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VISITA PASTORAL DEL PAPA FRANCISCO
A CESENA EN EL TERCER CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE PÍO VI
Y A BOLONIA PARA LA CLAUSURA DEL CONGRESO EUCARÍSTICO DIOCESANO

ALMUERZO DE SOLIDARIDAD CON POBRES, REFUGIADOS Y PRESOS

PALABRAS DEL SANTO PADRE

Basílica de San Petronio (Bolonia)
Domingo, 1 de octubre de 2017

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Queridos hermanos y hermanas:

¡Qué alegría ver a tantos de vosotros en esta casa! Es como la casa de Nuestra Madre, la casa de la misericordia, la Iglesia que acoge a todos, especialmente a aquellos que necesitan un sitio. Sois el centro de esta casa. La Iglesia os quiere en el centro. No prepara un lugar especial o diferente: en el centro y juntos. La Iglesia es de todos, particularmente de los pobres. Todos somos invitados, solamente por gracia. Es un misterio de amor gratuito de Dios que nos quiere suyos, aquí, no por mérito, sino por su amor.

En esta casa normalmente se celebra el misterio de la Eucaristía, la mesa en la que se depositan el pan y el vino que se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesús, partido y derramado por la multitud de los hombres que Él ama. ¡Qué extraña es la matemática de Dios!: Se multiplica solamente si se divide! Pongamos siempre una mesa de amor para quien la necesite. La caridad nunca es en sentido único, siempre es circular y todos dan y reciben algo. Todos recibimos y todos sabemos y podemos dar mucho. Jesús no descarta a nadie, no desprecia. Tiene sed y nos pide que le demos de beber porque camina con nosotros y sufre con nosotros. ¡Y nosotros precisamente tenemos esta jarra, quizás algo usada, que le puede dar agua, que es nuestro corazón! Nuestra vida es siempre preciosa y todos tenemos algo que dar a los otros.

Al final, os será dado el alimento más precioso, el Evangelio, la Palabra de Dios que todos llevamos en el corazón, que para nosotros cristianos tiene el rostro bueno de Jesús. ¡Es para vosotros! Se dirige precisamente a aquellos que tienen necesidad. Tomadlo todos y llevadlo como signo, sello personal de amistad con Dios que se hace peregrino y sin sitio para prepararlo para todos. Todos somos viandantes, mendigos de amor y de esperanza, y necesitamos a ese Dios que se hace cercano a nosotros y se revela en la fracción del pan.

Este pan de amor que hoy compartimos, llevadlo vosotros también a los demás. Regalad a los otros simpatía y amistad. Es el compromiso que todos podemos tener. Hay una gran necesidad. Tenéis una sensibilidad particular para captar la dimensión humana, porque vosotros sabéis lo que es la fragilidad, la necesidad de tender las manos, de dejarse ayudar dejando de lado el orgullo. El «Padre nuestro» que rezaremos al final es verdaderamente la oración de los pobres. La petición de pan, en efecto, expresa la confianza en Dios para las necesidades primarias de nuestra vida. Lo que nos ha enseñado Jesús con esta oración expresa y recoge la voz de los que que sufren por la precariedad de la existencia y la falta de lo necesario. A los discípulos que pedían a Jesús que les enseñara a rezar, Él respondió con las palabras de los pobres que se dirigen al único Padre en el cuál todos se reconocen como hermanos. El «Padre nuestro» es una oración que se conjuga en plural: el pan que se pide es «nuestro», y esto implica compartir, participación y responsabilidad común. En esta oración, todos reconocemos la exigencia de superar cualquier clase de egoísmo para acceder a la alegría de la acogida recíproca. Hoy podemos compartir nuestro pan cotidiano. Y todos queremos dar gracias a Dios.

 



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