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DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL NUEVO EMBAJADOR DE HUNGRÍA ANTE LA SANTA SEDE*

Lunes 6 de febrero de 1995 

 

Señor Embajador:

1. Acojo con alegría a su excelencia y le doy la bienvenida a Roma, con ocasión de la presentación de las cartas que lo acreditan como embajador extraordinario y plenipotenciario de la República de Hungría ante la Santa Sede.

2. Le agradezco, señor embajador, los sentimientos cordiales que acaba de expresarme; aprecio profundamente sus palabras de estima por la acción de la Sede apostólica y del Sucesor de Pedro en la vida internacional. En esta circunstancia solemne, usted también acaba de recordar mi visita apostólica a su país. Conservo en mi corazón un recuerdo muy vivo de mis encuentros con las autoridades y el pueblo húngaro, así como de las celebraciones religiosas que me permitieron unirme a la Iglesia católica de su país. Le ruego que exprese al presidente de la República mis saludos cordiales y los votos que formulo por quienes tienen la alta misión de servir a la nación y por todo el pueblo húngaro.

3. Usted ha recordado los orígenes cristianos de Hungría que, desde su fundación hasta nuestra época, ha conservado su identidad cultural, humanista y religiosa, incluso durante las horas sombrías de su historia reciente. ¿Cómo no mencionar a los reyes católicos san Esteban y san Ladislao, que vivieron el ideal de la santidad, dedicándose incansablemente a organizar la vida pública del nuevo Estado? Estas figuras significativas de su noble nación testimonian el compromiso incesante de la Iglesia en la vida social para servir a todos los hombres. En efecto, la doctrina social de la Iglesia contribuye a orientar la actividad de quienes trabajan en favor del progreso de la vida democrática y de las relaciones internacionales. A este propósito, conviene señalar que los principios de la doctrina social católica no tienen como finalidad definir un sistema de sociedad, sino recordar los valores individuales y colectivos que fundan toda la vida en sociedad, especialmente los principios de justicia y solidaridad; estos últimos permiten poner al servicio de toda la comunidad nacional las riquezas de un país y hacer participar al conjunto de los ciudadanos en la gestión común, según el principio de subsidiariedad inscrito en la nueva Constitución de la República húngara. En el período de transición que estáis viviendo, todos están llamados también a realizar los esfuerzos necesarios para alcanzar un mayor bienestar espiritual y material. Los católicos, deseosos de comprometerse en la vida social, se preocupan por promover las relaciones fraternas con el conjunto de sus compatriotas y por contribuir a la construcción común de la vida democrática. Porque la vocación de la Iglesia católica, que consiste en anunciar el Evangelio, se manifiesta sobre todo mediante el servicio a los hermanos. Aprovecho esta oportunidad para saludar cordialmente, por medio de usted, a la comunidad católica presente en su país.

4. En el seno de la sociedad, la familia tiene un lugar preponderante, porque es el lugar principal de educación moral y de formación social de la juventud. Señor embajador, usted conoce también la atención que la Iglesia en Hungría presta a la educación, en especial gracias a las escuelas católicas. Con razón usted ha querido aludir a las nuevas disposiciones dadas en su país con respecto a la libertad religiosa y a la ayuda brindada por las autoridades a las obras educativas y caritativas de la Iglesia. En este campo, la Santa Sede aprecia las iniciativas tomadas por su Gobierno a fin de asegurar a las diferentes instituciones y a las congregaciones religiosas las condiciones necesarias para su misión educativa y la formación espiritual y moral a la que aspiran muchos de sus jóvenes compatriotas. Expreso mi vivo agradecimiento a quienes han aceptado tomar esas decisiones valerosas.

Puede estar seguro de que los católicos que trabajan con los jóvenes tienen conciencia de servir a toda la nación, colaborando esmeradamente en la educación de sus hijos e hijas, que mañana tendrán la responsabilidad de guiar el destino del país. Los obispos, al igual que el clero y el conjunto de los fieles, se sienten orgullosos de pertenecer a la República de Hungría; desean ser sus miembros activos, cada uno en el lugar que le corresponde. Me alegro de las relaciones de mutua comprensión entre los pastores de la Iglesia católica y los responsables de la sociedad civil, no sólo para contribuir a reparar las injusticias cometidas durante los últimos decenios, especialmente sobre la cuestión de los bienes de la Iglesia, sino también para llevar a cumplimiento el proceso jurídico, en el respeto de la libertad religiosa y de la misión específica de la Iglesia católica en Hungría, en lo que concierne a la educación, las actividades caritativas y los medios de comunicación social.

5. El pueblo húngaro tiene un gran sentido de la libertad individual y social, que lo impulsa a abrir sus fronteras, a participar en la vida internacional y a apoyar, en una justa medida, a las minorías, con espíritu de cooperación y de solidaridad. Es preciso reconocer la aspiración legítima a una fraternidad que se opone al repliegue en sí mismo, fraternidad sostenida por los valores fundamentales de la paz, del respeto a la dignidad del ser humano y de la dignidad de los pueblos, en favor de los cuales usted mismo ha venido trabajando desde 1990, en particular como Jefe de la delegación parlamentaria de su país ante el Consejo de Europa y en el seno de la Conferencia sobre la seguridad y la cooperación en Europa, que se ha convertido recientemente en una organización con pleno derecho. Al favorecer el diálogo entre los diferentes grupos humanos, las autoridades ofrecen a cada ciudadano la posibilidad de participar en la vida nacional y contribuir a la construcción de la paz. Este camino del diálogo, al que la Santa Sede atribuye una importancia especial, es el único que respeta al hombre, a los pueblos y a 1as minorías étnicas y culturales.

6. En este momento en que comienza su misión, le expreso mis mejores deseos de éxito. Señor embajador, estoy seguro de que su presencia aquí reafirmará los vínculos profundos y confiados que existen ya desde hace un milenio entre Hungría y la Santa Sede, relaciones que las vicisitudes de la historia habían hecho difíciles en este siglo.

Puede estar seguro de que halla siempre entre mis colaboradores una acogida atenta y una comprensión cordial, para cumplir bien su misión.

Invoco de corazón la abundancia de las bendiciones divinas sobre su excelencia, las autoridades y el pueblo húngaro.


*L'Osservatore Romano. Edición Semanal en lengua española, n.6, p.10 (p.86).



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