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SALUDO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A UNA PEREGRINACIÓN DE JÓVENES
DE LA DIÓCESIS DE PIACENZA-BOBBIO

Basílica Vaticana - Altar de la Cátedra
Miércole
s 28 de agosto de 2013

 

¡Gracias por esta visita!

El obispo ha dicho que he hecho un gran gesto viniendo aquí. Pero lo he hecho por egoísmo. ¿Sabéis por qué? ¡Porque me gusta estar con vosotros! Y esto es un egoísmo.

¿Por qué me gusta estar con los jóvenes? Porque tenéis dentro de vuestro corazón una promesa de esperanza. Vosotros sois portadores de esperanza. Vosotros, es verdad, vivís en el presente, pero, mirando el futuro... vosotros sois artífices de futuro, artesanos de futuro. Además —y ésta es vuestra alegría— es algo bello ir hacia el futuro, con las ilusiones, con tantas cosas hermosas —y es también vuestra responsabilidad. Convertirse en artesanos del futuro. Cuando me dicen: «Pero, padre, que malos tiempos, estos... Mira, no hay nada qué hacer». ¿Cómo no se puede hacer nada? ¡Y explico que se puede hacer mucho! Pero cuando un joven me dice: «Qué malos tiempos estos, padre, no se puede hacer nada». ¡Bah! Le mando al psiquiatra. Porque, es verdad, no se entiende. No se entiende a un joven, un chico, una chica, que no quieran hacer algo grande, apostar por ideales grandes, grandes para el futuro. Después harán lo que puedan, pero la apuesta es por las cosas grandes y bellas. Y vosotros sois artesanos del futuro. ¿Por qué? Porque dentro de vosotros tenéis tres deseos: el deseo de la belleza. A vosotros os gusta la belleza, y cuando hacéis música, hacéis teatro, hacéis pintura —cosas de belleza—, estáis buscando esa belleza, sois buscadores de belleza. Segundo: vosotros sois profetas de bondad. Os gusta la bondad, ser buenos. Y esta bondad es contagiosa, ayuda a todos los demás. Y también —tercero— vosotros tenéis sed de verdad: buscar la verdad. «Pero, padre, yo tengo la verdad». En cambio te equivocas, porque la verdad no se tiene, no la llevamos, se encuentra. Es un encuentro con la verdad, que es Dios, pero hay que buscarla. Y estos tres deseos que tenéis en el corazón debéis llevarlos adelante, al futuro, y construir el futuro con la belleza, con la bondad y con la verdad. ¿Habéis entendido? Este es el desafío: vuestro desafío. Pero si sois perezosos, si sois tristes —qué feo, un joven triste—, si estáis tristes... ¡bah! Esa belleza no será belleza, esa bondad no será bondad y esa verdad será algo... Pensad bien en esto: apostar por un gran ideal, el ideal de hacer un mundo de bondad, belleza y verdad. Esto podéis hacerlo, vosotros tenéis el poder de hacerlo. Si vosotros no lo hacéis, es por pereza. Esto quería deciros, esto deseaba deciros.

Quería deciros esto, y deciros: ánimo, id adelante, haced ruido. Donde están los jóvenes debe haber ruido. Después se ordenan las cosas, pero la ilusión de un joven es hacer ruido siempre. ¡Id adelante! En la vida habrá siempre personas que os harán propuestas para frenar, para bloquear vuestro camino. Por favor, id a contracorriente. Sed valientes, valientes: id a contracorriente. Me dicen: «No, pero, esto, ¡bah! Toma un poco de alcohol, toma un poco de droga». ¡No! Id a contracorriente respecto a esta civilización que nos está haciendo tanto daño. ¿Entendido, esto? Ir a contracorriente; y esto significa hacer ruido, ir adelante, pero con los valores de la belleza, de la bondad y de la verdad. Esto quería deciros. Quiero desearos a vosotros todo el bien, un buen trabajo, alegría en el corazón: ¡jóvenes alegres! Y por esto desearía daros la bendición. Pero antes, todos juntos, rogaremos a la Virgen, que es la Madre de la belleza, la Madre de la bondad y la Madre de la verdad, que nos dé esta gracia del valor, porque la Virgen era valiente, tenía valor, esta mujer. Era buena, buena, buena. Le pedimos a Ella, que está en el Cielo, que es nuestra Madre, que nos dé la gracia del valor para ir adelante y a contracorriente. Todos juntos, como estáis, así, rezamos un Ave Maria a la Virgen.

Tras recitar el Avemaría e impartir la bendición, el Pontífice concluyó.

Y os pido que recéis por mí, porque este trabajo es un trabajo «insalubre», no hace bien... ¡Rezad por mí!

 


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