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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 21 de diciembre de 1983

 

1. El texto bíblico que hemos escuchado (Is 7, 10-14), muy queridos hermanos y hermanas, nos es bien conocido. Está tomado del libro de Isaías. A este gran Profeta que nos ha guiado todo el tiempo de Adviento, se le ha llamado el quinto evangelista por la lucidez y clarividencia con que "saludó de lejos" (cf. Heb 11, 13) la figura y obra del Redentor.

A un conjunto de vaticinios y profecías de Isaías se le llama comúnmente "libro del Emmanuel" (caps. 6-12), porque destaca en él la figura de un niño maravilloso, cuyo nombre "Emmanuel" está lleno de misterio pues significa "Dios-con-nosotros". Este Niño es anunciado como signo por el Profeta Isaías al rey Acaz en un momento de gran peligro para la casa reinante y para el pueblo, cuando el rey y la nación están a punto de ser avasallados por los enemigos.

El rey se siente desanimado y no piensa dirigirse a Dios; tiene planes humanos que desea llevar a efecto. "No la pido (la señal), no quiero tentar al Señor". Entonces Dios anuncia a Acaz el castigo, pero al mismo tiempo reafirma su fidelidad a las promesas sobre la descendencia de David: "El Señor, por su cuenta, os dará una señal. Mirad, la Virgen está encinta y da a luz un hijo y le pone por nombre Emmanuel" (Is 7, 12-14).

Es un signo de salvación y prenda de liberación para los creyentes; pues se lee en el libro de Isaías: "El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban tierras de sombra y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo" (Is 9, 1-2).

"Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; lleva al hombro el principado y es su nombre Maravilla de Consejero, Dios potente, Padre perpetuo, Príncipe de la paz" (Is 9, 5-6).

Y la profecía prosigue como en un crescendo. Brotará un renuevo del tronco de Jesé, un vástago florecerá de su raíz. Sobre él posará el Espíritu del Señor, espíritu de ciencia y discernimiento, espíritu de consejo y valor, espíritu de piedad y temor del Señor" (Is 11, 1-2). Se trata del Espíritu del Mesías que manará de Él como de fuente inagotable sobre cuantos creen en Él (cf. Jn 7, 38). Gracias a este Espíritu, el conocimiento del Señor henchirá toda la tierra "como las aguas colman el mar" (Is 11, 9). Por esto puede captar el Profeta: "Sacaré aguas con gozo de las fuentes de la salvación" (Is, 12, 3; cf. Jn 4, 13-14).

2. Otra colección del libro de Isaías (Deutero-Isaías) contiene vaticinios dirigidos a los exiliados de Babilonia y les anuncia el retorno por obra del poder de Dios, que es el único Señor de la historia y el Creador a quien están sometidos todos los seres animados e inanimados. Se le llama "liber consolationis", libro de la consolación, claramente vinculado al libro del Emmanuel. Si allí dominaba la figura del Emmanuel, aquí destaca la figura misteriosa del "Siervo de Yavé".

En los cuatro poemas siguientes se describe gradualmente el rostro misterioso de este operador de salvación suscitado por Dios, que restablecerá la alianza y hará justicia con métodos pacíficos. Nos es familiar su descripción: "Mirad a mi siervo, a mi elegido... Sobre él he puesto mi espíritu para que traiga el derecho a las naciones... No gritará, no levantará la voz... no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra" (Is 42, 1-4).

En el segundo poema (Is 49, 1-6) la misión del siervo aparece ya proyectada más allá de las fronteras de su gente; anuncia la salvación para todos los pueblos "hasta el confín de la tierra". En el tercer canto (Is 50, 4-9) le acomete una marea creciente de hostilidad mientras él cumple dócilmente la misión recibida de Dios. En el cuarto canto (Is 52, 13-53, 12) la cuestión se resuelve en victoria aparente de la oposición y de las fuerzas hostiles al siervo, desenlace que desconcierta y desilusiona a los contemporáneos, y éstos lo juzgan "castigado, herido por Dios y humillado" (Is 53, 4).

Preparado por su paciencia y humildad, ofreció realmente la vida por los otros, se entregó en sacrificio de expiación por las culpas de los hombres, hermanos suyos, haciendo así realidad el designio de Dios de salvar al mundo. "Fue traspasado por nuestros pecados... en sus llagas hemos sido curados... Yavé cargó sobre él la, iniquidad de todos nosotros" (Is 53, 5-6). Por esto dice el Señor: "El Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará con las iniquidades de ellos" (Is 53, 11).

3. Según la fe de la Iglesia, la figura radiante del Emmanuel y la del Siervo de Yavé doliente y victorioso a la vez, son dos imágenes complementarias de la misma persona y llegan a cumplimiento en Jesús, cuya faz había sido delineada proféticamente antes de que apareciera en la historia.

Estos días del Año de la Redención nos estamos preparando con fervor particular a acoger a su Persona en nuestra vida. No debemos tener miedo de abrirle las puertas de par en par.

Vino en la debilidad de nuestra carne "para rescatarnos de toda impiedad y prepararse un pueblo purificado, dedicado a las buenas obras" (Tit 2, 14). "Siendo rico —sigue diciéndonos San Pablo—, por vosotros se hizo pobre, para que vosotros os hagáis ricos con su pobreza. (2 Cor 8, 9).

Ahora a nosotros toca acercarnos a Él para llegar a las fuentes de la salvación (cf. Is 12, 3).

 



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