de 2014.

Franciscus

 



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