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ENCUENTRO DE ORACIÓN CON EL PUEBLO GITANO

PALABRAS DEL SANTO PADRE FRANCISCO

Sala Regia
Jueves, 9 de mayo de 2019

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De las cosas que he escuchado, tantas me han llegado al corazón, pero tomemos una para comenzar, luego vendrán las otras.

Esta madre que ha hablado, me ha tocado el corazón cuando ha dicho que «leía», «veía» la esperanza en los ojos de los hijos. Tiene cuatro, me dijo, y eso está bien, estos son dos. La esperanza puede decepcionar si no es verdadera esperanza, pero cuando la esperanza es concreta, como en este caso, en los ojos de los niños, nunca decepciona, nunca decepciona. Cuando la esperanza es concreta, en el Dios verdadero, nunca decepciona. Las madres que leen la esperanza en los ojos de sus hijos luchan cada día por lo concreto, no por las cosas abstractas, no: crían a un niño, lo alimentan, lo educan, lo insertan en la sociedad... Son cosas concretas. E incluso las madres, me atrevo a decir, son la esperanza. Una mujer que da a luz a un niño es esperanza, siembra esperanza, es capaz de abrir el camino, de crear horizontes, de dar esperanza.

En ambos testimonios siempre estaba el dolor amargo de la separación: algo que se siente en la piel, no en los oídos. Te hacen a un lado, te dicen: «Sí, sí, tú pasas, pero quédate ahí, no me toques». [Se dirige al joven sacerdote que dio el testimonio] En el seminario, te preguntaban si pedías limosna, si ibas a Termini... La sociedad vive de fábulas, de cosas... «No, padre, ¡esa gente es pecadora!». Y tú, ¿no eres un pecador? Todos lo somos, todos nosotros. Todos cometemos errores en la vida, pero no puedo lavarme las manos, mirando los pecados verdaderos o falsos de los demás. Tengo que mirar mis pecados, y si el otro está en pecado, toma un camino equivocado, acercarme a él y darle la mano para ayudarlo a salir.

Una cosa que me hace enfadar es que estamos acostumbrados a hablar de personas con adjetivos. No decimos: «Esta es una persona, esta es una madre, este es un joven sacerdote», sino: «Este es así, este es así...». Ponemos el adjetivo. Y esto destruye, porque no deja emerger a la persona. Esta es una persona, esta es otra persona, esta es otra persona. Los niños son personas. Todos. No podemos decir: son así, son feos, son buenos, son malos. El adjetivo es una de las cosas que crea distancias entre la mente y el corazón, como dijo el cardenal [Bassetti]. Este es el problema de hoy. Si me dices que es un problema político, un problema social, un problema cultural, un problema de lenguaje: estas son cosas secundarias. El problema es un problema de distancia entre la mente y el corazón. Esto: es un problema de distancia. «Sí, sí, eres una persona, pero lejos de mí, lejos de mi corazón». Derechos sociales, servicios de salud: «Sí, sí, pero haga la cola... No, primero este, luego este». Es cierto que hay ciudadanos de segunda clase, es cierto. Pero los verdaderos ciudadanos de segunda clase son aquellos que descartan a la gente: estos son de segunda clase, porque no saben cómo abrazar. Siempre con el adjetivo excluyen, descartan, y viven descartando, viven con la escoba en la mano echando a los demás, o con chismes u otras cosas. En cambio, el verdadero camino es el de la hermandad: «Venid, hablemos, pero venid, la puerta está abierta». Y todos debemos colaborar.

Vosotros podéis tener un peligro... —todos tenemos siempre un peligro—, una debilidad, digamos, la debilidad, tal vez de dejar crecer el rencor. Por supuesto, es humano. Pero os pido, por favor, el corazón más grande, más grande: sin resentimiento. Y seguid adelante con dignidad: la dignidad de la familia, la dignidad del trabajo, la dignidad de ganarse el pan de cada día —esto es lo que te hace avanzar— y la dignidad de la oración. Siempre mirando hacia adelante. Y cuando llegue el rencor, olvidadlo, después la historia nos hará justicia. Porque el resentimiento enferma todo: enferma el corazón, la cabeza. Enferma a la familia, y no es bueno, porque el resentimiento te lleva a la venganza: «Tú haces así...». Pero la venganza creo que no la habéis inventado vosotros. En Italia hay organizaciones que son maestros de la venganza. Me entendéis bien, ¿no? Un grupo de personas que son capaces de vengarse, de vivir en silencio: este es un grupo de delincuentes; No la gente que quiere trabajar.

Seguid adelante con dignidad, con trabajo... Y cuando veáis las dificultades, mirad hacia arriba y encontrareis que nos están observando allí. Te mira. Hay Uno que te mira primero, que te ama, Uno que tuvo que vivir al margen, cuando era niño, para salvar la vida, oculto, refugiado: Uno que sufrió por ti, que dio su vida en la cruz. Es Uno, como escuchamos en la Lectura que has hecho, que te está buscando para consolarte y animarte a seguir adelante. Por eso te digo: nada de distancia; para ti y para todos: la mente con el corazón. Nada de adjetivos, no: todas las personas, todos merecerán su adjetivo, pero no los adjetivos generales, de acuerdo con la vida que haces. Escuchamos un bonito nombre, que incluye a las madres; este es un bonito nombre: «mamá». Es una cosa hermosa.

Muchas gracias, rezo por vosotros, estoy cerca de vosotros. Y cuando leo algo feo en el periódico, os digo la verdad, sufro. Hoy he leído algo feo y sufro, porque esto no es civilización, no es civilización. El amor es civilización, por lo tanto, adelante con amor.

Que el Señor os bendiga.

Y rezad por mí.

 



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