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CARTA DE SU SANTIDAD JUAN XXIII
AL OBISPO DE TERUEL, EN SUS BODAS DE ORO SACERDOTALES

 

Al venerable hermano
León VILLUENDAS POLO
Obispo de Teruel.

Venerable hermano:
Salud y Bendición Apostólica.

Los cincuenta años de sacerdocio, que acaban de cumplirse felizmente, han de ser para ti, venerable hermano, motivo de madura reflexión para dar las más rendidas gracias a Dios por los inmensos beneficios espirituales que te ha concedido en el período de tu vida que ha transcurrido. Asimismo, puesto que las fiestas del pastor redundan con todo derecho en beneficio de la grey, los sacerdotes y fieles encomendados a tus desvelos participarán unánimemente en la común alegría y se estrecharán más fuerte y cordialmente los lazos.

Nos, impulsados por la alta estima y benevolencia que te profesamos, hemos creído que te sería grato, así como para Nos es agradable, colmar nuestra santa alegría con los deseos y auspicios que formulamos de lo más íntimos del alma.

Es grato para ti evocar tus trabajos pasados. Al entregar a tu familia religiosa, en calidad de miembro de los Frailes Menores antes de recibir la dignidad episcopal, tu talento, energías y actividad, te hiciste acreedor a sus ojos de excelentes méritos, pues te dedicaste a la enseñanza, fuiste procurador de los Santos Lugares y desempeñaste otros altos cargos con gran diligencia y abundantes frutos.

Ya Obispo de Teruel, reparaste con infatigable esfuerzo los inmensos daños causados por la guerra civil, sacando fuerzas de la misma adversidad. La catedral, el Seminario, el Palacio Episcopal y otros edificios sagrados rehabilitados o restaurados, son pruebas magníficas de esta solicitud tuya por el bien común.

Continúa, docto y amable, demostrando el mismo ardor en el oficio pastoral y lleva a Cristo y a la práctica de sus mandamientos a muchas almas con tu persuasiva y amable elocuencia y, mejor aún, con la elocuencia de tu vida, con lo cual añadirás a la corona de tus méritos otras perlas de no menor brillo. Y para que todo se cumpla felizmente imploramos el auxilio divino y con esta confianza te deseamos llegues a la cumbre de la santidad en el camino de la virtud.

Y para que el quincuagésimo aniversario de tu sacerdocio sea de mayor fruto espiritual, te conferimos la facultad, después del solemne Pontifical, de impartir la bendición Papal en nuestro nombre y con nuestra autoridad a todos los fieles presentes con indulgencia plenaria, que pueden lucrar cumpliendo las normas prescritas por la Iglesia.

Finalmente, en prenda de nuestra particular benevolencia, de todo corazón impartimos a ti, venerable hermano, y a toda la grey de la que eres celoso pastor, la Bendición Apostólica.

 

IOANNES PP. XXIII

 

 



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