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JUAN PABLO II

ALOCUCIÓN URBI ET ORBI

Medianoche del 31 de diciembre de 1999

 

 

En el gran reloj de la historia suena una hora importante: inicia en este momento el año dos mil, que nos introduce en un nuevo milenio. Para los creyentes es el año del Gran Jubileo.

¡Feliz Año Nuevo a todos vosotros, hombres y mujeres de todos los lugares de la tierra!

Al cruzar el umbral del nuevo año, me gustaría llamar a la puerta de vuestras casas para expresar a cada uno mi más cordial felicitación: ¡Feliz Año a todos, en la luz que desde Belén se irradia a todo el universo!

Os deseo un año lleno de paz: la paz anunciada por los ángeles en la Noche Santa de Navidad; la paz de Cristo que por amor se ha hecho hermano de todo ser humano.

Os deseo un año sereno y feliz: que os acompañe la certeza de que Dios nos ama. Hoy, como hace dos mil años, Cristo viene a orientar con su Evangelio de salvación los pasos inciertos y titubeantes de los pueblos y naciones hacia un futuro de auténtica esperanza.

A Cristo le pido que bendiga este momento de fiesta y de felicitaciones, para que sea el comienzo prometedor de un nuevo milenio lleno de gozo y de paz. Entramos en el año dos mil contemplando fijamente el misterio de la Encarnación.

Cristo, ayer, hoy y siempre.

Suyos son el tiempo y la eternidad.

A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.

 

 



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