Index   Back Top Print

[ DE  - EN  - ES  - FR  - IT  - PT ]

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 26 de marzo de 1980

(La audiencia del miércoles 26 de marzo se desarrolló en dos fases a causa del mal tiempo. La primera en la basílica de San Pedro donde el Papa pronunció la catequesis ante los peregrinos de lengua italiana, y la segunda en el Sala Pablo VI, donde comunicó oficialmente su viaje apostólico a África)

 

Basílica de San Pedro

La unión conyugal según el libro del Génesis

1. Está llegando a su fin el ciclo de reflexiones con que hemos tratado de seguir la llamada de Cristo, que nos trasmite Mateo (19, 3-9) y Marcos (10, 1. 12): "¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y mujer? Y dijo: Por esto dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer y serán los dos una sola carne" (Mt 19, 4-5). La unión conyugal, en el libro del Génesis, se define como "conocimiento": "Conoció el hombre a su mujer, que concibió y parió... diciendo: He alcanzado de Yahvé un varón" (Gén 4, 1). Hemos intentado ya, en nuestras meditaciones precedentes, hacer luz sobre el contenido de ese "conocimiento" bíblico. Con él, el hombre, varón-mujer, no sólo da el propio nombre a los otros seres vivientes (animalia), tomando así posesión de ellos, sino que "conoce" en el sentido del Génesis 4, 1 (y de otros pasajes de la Biblia), esto es, realiza lo que la palabra "hombre" expresa: realiza la humanidad en el nuevo hombre engendrado. En cierto sentido, pues, se realiza a sí mismo, es decir, al hombre-persona.

2. De este modo se cierra el ciclo bíblico de "conocimiento-generación". Este ciclo del "conocimiento" está constituido por la unión de las personas en el amor, que les permite unirse tan estrechamente entre sí, que se convierten en una sola carne. El libro del Génesis nos revela plenamente la verdad de este ciclo. El hombre, varón y mujer, que, mediante el "conocimiento" del que habla la Biblia, concibe y engendra un ser nuevo, semejante a él, al que puede llamar "hombre" ("he alcanzado un hombre") toma, por decirlo así, posesión de la misma humanidad, o mejor, la vuelve a tomar en posesión. Sin embargo, esto sucede de modo diverso de como había tomado posesión de los otros seres vivientes (animalia), cuando les había impuesto el nombre. Efectivamente, entonces él se había convertido en su señor, había comenzado a realizar el contenido del mandato del Creador: "Someted la tierra y dominadla" (cf. Gén 1, 28).

3. En cambio, la primera parte de este mandato: "Procread y multiplicaos, y henchid la tierra" (Gén 1, 28), encierra otro contenido e indica otro componente. El varón y la mujer en este "conocimiento", con el que dan comienzo a un ser semejante a ellos, del que pueden decir juntos que "es carne de mi carne y hueso de mis huesos" (Gén 2, 24), son como "arrebatados" juntos, juntamente tomados ambos en posesión por la humanidad que ellos, en la unión y en el "conocimiento" recíproco, quieren expresar de nuevo, tomar posesión de nuevo, recabándola de sí mismos, de la propia humanidad, de la admirable madurez masculina y femenina de sus cuerpos, y finalmente -a través de toda la serie de concepciones y generaciones humanas desde el principio- del misterio mismo de la creación.

4. En este sentido, se puede explicar el "conocimiento" bíblico como "posesión".¿Es posible ver en él algún equivalente bíblico de "eros"?, Se trata aquí de dos ámbitos del concepto, de dos lenguajes: bíblico y platónico; sólo con gran cautela se pueden interpretar el uno con el otro [1]. En cambio, parece que en la revelación originaria no está presente la idea de posesión de la mujer como de un objeto, por parte del varón o viceversa. Pero, por otra parte, es sabido que, a causa del estado pecaminoso contraído después del pecado original, varón y mujer deben reconstruir con fatiga el significado de recíproco don desinteresado. Este será el tema de nuestros análisis ulteriores.

5. La revelación del cuerpo, contenida en el libro del Génesis, particularmente en el capítulo 3, demuestra con evidencia impresionante que el ciclo del "conocimiento- generación", tan profundamente arraigado en la potencialidad del cuerpo humano, fue sometido, después del pecado, a la ley del sufrimiento y de la muerte. Dios-Yahvé dice a la mujer: "Multiplicaré los trabajos de tus preñeces, parirás con dolor los hijos" (Gén 3, 16). El horizonte de la muerte se abre ante el hombre, juntamente con la revelación del significado generador del cuerpo en el acto recíproco de "conocimiento" de los cónyuges. Y he aquí que el primer hombre, varón, impone a su mujer el nombre de Eva, "por ser la madre de todos los vivientes" (Gén 3, 20), cuando ya había escuchado él las palabras de la sentencia, que determinaba toda la perspectiva de la existencia humana "desde dentro" del conocimiento del bien y del mal. Esta perspectiva es confirmada por las palabras; "Volverás a la tierra, pues de ella has sido tomado; ya que eres polvo y al polvo volverás" (Gén 3, 19).

El carácter radical de esta sentencia está confirmado por la evidencia de las experiencias de toda la historia terrena del hombre. El horizonte de la muerte se extiende sobre toda la perspectiva de la vida humana en la tierra, vida que está inserta en ese originario ciclo bíblico del "conocimiento-generación". El hombre que ha quebrantado la alianza con su Creador, tomando el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, es separado por Dios Yahvé del árbol de la vida: "Que no vaya a tender ahora su mano al árbol de la vida, y comiendo de él, viva para siempre" (Gén 3, 22). De este modo, la vida dada al hombre en el misterio de la creación no se le ha quitado, sino restringido por los límites de las concepciones, nacimientos y muerte, y además se le ha agravado por la perspectiva del estado pecaminoso hereditario; pero, en cierto sentido, se le da de nuevo como tarea en el mismo ciclo siempre repetido. La frase: "Adán se unió ("conoció") a Eva, su mujer, que concibió y parió" (Gén 4, 1), es como un sello impreso en la revelación originaria del cuerpo al "principio" mismo de la historia del hombre sobre la tierra. Esta historia se forma siempre de nuevo en su dimensión más fundamental casi desde el "principio", mediante el mismo "conocimiento-generación" de que habla el libro del Génesis.

6. Y así cada hombre lleva en sí el misterio de su "principio" íntimamente unido al conocimiento del significado generador del cuerpo. El Génesis 4, 1-2 parece silenciar el tema de la relación que media entre el significado generador y el significado esponsalicio del cuerpo. Quizá no es todavía tiempo ni lugar para aclarar esta relación, aún cuando esto parece indispensable en análisis ulteriores. Será necesario, pues, hacer nuevamente las preguntas vinculadas a la aparición de la vergüenza en el hombre, vergüenza de su masculinidad y de su feminidad, antes no experimentada. Sin embargo, en este momento pasa a segundo plano. En cambio, permanece en primer plano el hecho de que "Adán se unió ("conoció) a Eva, su mujer, que concibió y parió". Este es precisamente el umbral de la historia del hombre. Es su "principio" en la tierra. El hombre, como varón y mujer, está en este umbral con la conciencia del significado generador del propio cuerpo: la masculinidad encierra en sí el significado de la paternidad, y la feminidad el de la maternidad. En nombre de este significado, Cristo dará un día su respuesta categórica a los fariseos (cf. Mt 19; Mc 10). Nosotros, en cambio, penetrando en el contenido sencillo de esta respuesta, tratamos de aclarar el contexto de ese "principio", al que se refirió Cristo. En él hunde sus raíces la teología del cuerpo.

7. La conciencia del significado del cuerpo y la conciencia de su significado generador están relacionadas, en el hombre, con la conciencia de la muerte, cuyo inevitable horizonte llevan consigo, por así decirlo. Sin embargo, siempre retorna en la historia del hombre el ciclo "conocimiento-generación", en el que la vida lucha, siempre de nuevo, con la inexorable perspectiva de la muerte, y la supera siempre. Es como si la razón de esta inflexibilidad de la vida, que se manifiesta en la "generación" fuese siempre el mismo "conocimiento", con que el hombre supera la soledad del propio ser y, más aún, se decide de nuevo a afirmar este ser en "otro". Y ambos, varón y mujer, lo afirman en el nuevo hombre engendrado. En esta afirmación, el "conocimiento" bíblico parece adquirir una dimensión todavía mayor. Esto es, parece insertarse en esa "visión" de Dios mismo, con la que termina el primer relato de la creación del hombre sobre el "varón" y la "mujer" hechos "a imagen de Dios": "Vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho" (Gén 1, 31). El hombre, a pesar de todas las experiencias de la propia vida, a pesar de los sufrimientos, de las desilusiones de sí mismo, de su estado pecaminoso, y a pesar, finalmente, de la perspectiva inevitable de la muerte, pone siempre de nuevo, sin embargo, el "conocimiento" al "comienzo" de la "generación"; él así parece participar en esa primera "visión" de Dios mismo: Dios Creador "vio..., y he aquí que era todo muy bueno". Y, siempre de nuevo, confirma la verdad de estas palabras.


Notas

[1] Según Platón, el "eros" es el amor sediento de la Belleza trascendente y expresa la insaciabilidad que tiende a su objeto eterno; él, pues, eleva siempre lo que es humano hacia lo divino, que es lo único en condición de saciar la nostalgia del alma prisionera en la materia; es un amor que no retrocede ante el más grande esfuerzo, para alcanzar el éxtasis de la unión; por lo tanto es un amor egocéntrico, es ansia, aunque dirigida hacia valores sublimes (cf. A. Nygren, Erôs et Agapé, París 1951, vol. II, págs. 9-10).

A lo largo de los siglos, a través de muchas transformaciones, el significado del "eros" ha sido rebajado a las connotaciones meramente sexuales. Es característico, a este propósito, el texto del p. Chauchaurd, que parece incluso negar al "eros" las características del amor humano: "La cérébralisation de la sexualité ne réside pas dans les trucs techniques ennuyeux, mais dans la pleine reconnaissance de sa spiritiualité, du fait qu'Eros n'est humain qu'animé par Agapé e qu'Agapé exige l'incarnation dans Erôs" (p. Chauchaurd, Vices des vertus, vertus des vices, París 1963, pág. 147).

La comparación del "conocimiento" bíblico con el "eros" platónico revela la divergencia de estas dos concepciones. La concepción platónica se basa en la nostalgia de la Belleza trascendente y en la huida de la materia; la concepción bíblica, en cambio, se dirige hacia la realidad concreta, y le resulta ajeno el dualismo del espíritu y la materia como también la específica hostilidad hacia la materia ("Y vio Dios que era bueno" Gén 1, 10. 12. 18. 21. 25).

Así como el concepto platónico de "eros" sobrepasa el alcance bíblico del "conocimiento" humano, el concepto contemporáneo parece demasiado restringido. El "conocimiento" bíblico no se limita a satisfacer el instinto o el goce hedonista, sino que es un acto plenamente humano, dirigido conscientemente hacia la procreación, y es también expresión del amor interpersonal (cf. Gén 29, 20; 1 Sam, 8; 2 Sam 12, 24).


Saludos

A una peregrinación de Cagliari

Quiero dirigir un saludo caluroso a la peregrinación de la archidiócesis de Cagliari. Les acompaña el arzobispo mons. Giuseppe Bonfiglioli y está presente asimismo su predecesor el cardenal Sebastiano Baggio.

Hermanos e hijos queridísimos: Os doy las gracias por esta visita que me resulta especialmente grata porque atestigua la fe y devoción no sólo de los cagliaritanos, sino de toda la noble isla de Cerdeña, a los diez años de la visita que hizo allí el inolvidable Papa Pablo VI. Quiero creer que vuestra presencia en Roma contribuirá a afianzar cada vez más vuestra adhesión al Señor, de cuyos primeros apóstoles y mártires se conservan aquí las tumbas; y para ahondar la conciencia de vuestra pertenencia a la gran comunidad eclesial, de la que es ya de por sí signo elocuente esta reunión eclesial. Os deseo que comuniquéis a la vida de cada día el gozo de una fe auténtica que se transforme a la vez en estímulo y fuerza para superar todas las dificultades que reserva a cada uno la existencia sobre esta tierra.

Os proteja siempre el Señor junto con la Virgen de Bonaria. Por mi parte os concedo de corazón la bendición apostólica para que os sirva de consuelo a vosotros y vuestros seres queridos, en especial a los que sufren, a los niños y a cuantos se encuentran particularmente necesitados.

Al "Grupo coral" de Siena

Ahora un saludo y una palabra de complacencia cordial al "Grupo coral" de Siena, que ha alegrado esta audiencia. Hijos queridísimos: Tengo en gran aprecio la finalidad que motiva vuestro compromiso, es decir, recuperar para el Canto coral a quien no ha sido particularmente dotado por la naturaleza. ¿No hay aquí un símbolo y una lección para los otros sectores de la vida? La generosidad, la humildad y la constancia pueden ayudaros a llegar a un "acuerdo" pacificador que resulte luego fuente alegría para todos. Os deseo que de este modo seáis apóstoles de paz y comprensión dentro de la familia, en la escuela y en todos los ambientes en que lleguéis a encontraros. Con mi bendición apostólica.

(A una peregrinación de la prelatura de Pompeya)

Merece una palabra particularmente afectuosa la nutrida peregrinación de la prelatura de Pompeya, presidida por el obispo Domenico Vacchiano junto con la delegación pontificia, el alcalde y el ayuntamiento. Sé que está presente también la banda de música de los alumnos de las Obras del santuario. A todos sin distinción va mi saludo cordial.

Queridísimos: Vuestra presencia hoy aquí me trae el recuerdo de cuando os visité el mes de octubre último y de la acogida entusiasta que me ofrecisteis. Os agradezco hondamente esta visita que une idealmente el célebre santuario de la Virgen del Santísimo Rosario con esta Sede de Pedro, en un mismo acto de devoción a Nuestro Señor Jesucristo, que ocupa el centro de nuestra fe cristiana común y al que tanto María como Pedro amaron, sirvieron y dieron testimonio, cada uno según su función. A los numerosos muchachos presentes entre vosotros deseo paternamente que sepan. enardecer cada día su entusiasmo en el contacto confiado con Jesús y su Madre, para poner fundamentos sólidos a una vida seriamente entregada en favor de la sociedad y de la Iglesia.

A todos deseo prosperidad cristiana y toda clase de bienes; es prenda de ello la bendición apostólica que os doy de corazón invitándoos a que la hagáis extensiva a las personas que amáis.

(A la peregrinación parroquial de Protovenere)

El saludo afectuoso que os dirijo, amadísimos miembros de la peregrinación parroquial de Portovenere, quiere ser respuesta cordial a la visita que habéis querido hacerme con el júbilo del 850 aniversario de la dedicación de vuestra, iglesia de San Lorenzo, realizada por mi predecesor Inocencio III. Estoy informado acerca de vuestra laboriosidad basada en las enseñanzas del Evangelio, y de vuestra devoción al Apóstol Pedro. Os deseo que los actos conmemorativos solemnes que tenéis programados, os ayuden cada vez más a orientaros hacia Cristo nuestro Salvador y a comprometeros a dar testimonio generoso de Cristo y de su Evangelio siempre.

Con mi bendición apostólica que os imparto de corazón a vosotros y a vuestros seres queridos.

(A dos grupos numerosos del Movimiento de los Focolares)

Saludo con viva complacencia a dos grupos numerosos pertenecientes al Movimiento de los "Focolares", que han tenido un congreso estos días en el Centro Mariápolis de Rocca di Papa; un congreso sobre la caridad como ideal de vida para animar el ambiente parroquial y social con el testimonio concreto del amor mutuo, y tratar de ser fermento de comunión y unidad.

Queridísimos: Al daros un gracias cordial por vuestra visita y vuestros sentimientos filiales, os exhorto a seguir manteniendo la voluntad de ofrecer testimonio auténtico de vida cristiana.

Selle el Redentor con su gracia divina vuestros propósitos generosos, y en prenda de aquélla imparto mi bendición.

(En francés)

Me complazco en saludar a los miembros de la Dirección del Movimiento Internacional del Apostolado de Medios Sociales Independientes. Os deseo todo lo mejor, queridos amigos, para la asamblea general que preparáis y que tendrá por tema: "Signos de los tiempos-Anunciar a Jesucristo". Sí, las personas de los medios en que estáis naturalmente insertos, tienen grandes responsabilidades humanas que acaparan muchas veces sus preocupaciones, y es precisamente ahí donde se les debe anunciar a Jesucristo por obra de laicos cristianos que estén cerca de ellos, de laicos que hayan sabido renovar y robustecer sus convicciones de fe, para que les conforten y les den testimonio con su vida según el espíritu del Evangelio. Os doy las gracias por el trabajo efectuado al servicio del Movimiento, y transmitid a todos los compañeros del MIAMSI el aliento del Papa que les bendice de todo corazón.

Quiero decir una palabra cordial también a los parroquianos de Saint-Pierre de Montmartre y ,su párroco.

Os felicito por el amor a vuestra hermosa iglesia románica tan rica en recuerdos, y por querer embellecerla aún más dotándola de tres puertas de bronce esculpidas por Tommaso Gismondi y fundidas en Anagni, que están dedicadas a San Pedro, a San. Dionisio, primer obispo de París, y a la Virgen María.. Mi enhorabuena al artista que ha puesto en el tríptico lo mejor de su talento y su fe. Y ¡gracias a todos por haberme dado la alegría de bendecir esta obra!

Dejadme que os anime a construir sin cesar vuestra comunidad parroquial. Que cada uno se considere el más responsable de su unidad en la caridad, de sus progresos por los caminos de la fe vivida prácticamente y celebrada de modo digno, y de su atención evangélica a los que residen o pasan por el célebre cerro de Montmartre. Pida al Señor que os sostenga y bendiga.

(A los jóvenes)

Y ahora una palabra a los jóvenes. ¡Bienvenidos seáis!, queridísimos. Vuestra presencia tan jubilosa y espontánea atestigua que la Iglesia es joven y se proyecta al futuro. Sed conscientes de vuestras responsabilidades; el mensaje de Cristo está confiado a vuestra generosidad y entusiasmo. Sois vosotros los que debéis proclamarlo en el nuevo milenio que se asoma al horizonte. Es un mensaje que compromete, pues anuncia la redención por medio de la cruz, la vida y el gozo a través del sufrimiento y la muerte; anuncia a Cristo crucificado, muerto y resucitado.

Si queréis ser testigos creíbles suyos, empeñaos en encarnarlo sobre todo en vuestra vida; quien se acerque a vosotros debe llegar a descubrir en vuestras palabras, en vuestros gestos y en todo cuanto sois, un reflejo del rostro resplandeciente de Cristo resucitado. Jesús quiere caminar con vosotros por los caminos del mundo que se está construyendo en estos años difíciles. ¡No lo olvidéis! Os doy mi bendición apostólica.

(A los enfermos)

Queridísimos enfermos:

Os llegue como siempre mi saludo más sentido y afectuoso.

Mientras desgraciadamente hay tanta violencia en la sociedad actual, me dirijo a vosotros de modo especial para que en estos días santos que nos acercan a la Pascua; miréis al Crucifijo, a fin de cooperar con amor más intenso a la redención, de la humanidad, según los designios de la Providencia, misteriosos pero siempre sabios.

Os acompañe mi bendición.

(A los recién casados)

Queridísimos recién casados:

Habéis venido a la audiencia del Papa en esta circunstancia de vuestra boda que es tan hermosa y dulce para vosotros. ¡Bienvenidos seáis! Recibid mi saludo y enhorabuena más cordiales.

Al comenzar ahora vuestra nueva vida, llevad al mundo vuestro amor y fidelidad con gozo y valentía, como ramo de olivo y lámpara encendida en señal de paz y fraternidad.

Invoco de corazón sobre vosotros la bendición del Señor.

 


Sala Pablo VI

Viaje apostólico a África

Hoy tengo la alegría de dar la comunicación oficial de mi nuevo viaje apostólico, que anuncié ya a principios del mes pasado, con ocasión de la audiencia especial a los representantes de las comunidades de las distintas naciones africanas, residentes en Roma. Se trata de la visita a África que realizaré del 2 al 12 del próximo mes de mayo, en respuesta a la invitación de los Episcopados respectivos y de los distintos Jefes de Estado, y que me llevará, si Dios quiere, a seis países diferentes de este grande y prometedor continente: Zaire, República Popular del Congo, Kenia, Ghana, Alto Volta y Costa de Marfil. . Doy cordialmente gracias también a los Episcopados y autoridades civiles de los países a cuya gentil invitación no me es posible corresponder. Deseo asegurarles que tengo en gran aprecio su gesto, y que con esta visita me propongo rendir homenaje a toda África, y expresar mi afecto sincero a todos los habitantes de ese querido continente.

El adjetivo apostólico con el que he calificado enseguida este viaje, indica claramente la intención esencial que mueve mis pasos. En efecto, el objetivo es cumplir mi misión de ministerio universal y encontrarme personalmente con los Pastores y fieles de aquellas comunidades florecientes que, iluminadas ya hace tiempo por la fe de Cristo Señor, aparecen hoy abiertas al soplo del Espíritu. A :este propósito recordaré que en dos de estos países —Zaire y Ghana— se celebra este año el centenario de evangelización; la visita es, por tanto, un reconocimiento obligado, un reconocimiento que por parte de la Iglesia católica se inspira en sentimientos de alegría, satisfacción y esperanza por el desarrollo exuberante que la semilla de la Palabra de Dios ha tenido en dichas regiones, encontrando en ellas la "buena tierra", la cual es garantía —como explica la parábola evangélica— de frutos abundantes (cf. Lc 8, 11, 15; Mt 13, 23).

¿Cómo podría olvidar, por otro lado, el esfuerzo. singular y generoso llevado no pocas veces hasta el heroísmo y el martirio, que han realizado en ese vasto continente falanges innumerables de misioneros y misioneras —sacerdotes, religiosos y laicos—?

Y además, ¿cómo podría olvidar el impulso a un trabajo más intenso y eficiente en tierras de África, que han dado el magisterio y ministerio personal de los Sumos Pontífices de este siglo? Entre tantos ejemplos, deseo recordar al menos la Encíclica Fidei donum, del Papa Pío XII (1957), que dio vida a varias iniciativas benéficas, y también la obra de mi inmediato predecesor Pablo VI, de venerada memoria siempre, que teniendo presente la Constitución conciliar Ad gentes, en octubre de 1968, quiso dirigir un Mensaje ferviente ál Episcopado y a los pueblos de África, al que siguió, después, un importante viaje a Uganda.

Deseo de corazón que mi visita impulse —con la ayuda del Señor— el incremento de la fe cristiana en "aquellas regiones donde las mieses ya blanquean" (Jn 4, 35); y estimule al mismo tiempo a todas las poblaciones del continente a trabajar con tesón confiado y decidido por el auténtico progreso humano al servicio de la hermandad y de la paz.


En recuerdo del monseñor Romero

En este momento especial de preocupación y consternación, os invito a uniros a mi dolor y a mi oración por la muerte del arzobispo de San Salvador, mons. Oscar A. Romero y Galdamez. Llegó ayer la noticia de que este prelado había sido bárbaramente asesinado mientras celebraba la Santa Misa: le han matado precisamente en el momento más sagrado, durante el acto más alto y más divino.

Nos hemos quedado sin palabras frente a una violencia tal que para llevar a término su obcecado programa de muerte, no se detuvo ni siquiera en el umbral de una iglesia.

Queridísimos hermanos y hermanas: Dejad que el Papa exprese toda su pena por este nuevo episodio de crueldad, demencia y salvajismo. Ha sido asesinado un hombre que se suma a la lista demasiado numerosa ya, de víctimas inocentes; ha sido asesinado un obispo de la Iglesia de Dios mientras ejercía su misión santificadora ofreciendo la Eucaristía (cf. Lumen gentium, 26). Es un hermano en el Episcopado el que han matado y, por ello, no es sólo su archidiócesis, sino toda la Iglesia la que sufre por tan inicua violencia, que se suma a todas las demás formas de terrorismo y venganza que degradan la dignidad del hombre hoy en el mundo —¡porque la vida de cada hombre es sagrada!—, conculcan la bondad, la justicia y el derecho y, lo que es más, ofenden el Evangelio y su mensaje de amor, de solidaridad y de hermandad en Cristo. ¿Hacia dónde, hacia dónde va el mundo? Lo repito hoy otra vez: ¿A dónde vamos? Con la barbarie no se mejora la sociedad, no se eliminan los contrastes, ni se construye el mañana. La violencia destruye, nada más. No sustituye a los valores, sino que corre por el borde de un abismo, el abismo sin fondo del odio.

Sólo el amor construye, sólo el amor salva.

Al repetir mi angustioso llamamiento a que en todas las naciones triunfe finalmente la concordia de la paz operosa, reitero mi dolor por la tragedia de este nuevo suceso sangriento, y expreso mi participación con el afecto y la oración particularmente a la querida Iglesia que está en El Salvador, y enviando a todos, obispos, sacerdotes y fieles, mi bendición de hermano y de padre..

Copyright © Libreria Editrice Vaticana



© Copyright - Libreria Editrice Vaticana