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JUAN PABLO II

JUBILEO DEL MUNDO AGRÍCOLA

ÁNGELUS

Domingo 12 de noviembre de 2000

 

 
1. Al término de esta solemne celebración jubilar, deseo dar las gracias a los numerosos representantes del mundo agrícola, que han venido aquí procedentes de varias naciones. Saludo en particular al señor Jacques Diouf, director general de la FAO, y al señor Paolo Bedoni, representante de los agricultores. Con sus intervenciones, han querido poner de relieve los desafíos, pero también las enormes potencialidades que tiene hoy la agricultura. Está llamada a desempeñar un papel activo y responsable, especialmente para afrontar las grandes problemáticas relacionadas con la alimentación y el hambre en el mundo. El uso equilibrado de los recursos naturales y la distribución equitativa de los bienes disponibles permitirán dar a la población mundial la seguridad alimentaria que todos deseamos.

Amadísimos hermanos y hermanas que formáis la gran familia del mundo agrícola, gracias por vuestra gozosa presencia y vuestra fervorosa participación en este encuentro. La Iglesia está cerca de vosotros. Quiera Dios que esta jornada jubilar os sostenga e impulse a todos a proseguir vuestra benemérita actividad, indispensable para el progreso integral de la comunidad mundial.

2. Saludo cordialmente a las personas de lengua francesa del mundo agrícola, que celebran hoy su jubileo. Vuestra actividad recuerda que los frutos de la tierra y del trabajo del hombre son una cooperación en la creación divina y una invitación a una comunión cada vez más solidaria, para que todos los hombres tengan alimento. A todos los peregrinos les imparto de corazón la bendición apostólica.

Doy una cordial bienvenida a los representantes de lengua inglesa del mundo de la agricultura y de la vida rural presentes en este jubileo. Que vuestro encuentro diario con la belleza de la creación de Dios os ayude a acercaros más al Señor de la vida, fortalezca vuestro compromiso de ser buenos administradores de sus generosos dones, y acreciente vuestra solidaridad con los demás, en especial con los hermanos y hermanas que sufren a causa de la pobreza y el hambre. El Señor de la mies bendiga vuestros esfuerzos y os colme a vosotros y a vuestras familias de su paz.

Os acojo cordialmente, agricultores de lengua alemana, que habéis venido a Roma para celebrar el Año santo. Cuidad la tierra que se os ha confiado, para que produzca buenos frutos, que alimenten y alegren a todos los hombres. De buen grado os imparto la bendición apostólica.

Saludo con afecto a los trabajadores del campo de lengua española. Vuestra tarea, que dignifica al hombre y completa la obra del Creador, merece toda la estima de la Iglesia y el respeto de las instituciones. Fomentad entre vosotros el espíritu de solidaridad y de colaboración, dando testimonio del destino universal de los bienes y favoreciendo la protección del medio ambiente para asegurar, de este modo, la existencia digna del hombre de hoy y de las generaciones futuras. A todos os bendigo de corazón.

A los trabajadores y asalariados de lengua portuguesa que viven del cultivo del campo les deseo las mayores bendiciones del cielo, para que siembren y planten en paz y con seguridad, en una tierra amiga que les dé el ciento por uno y donde sus hijos, saciados, compartan con los más pobres.

Saludo con gran alegría a los peregrinos ucranianos aquí presentes. Queridos hermanos, que este Año santo sea para todos vosotros un tiempo fuerte de gracia, reconciliación y renovación interior. Os imparto de corazón la bendición apostólica a vosotros y a vuestros seres queridos.

Saludo cordialmente a los agricultores de Polonia y de los demás países, que celebran hoy su jubileo. Con vuestra fatiga diaria respondéis del modo más directo a la llamada que hizo el Creador al hombre para que domine la tierra. Dios bendiga vuestro trabajo, a fin de que todos los hombres se beneficien abundantemente de sus frutos. Alimentan y defienden: he citado estas palabras ayer.
Hoy las repito una vez más. Se refieren a vosotros. El agricultor polaco, hijo de la tierra polaca, alimentaba y defendía. Por eso, merece gratitud y solicitud por su futuro. Dios os bendiga.

3. Encomiendo a María, Madre de gracia, las aspiraciones y los propósitos de bien que ha suscitado esta jornada de intensa comunión eclesial. A ella dirigimos ahora nuestro pensamiento, invocándola confiadamente con las palabras del Ángelus.

© Copyright 2000 - Libreria Editrice Vaticana




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