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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CAMPAÑA DE FRATERNIDAD 2020 DE LA IGLESIA EN BRASIL

 

Queridos hermanos y hermanas de Brasil:

Comenzamos la Cuaresma, un tiempo fuerte de oración y conversión en el que nos preparamos para celebrar el gran misterio de la Resurrección del Señor. Durante cuarenta días se nos invita a reflexionar sobre el significado más profundo de la vida, con la certeza de que sólo en Cristo y con Cristo encontramos una respuesta al misterio del sufrimiento y de la muerte. No fuimos creados para la muerte, sino para la vida y la vida en plenitud, la vida eterna (cf. Jn 10,10).

Me alegro de que desde hace más de cinco décadas la Iglesia en Brasil lleve a cabo, en el tiempo cuaresmal, la Campaña de Fraternidad, anunciando la importancia de no separar la conversión del servicio a nuestros hermanos y hermanas, sobre todo a los más necesitados. Este año el tema de la Campaña trata precisamente del valor de la vida y de nuestra responsabilidad de cuidarla en todas sus instancias, porque la vida es un don y un compromiso; es un amoroso regalo de Dios, que debemos cuidar continuamente. De manera particular, ante tantos sufrimientos que vemos crecer por doquier, que «provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo» (Carta Encíclica Laudato si', 53), estamos llamados a ser una Iglesia samaritana (cf. Documento de Aparecida, 26).

Estemos seguros, pues, de que la superación de la globalización de la indiferencia (cf. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, 54) sólo será posible si estamos dispuestos a imitar al buen samaritano (cf. Lc 10,25-37). Esta parábola, que nos inspira tanto a vivir mejor el tiempo cuaresmal nos indica tres actitudes fundamentales: ver, sentir compasión y cuidar. A semejanza de Dios, que escucha el grito de ayuda de los que sufren (cf. Sal 34,7), debemos abrir nuestro corazón y nuestra mente para que resuene en nosotros el grito de nuestros hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados y visitados (cf. Mt 25,34-40).

Queridos amigos, la Cuaresma es un tiempo propicio para que, atentos a la Palabra de Dios que nos llama a la conversión, fortalezcamos en nosotros la compasión, nos dejemos interpelar por el dolor de los que sufren y no encuentran a nadie que les ayude. Es un momento en el que la compasión se concreta en la solidaridad, en el cuidado. «¡Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5, 7)!

Por la intercesión de Santa Dulce de los Pobres, a quien tuve la alegría de canonizar en octubre pasado y que fue presentada por los obispos de Brasil como modelo para todos los que ven el dolor del prójimo, sienten compasión y cuidan, pido al Dios de la Misericordia que la Cuaresma y la Campaña de Fraternidad, inseparablemente vividas, sean para todo Brasil un tiempo en el que se fortalezca el valor de la vida como don y compromiso.

Envío a todos y cada uno la bendición apostólica, pidiéndoos que nunca dejéis de rezar por mí.

Desde el Vaticano, 26 de febrero de 2020.

Francisco

 


Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 26 de febrero de 2020.

 



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