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DISCURSO DEL SANTO PADRE FRANCISCO
A LOS PARTICIPANTES EN LA ASAMBLEA DE LAS OBRAS MISIONALES PONTIFICIAS*

Sala Clementina
Sábado 3 de junio de 2017

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Señor Cardenal,
queridos hermanos y hermanas:

Os acojo con alegría al finalizar vuestra Asamblea General y doy las gracias al cardenal Fernando Filoni por sus palabras. Con él saludo a todos los superiores, secretarios generales, directores nacionales y a todos vosotros aquí presentes.

Conocéis bien mi preocupación por  las Obras Misionales Pontificias, muy a menudo reducidas a una organización que recoge y distribuye, en nombre del Papa, ayudas económicas para las Iglesias más necesitadas. Sé que estáis buscando nuevos caminos, modalidades más adecuadas, más eclesiales para desarrollar vuestro servicio a la misión universal de la Iglesia. Dejémonos sostener, en este proceso de urgente reforma, también por la intercesión de los santos Charles Lwanga y sus compañeros, mártires de Uganda, cuya memoria litúrgica celebramos hoy.

Para renovar el ardor y la pasión, motores espirituales de la actividad apostólica de innumerables santos y mártires misioneros, he acogido con placer vuestra propuesta, elaborada junto con la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de convocar un tiempo extraordinario de oración y reflexión sobre la missio ad gentes. Pediré a toda la Iglesia que el mes de octubre del año 2019 se dedique a esta finalidad, porque en ese año celebraremos el centenario de la Carta Apostólica Maximum illud, del Papa Benedicto XV. En este importantísimo documento de su Magisterio sobre la misión, el Papa recuerda cuánto sea necesaria, para la eficacia del apostolado, la santidad de la vida; aconseja, por lo tanto, una unión cada vez más fuerte con Cristo y una implicación más convencida y alegre en su divina pasión de anunciar el Evangelio a todos, amando y siendo misericordioso con todos. También hoy esto resulta más que nunca esencial para la misión. Hombre y mujeres “distinguidos por celo y santidad” son cada vez más necesarios en la Iglesia y en la misión. “Quien predica a Dios, sea hombre de Dios”, exhortaba Benedicto XV (cfr. Carta. ap. Maximum illud, 30 noviembre 1919: AAS XI [1919], 449).

Renovarse requiere conversión, requiere vivir la misión como oportunidad permanente de anunciar a Cristo, de hacerlo encontrar testimoniando y haciendo a los otros partícipes de nuestro encuentro personal con Él. Deseo que vuestra asistencia espiritual y material a las iglesias haga que estén cada vez más fundadas en el Evangelio y en la participación bautismal de todos los fieles, laicos y clérigos, en la única misión de la Iglesia: haga el amor de Dios próximo a cada hombre, especialmente a los más necesitados de su misericordia. El mes extraordinario de oración y reflexión sobre la misión como primera evangelización servirá a esta renovación de la fe eclesial, para que su corazón esté y obre siempre la Pascua de Jesucristo, único Salvador, Señor y Esposo de su Iglesia.

La preparación de este tiempo extraordinario dedicado al primer anuncio del Evangelio nos ayude a ser cada vez más Iglesia en misión, según las palabras del beato Pablo VI, en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi, carta magna del compromiso misionero post-conciliar. Escribía el Papa Montini: «Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Comunidad de creyentes, comunidad de esperanza vivida y comunicada, comunidad de amor fraterno, tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ídolos, necesita saber proclamar las grandezas de Dios (cfr Hechos de los Apóstoles 2,11; 1 Pedro 2, 9), que la han convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por Él. En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio» (n. 15).

En el espíritu de la enseñanza del beato Pablo VI, deseo que la celebración de los 100 años de la Maximum illud, en el mes de octubre de 2019, sea un tiempo propicio para que la oración, el testimonio de tantos santos y mártires de la misión, la reflexión bíblica y teológica, la catequesis y la caridad misionera contribuyan a evangelizar sobre todo a la Iglesia, para que, reencontrada la frescura y el ardor del primer amor por el Señor crucificado y resucitado, pueda evangelizar al mundo con credibilidad y eficacia evangélica.

Os bendigo a todos en este día previo a la solemnidad de Pentecostés. Pido a la Virgen María, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia que nos anime siempre con el testimonio de su fe y con la garantía tranquilizadora de su materna intercesión. Los beatos apóstoles Pedro y Pablo, los santos mártires Charles Lwanga y compañeros, el beato Pablo Manna no dejen nunca de rezar por todos nosotros, sus misioneros.


* Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede

 



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