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JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Castelgandolfo, miércoles 16 de agosto de 1995

 

Queridísimos hermanos y hermanas:

Gracias por vuestra visita. En este día que, en cierto sentido, prolonga la experiencia de la fiesta de la Asunción de la Virgen, me alegra acogeros y dirijo a todos un saludo cordial. La imagen de la Asunción esplendente de la luz pascual de Cristo lleva a considerar a la persona humana en su auténtica verdad y belleza, según el designio originario de Dios.

¡Miremos a María, queridísimos hermanos! La Madre de Cristo, ya resucitada y partícipe de la vida eterna en él, protege a sus hijos desde lo alto. En María asunta al cielo vemos la realidad de nuestra vida presente y cuál es la suerte que se nos ha preparado en el designio de la salvación divina.

Que estos días, para muchos de distensión y necesario descanso, nos ayuden a profundizar esas verdades, que dan sentido auténtico a nuestra existencia cotidiana. En efecto, tenemos mucha necesidad de ofrecer ocasión de reflexión y de oración a la vida. Y éste es un tiempo ciertamente muy propicio para dar ese alimento al espíritu.

Queridísimos hermanos y hermanas: Pensar en María y ver entre nosotros a muchos jóvenes me llevan con la mente a Loreto. Se desarrollará, dentro de menos de un mes, en la Santa Casa, una gran peregrinación de los jóvenes de Europa, que constituirá una etapa importante en el camino de preparación al gran jubileo del año 2000. Nos reuniremos, prolongando idealmente el clima de las Jornadas mundiales de la juventud.

Invito en particular a los jóvenes a prepararse interiormente a las celebraciones del sábado 9 y domingo 10 de septiembre próximo y espero que serán verdaderamente numerosos los que tengan la posibilidad de tomar parte en tan significativa cita.

A todos una bendición especial.

* * *

Saludos

Un saludo cordial para los queridos hermanos y hermanas de lengua española en este día en que se prolonga, en cierto sentido, la fiesta de la Asunción de la Virgen. María asunta al cielo, llena de la luz pascual de Cristo, nos invita a considerar a la persona humana en su auténtica verdad y belleza.

Especialmente invito a los jóvenes a que contemplen a la Virgen María y se preparen para la peregrinación de jóvenes europeos, que se celebrará en Loreto el mes próximo como preparación para el Jubileo del 2000.

A todos os imparto con afecto la Bendición Apostólica.


 


© Copyright 1995 - Libreria Editrice Vaticana

 



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